Cuando pensamos en el comercio del Mediterráneo antiguo, solemos imaginar rutas bastante claras: fenicios llevando y trayendo mercancía de un lado a otro, griegos colonizando costas, y culturas locales que iban adoptando, poco a poco, esa influencia extranjera. Es un mapa cómodo, ordenado, y -hasta cierto punto- lógico si nos guiamos por lo que la arqueología llevaba décadas confirmando en el suroeste de la península ibérica, donde Tarteso se entendía sobre todo como receptor de influencia fenicia y, en menor medida, griega. El problema es que a veces aparece una pieza que no encaja en ese mapa por ningún lado, y entonces hay que empezar a redibujarlo; hasta tal punto, que hay poblaciones que no pensaríamos que eran nexos comerciales importantes en el pasado. Eso es justo lo que ha pasado en Casas del Turuñuelo, el yacimiento tartésico de Guareña (Badajoz) que lleva más de una década dándole disgustos a los libros de historia.
En dicho yacimiento se ha descubierto la mitad de un carro votivo de bronce, pero el problema no es que esté incompleto, sino que no se parece a nada de lo que se conocía en la Iberia de la época. Sus únicos parientes conocidos están en la antigua Etruria, en la Italia central de entre los siglos VIII y V a. C. Una prueba del comercio mediterráneo de Tarteso El hallazgo se anunció el 24 de junio de 2026.
El carro apareció en el sector sur del edificio principal del yacimiento, justo al lado de la llamada "habitación del banquete". Aunque no esté completo, dispone de suficientes detalles únicos para clasificarlo: una caja decorada con la figura de un Aqueloo (una divinidad fluvial asociada al inframundo), dos grifos con cabeza de águila y cuerpo de león en los laterales, y dos figuras humanas barbadas que, con los brazos alzados, sostienen toda la estructura sobre dos ruedas también decoradas. Sebastián Celestino, codirector de las excavaciones junto a Esther Rodríguez, apunta que la pieza podría estar ligada a rituales de banquete, aunque reconoce que su función exacta sigue sin estar clara. Hay quien maneja incluso la hipótesis de que sirviera para quemar incienso.
Se podría pensar que un objeto tan singular llegó aislado, pero junto al carro también se encontró cerámica ática griega, un recipiente de alabastro egipcio y marfiles decorados con guerreros y motivos animales, mientras que en el sector norte del túmulo aparecieron dos braseros y un caldero de bronce. En conjunto, todo esto sitúa a Casas del Turuñuelo como un nodo de una red comercial de lujo que conectaba el suroeste peninsular con el Egeo, Egipto y la propia Etruria, hace 2.500 años. El edificio de Casas del Turuñuelo, sepultado bajo un túmulo artificial de 90 metros de diámetro y 6 de altura, que la comunidad tartésica selló intencionadamente a finales del siglo V a. C.
Tras un banquete -pues el carro se hallo en una gran sala en la que quedaron algunos utensilios u objetos propios de una sala o cocina-, los arqueólogos interpretan como el cierre ritual de todo el complejo, el edificio pasó sellarse. Y como aún queda mucho por excavar, el yacimiento sigue dando sorpresas campaña tras campaña: en 2017 se halló sacrificio de animales conocido en el Mediterráneo occidental; en 2023, las primeras representaciones humanas atribuidas a Tarteso; en 2024, una placa con guerreros grabados y un abecedario paleohispánico; en 2025, el altar de mármol griego más antiguo del Mediterráneo occidental. Y ahora, este carro que obliga a repensar con quién comerciaban realmente los tartesios. En 3DJuegos | La mayoría de los estudios indies luchan por hacerse un hueco.
En Irán lo hacen por ganar un céntimo