Los libros antiguos han adquirido un valor inesperado para la industria de la inteligencia artificial. No necesariamente por sus primeras ediciones o su precio como objetos de colección, sino porque contienen enormes cantidades de texto escrito por humanos antes de que internet comenzara a llenarse de contenido generado automáticamente. Libreros de España, Alemania, Países Bajos y otros países aseguran haber recibido pedidos extraordinarios de cientos o miles de ejemplares. Las compras suelen concentrarse en obras descatalogadas de no ficción: actas de congresos, manuales técnicos, publicaciones locales, estudios académicos y documentos que todavía no están disponibles en formato digital.
Los compradores no parecen interesados en el valor del libro El patrón resulta extraño para el mercado de segunda mano. Los pedidos llegan con pocos minutos de diferencia, mezclan asuntos completamente inconexos y, en ocasiones, ignoran el valor comercial habitual de cada ejemplar. En España, varias librerías identificaron como comprador a Zoom Books, una empresa canadiense dedicada formalmente a la compraventa y el reciclaje de libros. La compañía negó colaborar directamente con Anthropic , creadora de Claude, pero no confirmó qué ocurre con los ejemplares ni quiénes son sus clientes, alegando acuerdos de confidencialidad.
Por tanto, no existe evidencia pública que permita afirmar que todos los pedidos realizados por Zoom Books terminan alimentando modelos de IA. Sin embargo, antiguos contenidos de su sitio web describían servicios relacionados con la compra de libros usados para entrenamiento algorítmico y su posterior destrucción, según la investigación de elDiario.es. Los libros son valiosos para las tecnológicas: contienen conocimiento más elaborado, editado y estructurado que gran parte del contenido de internet. Libreros han detectado compras masivas de libros descatalogados por parte de estas empresas para entrenar sus modelos de IA… pic.twitter.com/ItRQRbKENt EL PAÍS América Colombia (@ElPaisAmericaCo) July 22, 2026 Por qué buscan libros publicados antes de la IA generativa Las empresas necesitan datos variados, precisos y bien escritos para entrenar sus modelos.
El problema es que una parte creciente del contenido disponible en internet ya fue creada, corregida o reformulada por otros sistemas automáticos. Compañías intermediarias como ISBNdb están promocionando los libros impresos anteriores a 2022 como una reserva de texto humano menos expuesta al denominado AI slop: contenido barato, repetitivo o poco fiable producido masivamente mediante inteligencia artificial . La ventaja adicional es que muchas obras especializadas nunca fueron digitalizadas ni aparecen en los conjuntos de datos más utilizados. Para los modelos, un manual de vinificación de hace cuarenta años o una monografía sobre una tradición local pueden contener vocabulario, hechos y estructuras de escritura que no se encuentran fácilmente en páginas web actuales.
El precedente de Anthropic y el “escaneo destructivo” La magnitud de esta estrategia quedó expuesta con Anthropic. Documentos judiciales revelaron que la compañía puso en marcha el llamado Project Panama para comprar y digitalizar millones de libros físicos. Los proveedores cortaban los lomos mediante maquinaria industrial, separaban las páginas, las escaneaban rápidamente y enviaban los restos al reciclaje. En junio de 2025, el juez William Alsup consideró que Anthropic podía convertir en archivos digitales los libros que había comprado legalmente.
Para llegar a esa conclusión, tuvo en cuenta que cada copia física era destruida y sustituida por una digital que permanecía dentro de la empresa, sin venderse ni compartirse externamente. Esto no significa que la legislación estadounidense obligue universalmente a destruir cualquier libro utilizado por una IA. La sentencia analizó las circunstancias concretas de Anthropic y consideró importante que no existieran simultáneamente dos copias después de haber pagado solamente una. El fallo tampoco legalizó la piratería .
Anthropic había descargado además millones de libros desde bibliotecas ilegales, una práctica que el juez no consideró amparada por el uso justo. La compañía terminó aceptando un acuerdo de 1.500 millones de dólares por esas copias, aprobado en julio de 2026. © Magnific El temor a perder un patrimonio que no tiene reemplazo La preocupación de los libreros no se centra en las novelas conocidas, de las que existen miles de copias, sino en las publicaciones pequeñas que sobreviven en cantidades reducidas. Un boletín vecinal, un fanzine o las actas de un congreso pueden carecer de valor comercial y, aun así, contener información imposible de recuperar si desaparece el último ejemplar. La paradoja es que el contenido no se pierde por completo: continúa existiendo dentro de una base de datos privada.
Lo que desaparece es el objeto original y la posibilidad de que investigadores, bibliotecas o ciudadanos puedan consultarlo sin depender de una empresa tecnológica. La inteligencia artificial prometía digitalizar el conocimiento. Ahora también está creando un nuevo dilema: para enseñar a las máquinas todo lo que escribieron los humanos, algunas compañías están destruyendo los libros que todavía conservaban ese conocimiento. Fuente: Xataka.