La FIFA no para de sorprender. Negativamente. Lo último es la publicación de los finalistas para el equipo ideal votado por los aficionados. No figuran ninguno de los dos centrales de la selección española, campeona del mundo, que solo ha recibido un gol en todo el torneo.
Cubarsí y Laporte no están. Tampoco se encuentra Dani Olmo entre los centrocampistas y colocan a Lamine en la lista de los medios en lugar de los delanteros. Ahora los aficionados deberán volver a votar para elegir el once definitivo. Lo que le interesa a la FIFA es que hayan muchos clics para satisfacer al patrocinador de una compañía petrolífera saudí.
Pero no tiene, como queda muy claro, ningún sentido técnico riguroso. El organismo internacional que preside Gianni Infantino tiene trabajando a un grupo de expertos, liderados por Arséne Wenger y formado por entradores, ex futbolistas, analistas y expertos en rendimiento que constatan que los elegibles para ese once sean validados por su rendimiento, pero no están para corregir las votaciones a pesar que se comentan injusticias tan grandes y evidentes como las de Cubarsí, Laporte y Olmo. Sí están Cucurella o Pedro Porro entre los mejores defensas votados por los fans, pero es inadmisible que no se encuentren los dos centrales. La propia FIFA ha elegido a Cubarsí como el mejor jugador joven del torneo y no está entre los mejores de los aficionados.
Cualquier elección es discutible, pero una en la que no estén como finalistas ninguno de los dos la descalifica sin mayores argumentos. Que Cubarsí, Laporte y Olmo no se encuentren entre los 28 jugadores seleccionados para el equipo ideal del Mundial, aunque sea el de los fans (está bajo la marca de FIFA) es simplemente injusto. FIFA debería señalar perfectamente la diferencia entre los equipos ideales rigurosos y basados en aspectos técnicos o futboleros y las opiniones de aficionados. Todos deberían ser respetables, pero son diferentes.
Los cuatro defensas titulares del equipo campeón que solo ha recibido un gol en todo el torneo deberían ser fijos en cualquier lista de selección de equipo ideal. Pero cuando el dinero y el show está por encima del juego y el rigor puede suceder cualquier cosa. Hasta que nadie crea el equipo ideal (de los fans).