Bloomberg Línea — El futuro del estrecho de Ormuz puede redibujar el mapa del riesgo soberano mundial. Oxford Economics concluye que una reapertura sostenida favorecería a los grandes exportadores del Golfo y a los principales importadores de energía, mientras que un cierre prolongado ampliaría la brecha entre economías exportadoras e importadoras. La firma identifica dos escenarios opuestos para los inversores. Si el tráfico marítimo recupera la normalidad, disminuyen los costos energéticos, se reducen las tensiones logísticas y retrocede la prima geopolítica.
Si, por el contrario, el estrecho permanece prácticamente cerrado hasta finales de 2027, la inflación, el fortalecimiento del dólar y el endurecimiento de las condiciones financieras intensificarán el deterioro del perfil crediticio de numerosos soberanos y elevaría la presión sobre los países con menores reservas internacionales. Evghenia Sleptsova, economista sénior de mercados emergentes de Oxford Economics, sostiene que los países “más expuestos a la escalada del conflicto en Medio Oriente son los importadores asiáticos de energía (India, Pakistán, Turquía) y los soberanos con bajas reservas (Pakistán, Kenia, Ghana, Túnez)”. El patrón, según el análisis, sitúa a África subsahariana y al sudeste asiático entre las regiones más vulnerables si persisten las restricciones al transporte por Ormuz, pero América Latina no está exenta de los riesgos. Dos mapas opuestos del riesgo soberano El escenario más adverso parte de la hipótesis de que el estrecho continúe prácticamente cerrado hasta finales de 2027.
Bajo ese supuesto, Oxford Economics proyecta un Brent en torno a US$131 por barril, una inflación mundial tres puntos porcentuales por encima del escenario base, una subida de tipos por parte de la Reserva Federal en el cuarto trimestre de 2026 y una apreciación cercana al 10% del dólar. Estos factores encarecerían significativamente el servicio de la deuda denominada en la divisa estadounidense. → Suscríbete al newsletter Línea de Mercado, una selección de Bloomberg Línea con las noticias bursátiles más destacadas del día. Los mayores deterioros se concentrarían en Mozambique, Pakistán, Kenia, Ghana y Túnez, economías que combinan una elevada dependencia energética con escasas reservas internacionales, limitada capacidad fiscal y exposición a deuda en dólares. Pakistán y Ghana añadirían un elemento adicional de vulnerabilidad, ya que los programas que mantienen con el Fondo Monetario Internacional quedarían sometidos a una mayor presión por la caída de las reservas y el incumplimiento de los objetivos fiscales.
Por regiones, África subsahariana sufriría el mayor deterioro del riesgo soberano, con un impacto medio equivalente a un escalón de calificación crediticia. Le seguiría el sudeste asiático, donde Filipinas, Pakistán y Bangladés figuran entre las economías más expuestas. Europa también registraría un aumento del riesgo, aunque principalmente por mayores costos de financiación y no por un deterioro significativo de la calidad crediticia. La fotografía cambia cuando el análisis contempla una reapertura duradera del estrecho.
Sleptsova explica que “la reapertura debería liberar gradualmente la presión sobre los soberanos que se ha acumulado durante el cierre”, gracias a menores costos de importación energética, la recuperación de los flujos de exportación del Golfo y la desaparición gradual de parte de la prima geopolítica. Los mayores beneficiados serían los miembros del Consejo de Cooperación del Golfo. Catar encabezaría la mejora del riesgo soberano con un avance equivalente a 6,5 escalones de calificación, seguido de Bahréin y Kuwait. Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos también recuperarían parte del terreno perdido, aunque el impacto sería más moderado debido a sus mayores colchones fiscales.
Ver más: ¿Se agota el colchón petrolero? La guerra en Irán vuelve a desafiar al mercado Entre los importadores de energía, India mejoraría el equivalente a 1,7 escalones, Turquía 1,4 y Egipto 1,2, favorecidos por la caída de los costos de transporte, la normalización de las cadenas logísticas y una factura energética más reducida. Pakistán también registraría una mejora, aunque seguiría figurando entre las economías más frágiles. América Latina, entre el alivio y el costo Para América Latina, el informe dibuja un panorama desigual.
Los importadores de petróleo, como Chile y Uruguay, son de los que más sufrirían si el bloqueo se prolonga, ya que el encarecimiento del crudo se trasladaría principalmente a la inflación, mientras que una reapertura aliviaría esa presión sobre los precios. En cambio, los exportadores perderían parte del impulso extraordinario recibido durante la crisis. Colombia figura entre los principales perjudicados por una normalización del tránsito en Ormuz, ya que la caída prevista del Brent hacia unos US$73 por barril reduciría unos ingresos fiscales que, según Oxford Economics, varían en torno a US$400 millones por cada dólar de movimiento del precio del petróleo. Angola aparece como el mayor perdedor de una reapertura después de haber sido uno de los grandes beneficiados por el repunte del crudo durante el cierre.
Nigeria también vería desaparecer parte del impulso sobre sus ingresos petroleros y afrontaría un estrechamiento del margen fiscal. México, por su parte, mostraría un impacto mucho más limitado debido a las restricciones estructurales de Pemex, que reducen tanto su capacidad para aprovechar un petróleo caro como el efecto negativo de una posterior caída de los precios. Oxford Economics resume el cambio de escenario al señalar que “el escenario bajista no desencadenaría una crisis económica generalizada, pero ampliaría la brecha entre los exportadores e importadores de petróleo”. La evolución del estrecho de Ormuz, del precio del Brent y de las condiciones financieras internacionales determinará ahora cuál de esos dos mapas del riesgo soberano termina imponiéndose.