Bloomberg Línea — América Latina y el Caribe pasó de tener solo tres países de altos ingresos en 1987 a 19 en 2025, aunque detrás de estos resultados se siguen escondiendo ineficiencias profundas en sus economías, según la clasificación actualizada del Banco Mundial (BM). El avance reflejaría principalmente el desempeño de pequeños países del Caribe, en medio de fenómenos como el ‘boom’ exploratorio de hidrocarburos, y de economías de menor tamaño en el resto de la región. En el Caribe, el ingreso alto suele explicarse por turismo, servicios financieros, energía en algunos casos y economías pequeñas donde ciertos sectores externos pesan mucho sobre el ingreso por habitante. Entre tanto, las grandes economías de la región siguen atrapadas en la llamada “trampa del ingreso medio”, con desafíos persistentes en productividad, inversión e institucionalidad.
La clasificación del Banco Mundial se actualiza cada año con base en las estimaciones del ingreso nacional bruto (INB) per cápita del año calendario anterior. El informe agrupa a las economías en cuatro categorías: ingresos bajos, medianos bajos, medianos altos y altos. La edición de este año incluye 218 países y servirá como referencia mundial hasta finales de junio de 2027. “Si uno pondera por población, América Latina sigue siendo tercamente de ingreso medio. El conteo sube y la masa no se mueve”, dijo a Bloomberg Línea el economista del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), Jonathan Fortun.
Y “conviene recordar que el umbral del Banco Mundial es relativo y nominal. Es un nivel de ingreso per cápita en dólares que se ajusta hacia arriba cada año, cerca de 2 a 3% anual, de modo que cruzarlo es una carrera contra un blanco móvil”, señaló el economista del IIF. En este sentido, explica que se puede cruzar el umbral por una apreciación real o por un shock de términos de intercambio, sin que debajo haya un solo punto más de productividad. Guyana es un caso excepcional debido al ‘boom’ petrolero que multiplicó su ingreso per cápita en pocos años, aunque para Fortun es “un salto contable más que desarrollo”.
Emanoelle Santos, analista de mercados de la ‘app’ de inversiones XTB, el avance de América Latina y el Caribe en la clasificación de ingresos del Banco Mundial refleja una combinación de crecimiento, estabilización macroeconómica, apertura comercial, expansión del turismo, desarrollo de servicios financieros y mejora del ingreso per cápita en varias economías pequeñas del Caribe. “La región dejó atrás parte del deterioro de los años 80, cuando la inflación, la deuda y la inestabilidad cambiaria limitaban la convergencia”, expresó Santos a Bloomberg Línea. “Pero el dato debe interpretarse con cuidado, porque el Banco Mundial clasifica economías, no solo países soberanos, por lo que dentro del salto aparecen territorios caribeños de baja población, alta exposición al turismo, servicios offshore o vínculos institucionales con economías desarrolladas”. En otras palabras, la región tiene más economías de altos ingresos que hace cuatro décadas, pero eso no significa que haya cerrado sus brechas estructurales. La productividad, la informalidad, la inversión y la calidad institucional siguen marcando una diferencia importante entre los países que lograron converger y los que quedaron rezagados. Países de altos ingresos en América Latina En la región, los países mejor posicionados incluyen a Chile, Uruguay, Panamá y Costa Rica, que ingresó a la categoría de economías de altos ingresos en el informe del año pasado.
Estos países tienen en común una estabilidad macroeconómica e institucional sostenida durante años, así como políticas económicas que han mantenido su credibilidad a pesar de los cambios de gobierno. Asimismo, estos países lograron integrarse con éxito a la economía global al especializarse en sectores específicos. Por ejemplo, Panamá consolidó un hub logístico y financiero alrededor del Canal, mientras que Costa Rica atrajo inversión extranjera en dispositivos médicos y en servicios de alto valor. A su vez, Chile combinó su liderazgo en la producción de cobre con una regla fiscal y una economía abierta.
Y Uruguay fortaleció sus instituciones y desarrolló un sólido complejo agroexportador y de servicios. “Ninguno intentó hacer de todo. Eligieron un carril y defendieron las instituciones alrededor de ese carril, con la apertura como disciplina competitiva”, indicó Fortun. “El tamaño chico ayuda, porque la aritmética del promedio es más amable, aunque el ingrediente que de verdad los distingue es la credibilidad convertida en previsibilidad”. Para Emanoelle Santos, otro elemento común de estos países es la capacidad de sostener ingresos en dólares o de alto valor agregado con mayor estabilidad macroeconómica que el promedio regional. “El patrón no es idéntico en todos, pero hay una idea común de estabilidad, apertura, servicios exportables y capacidad para atraer capital que permite elevar el ingreso per cápita más rápido que en economías dependientes de sectores informales o de baja productividad”, anotó. En todo caso, si bien un mayor ingreso per cápita suele estar asociado con mejoras en educación, salud, infraestructura y reducción de la pobreza, el bienestar depende también de cómo se distribuye ese crecimiento y de la capacidad de generar aumentos sostenidos en la productividad. “Existen países clasificados como de altos ingresos que todavía presentan importantes desigualdades o desafíos estructurales”, comentó a este medio Paula Chaves, analista de mercados de Greyhound Trading.
Por eso, “la clasificación del Banco Mundial es una referencia económica muy útil, pero no resume por sí sola el nivel de desarrollo o la calidad de vida de una sociedad”. Economías de ingreso medio bajo Países como Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Honduras y Haití pertenecen técnicamente al ingreso medio bajo. “Lo que ancla a este grupo abajo es siempre parecido. Instituciones erosionadas y credibilidad de política perdida, sobre una base que depende de un commodity o de las remesas y que ahorra e invierte poco. En los casos agudos se suma un régimen macro que terminó consumiendo sus propios colchones”, dijo Fortun.
Se refiere al caso específico de Bolivia, un país que defendió un tipo de cambio fijo durante catorce años mucho más allá del punto en que las reservas dejaron de ser adecuadas. De acuerdo con cifras aportadas por el IIF, las reservas bolivianas figuran en cerca de US$3.500 millones, pero apenas una fracción mínima es líquida en divisas y el resto es oro monetario, buena parte ya vendida a futuro. Entre tanto, las exportaciones de gas cayeron alrededor de 75% desde 2017 a medida que los campos se agotaron y venció el contrato con Argentina, y los hidrocarburos pasaron de más de la mitad de las exportaciones a cerca de una décima parte. El déficit fiscal se ensanchó por encima del 12% del producto, financiado por el banco central, y la deuda pública casi se duplicó hasta superar el 100% del PIB. “Un país pasa una década convirtiendo una bonanza de commodities en consumo y en un ancla nominal defendida, y cuando la bonanza se apaga no hay base productiva debajo.
Venezuela es el mismo guion escrito con más violencia”, comentó Fortun. La “trampa del ingreso medio” El tamaño del mercado por sí solo no garantiza alcanzar altos ingresos, según Paula Chaves, de Greyhound Trading. De hecho, las economías grandes en la región suelen enfrentar desafíos estructurales mucho más complejos. “Son economías con un enorme potencial, pero necesitan acelerar reformas que incrementen la productividad para poder converger hacia niveles de ingresos propios de países desarrollados”, comentó Chaves. Para las grandes economías de la región como Brasil, México, Argentina, Colombia y Perú el tamaño de la población hace más difícil elevar el ingreso promedio.
Según Fortun, “subir el ingreso promedio de 213 millones de brasileños o de más de 130 millones de mexicanos exige una productividad de base amplia que ningún nicho puede sustituir”. La mayoría de estos países continúa enfrentando la denominada “trampa del ingreso medio”. Tras aprovechar el auge de las materias primas y la migración de mano de obra desde el campo, no lograron impulsar suficientemente la productividad, la innovación y el capital humano. “Estas economías agotaron las ganancias fáciles, el trasvase de mano de obra desde el agro y el superciclo de commodities, sin construir después el motor de innovación y capital humano que separa al ingreso medio alto del alto”, agregó el economista del IIF. A esto se suman altos niveles de informalidad, baja inversión y episodios de inestabilidad macroeconómica, factores que mantienen a estos países atrapados en el nivel de ingreso medio. “El mercado interno grande, de forma paradójica, reduce la presión por competir hacia afuera, así que las empresas optimizan para la renta local antes que para la frontera mundial”, analizó Fortun. “Y como el umbral sigue subiendo, quedarse quieto en productividad equivale a retroceder en términos relativos.
La trampa del ingreso medio es, en el fondo, una trampa de productividad”. De acuerdo con Emanoelle Santos, de XTB, para que economías grandes como Brasil, México, Colombia, Perú o Argentina den el salto, no basta con un buen ciclo de materias primas o una apreciación temporal de sus monedas. En su opinión, necesitan varios años de crecimiento real del ingreso por habitante, inflación controlada, inversión más alta, estabilidad cambiaria y una mejora visible de la productividad. También se requiere mayor seguridad jurídica, mejor educación técnica, más competencia, profundidad financiera y reglas fiscales creíbles.
Algunos países pueden acercarse al umbral por factores cíclicos, como los precios de las commodities o el tipo de cambio, pero mantenerse en altos niveles de ingresos exige algo más difícil: crecer de forma sostenida sin perder estabilidad macroeconómica ni depender de un solo motor externo.