En 2004, mientras Google preparaba su salida a bolsa, Larry Page y Sergey Brin defendieron una idea que resumía la identidad inicial de la compañía: una sociedad saludable debía disponer de un acceso abundante, gratuito e imparcial a información de calidad. Su buscador no pretendía ser el destino final, sino la puerta que llevaba hasta millones de páginas creadas por medios, universidades, comercios, instituciones y usuarios independientes. Veintidós años después, Google continúa organizando la información mundial, aunque comienza a hacerlo de una forma bastante diferente. El Modo IA ya no se limita a ordenar enlaces.
Gemini rastrea distintas fuentes, combina sus contenidos y presenta una respuesta conversacional que puede ampliarse mediante nuevas preguntas. El usuario obtiene lo que buscaba, pero muchas veces sin visitar los sitios que hicieron posible esa respuesta. Ahí aparece una paradoja difícil de ignorar: Google necesita una web abierta, actualizada y llena de conocimiento humano para alimentar su inteligencia artificial. Al mismo tiempo, está construyendo una experiencia que reduce los motivos para entrar en ella.
Google ya no quiere responder una búsqueda: quiere completar toda la tarea La transformación se nota en la manera de buscar. Según datos publicados por la propia compañía, las consultas realizadas en el Modo IA son, de media, tres veces más largas que las búsquedas tradicionales. La experiencia está diseñada para continuar una conversación, aceptar imágenes y vídeos, comparar opciones y completar tareas que antes exigían abrir varias pestañas. Google lo presenta como la mayor evolución de su buscador .
AI Mode superó los 1.000 millones de usuarios mensuales durante su primer año, mientras que AI Overviews alcanzó los 2.500 millones, según las cifras anunciadas por Sundar Pichai en Google I/O 2026. La empresa también sostiene que estas funciones están impulsando las consultas hasta niveles históricos. Para una persona que quiere saber cómo reparar un electrodoméstico, preparar un viaje o comparar dos productos, el cambio resulta cómodo. Ya no necesita revisar diez páginas, cerrar ventanas emergentes ni distinguir qué enlace contiene realmente la respuesta.
Google hace ese trabajo y entrega una síntesis. El problema es que aquella fricción también era el mecanismo mediante el cual circulaba el valor por internet. Los usuarios encontraban una página, el sitio obtenía una visita y esa atención podía convertirse en publicidad, suscripciones, ventas o reconocimiento. Con la IA, el contenido sigue viajando hacia Google, pero el visitante puede quedarse atrás.
Los bots leen una web que cada vez visitan menos personas © Getty Images. Cloudflare sostiene que la red está entrando en una fase en la que las máquinas consumen más páginas que los seres humanos. En mediciones recientes de solicitudes a contenido HTML, el tráfico automatizado llegó a superar el 57%, mientras que la compañía señala que el 52% de las peticiones realizadas por rastreadores identificados ya tiene como finalidad entrenar sistemas de IA. En algunos sectores muy rastreados, el tráfico humano ha caído hasta un 40% en menos de un año.
La diferencia respecto al antiguo buscador es económica. El robot tradicional indexaba una página para después ofrecer un enlace hacia ella. El nuevo agente puede leer decenas de sitios, extraer los datos necesarios y devolver una respuesta completa. Visita mucho, pero no compra, no se suscribe, no ve anuncios y rara vez se convierte en lector habitual.
Wikipedia ya ha empezado a sentir ese cambio. La Fundación Wikimedia detectó una caída aproximada del 8% en las páginas vistas por humanos respecto al año anterior, después de mejorar sus sistemas para distinguir personas de bots. Sus datos también muestran un descenso interanual del 15% en las visitas procedentes de buscadores. No se trata únicamente de una preocupación teórica.
Un estudio académico publicado en 2026 , basado en más de 161.000 pares de artículos de Wikipedia, estimó que la aparición de AI Overviews redujo alrededor de un 15% las visitas diarias a las páginas expuestas. Google asegura que sigue enviando clics, pero los reguladores ya han intervenido Google rechaza que esté cerrando la web. Liz Reid, responsable del buscador , sostiene que el volumen total de clics orgánicos enviados a sitios externos se mantiene relativamente estable y que las visitas generadas por las funciones de IA son de mayor calidad. La compañía también ha incorporado más enlaces, previsualizaciones de páginas y herramientas para destacar fuentes preferidas.
Sin embargo, el desacuerdo ya ha salido del terreno editorial. En junio de 2026, la Autoridad de Competencia y Mercados del Reino Unido obligó a Google a permitir que los editores excluyan sus contenidos de las funciones generativas sin desaparecer de la búsqueda convencional. Las nuevas reglas también exigen una atribución más clara y controles sobre el uso de artículos para ajustar modelos de IA. La cuestión central no es si Google todavía muestra enlaces .
Los muestra. Tampoco si su inteligencia artificial puede facilitar el acceso al conocimiento. Puede hacerlo. El verdadero conflicto consiste en determinar cuánto tiempo puede sobrevivir una web cuyos contenidos son leídos, resumidos y reutilizados a gran escala, mientras sus creadores reciben una proporción cada vez menor de la atención.
Google construyó su imperio enviando personas hacia internet. Ahora está descubriendo que puede llevar internet hasta las personas sin dejarlas salir de Google . Y esa diferencia, aparentemente pequeña, podría cambiar para siempre quién tiene motivos para seguir publicando.