Por: Yousef Ramazani En una serie de operaciones sin precedentes llevadas a cabo esta semana, el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) y el Ejército de la República Islámica de Irán ejecutaron ataques coordinados que desmantelaron de forma sistemática la arquitectura estadounidense de radares y defensa aérea en toda la región de Asia Occidental. Los ataques, ejecutados con gran precisión y cuidadosamente planificados, tuvieron como blanco sistemas de radar estadounidenses en Kuwait, Baréin, Jordania y Omán, en lo que funcionarios militares iraníes y analistas castrenses describieron como “noches oscuras” para las capacidades de vigilancia de Estados Unidos en toda la región, particularmente entre el 21 y el 22 de julio. El CGRI anunció contundentes ataques contra instalaciones estadounidenses de radares y defensa aérea en toda Asia Occidental, en respuesta a la persistente agresión militar de Estados Unidos contra infraestructuras militares y civiles en el sur de Irán. Ejecutadas en el marco de la vigesimocuarta fase de la Operación Nasr-2 (Victoria-2) y coordinadas con la Operación Saeqe (Rayo) del Ejército, las acciones tuvieron como objetivo la infraestructura fundamental que sustenta la presencia militar estadounidense en la región, incluidos algunos de sus sistemas de radar más estratégicos.
Desde la destrucción de radares de vigilancia de largo alcance en Kuwait hasta la eliminación de sistemas de defensa aérea Patriot en Baréin; desde la inutilización de radares de defensa antimisiles en Jordania hasta los ataques contra sistemas de control marítimo en Omán, las fuerzas iraníes han cegado de manera sistemática una red militar estadounidense construida durante décadas. La precisión de estos ataques —confirmada por imágenes satelitales y análisis independientes de fuentes abiertas— demuestra la avanzada capacidad de Irán para identificar y neutralizar activos estratégicos de alto valor, alterando de manera fundamental el equilibrio regional de poder y enviando un mensaje al régimen infanticida estadounidense, de que su presencia en la región ya no es sostenible. Comunicados oficiales del CGRI El 21 de julio, el Departamento de Relaciones Públicas del CGRI emitió una serie de comunicados en los que anunció el exitoso ataque contra múltiples sistemas estadounidenses de radar y defensa aérea en distintos puntos de la región. El CGRI declaró que sus valientes combatientes, en continuidad con la vigesimocuarta fase de la Operación Nasr-2 y como parte de los esfuerzos en curso para eliminar las instalaciones de radar estadounidenses de la zona, atacaron un radar de alerta temprana, un complejo de radares tácticos situado en torno a la base Ali al-Salem y otro sistema de radar ubicado en la isla de Bubiyan, en Kuwait, destruyendo los tres y dejándolos completamente fuera de servicio.
El comunicado subrayó: “La operación para castigar al agresor continúa, y la victoria solo pertenece a Alá, el Todopoderoso, el Sabio”. Comunicados anteriores habían informado de la destrucción de un sistema de radar de defensa antimisiles y de un avión F-15 dentro de su refugio en la base aérea Muwaffaq Salti, en Jordania, instalación que durante la última semana ha sido objeto de sucesivos ataques de represalia por su papel como foco de tensión. El CGRI advirtió explícitamente que esa zona no es lugar para los agresores estadounidenses, y que el ejército asesino de niños estadounidense debe abandonar la región para evitar nuevas bajas. Asimismo, el CGRI anunció ataques contra un radar de alerta temprana, un sistema de radar de defensa antimisiles, un radar FPS-117, un sistema de defensa Patriot y un sistema de comunicaciones por satélite vinculado a la defensa aérea del Ejército de Estados Unidos en la base Ahmad al-Yaber, en Kuwait.
Representación tridimensional del radar AN/FPS-117 de largo alcance en la base aérea Ahmad al-Yaber, Kuwait. Desciende la noche oscura: eliminación sistemática de radares en Kuwait Kuwait se ha convertido en el principal escenario de las operaciones iraníes de neutralización de radares, con múltiples instalaciones alcanzadas en una campaña coordinada de represalia que degradó de forma sustancial las capacidades estadounidenses de defensa aérea en el norte del Golfo Pérsico. Las fuerzas iraníes atacaron el radar estadounidense de alerta temprana, un sistema de radar de defensa antimisiles, un radar FPS-117, un sistema de defensa Patriot y equipos de comunicaciones por satélite emplazados en la base aérea Ahmad al-Yaber. El FPS-117, un radar fijo tridimensional de vigilancia de largo alcance que opera en la banda L, constituye un activo de especial importancia, ya que proporciona vigilancia aérea permanente de largo alcance y alerta temprana estratégica sobre el norte del Golfo Pérsico.
El CGRI también atacó el centro de comunicaciones, los sistemas de recepción por satélite y el radar de defensa antimisiles de la base Ali al-Salem, así como un hangar de drones MQ-9, donde múltiples aeronaves no tripuladas fueron destruidas o sufrieron graves daños. El Cuerpo describió estas acciones como la continuación de la “noche negra” de los sistemas y radares estadounidenses, advirtiendo que, tras esta operación de supresión, el enemigo debe prepararse para ataques aún más decisivos y devastadores mediante sucesivas oleadas de drones y misiles. Como complemento de los ataques del CGRI, el Ejército de la República Islámica de Irán, en el marco de la Operación Saeqe, lanzó una andanada de drones contra tres bases militares estadounidenses en Kuwait. La decimonovena fase de la operación tuvo como blanco edificios administrativos y antenas de radiogoniometría en el campamento Arifyan, zonas de estacionamiento de helicópteros en el campamento Al-Udairi y edificios de alojamiento de tropas en la base aérea Ahmad al-Yaber.
Esta estrecha coordinación entre el CGRI y el Ejército ha puesto de manifiesto el carácter integrado de la planificación y ejecución militar iraní frente a los agresores estadounidenses. Destrucción de sistemas Patriot y radares costeros en Baréin En Baréin, los ataques del CGRI tuvieron como objetivo el núcleo de las capacidades estadounidenses de defensa aérea en el Golfo Pérsico. El Cuerpo anunció la destrucción total de una estación de radar estadounidense en Muharraq, que quedó completamente fuera de servicio. La operación estuvo acompañada de un ataque coordinado con misiles y drones contra un sistema estadounidense de defensa aérea Patriot en Riffa, que también fue destruido.
El sistema Patriot, una de las plataformas de defensa antiaérea más avanzadas del arsenal estadounidense, fue eliminado, lo que supone un importante deterioro de las capacidades defensivas de Estados Unidos en toda la región. El CGRI anunció además que su Fuerza Aeroespacial atacó con varios misiles de crucero la infraestructura central de datos de la empresa estadounidense Amazon en Baréin. El ataque contra infraestructura comercial que respalda las operaciones de inteligencia de Estados Unidos representa una ampliación de los parámetros operativos, al demostrar la capacidad y la disposición de Irán para golpear la infraestructura que sustenta las actividades de recopilación de inteligencia militar estadounidense. En respuesta, el Ministerio del Interior de Baréin activó las alarmas en todo el país e instó a ciudadanos y residentes a mantener la calma y dirigirse a los refugios o lugares seguros más cercanos, confirmando así la magnitud de los ataques iraníes.
Ataque iraní contra la instalación de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) en Baréin, sede del cuartel general de la Quinta Flota de la Armada de Estados Unidos. Ataques de precisión en el corazón del poder aéreo estadounidense en Jordania La base aérea Muwaffaq Salti, en Jordania —un centro clave de logística y despliegue para las fuerzas estadounidenses de ocupación en la región—, sufrió devastadores ataques de precisión que destruyeron tanto infraestructura de radar como aeronaves de combate. La Fuerza Aeroespacial del CGRI eliminó un sistema de radar de defensa antimisiles y un caza F-15 dentro de su refugio fortificado en la base. El F-15, uno de los aviones más avanzados del inventario estadounidense, fue destruido en una instalación protegida, lo que pone de relieve la precisión de los ataques iraníes y la eficacia de sus misiles contra posiciones fortificadas.
El comunicado del CGRI subrayó que esa región no es lugar para los agresores estadounidenses y exigió que el ejército asesino de niños estadounidense, abandone la zona para evitar nuevas bajas. En una ampliación de los parámetros operativos, el CGRI también atacó un complejo que albergaba tropas estadounidenses en la zona de Al-Rukban, en Jordania. Según el comunicado, varios soldados estadounidenses murieron en el ataque. Ello representa un cambio significativo, al pasar de atacar equipos e infraestructura a golpear directamente concentraciones de personal militar.
Neutralización de radares de control marítimo y aéreo en Omán Como parte de la decimotercera fase de la Operación Nasr-2, la Armada del CGRI llevó a cabo ataques contra radares estadounidenses de control marítimo y control aéreo en Omán, destruyendo el radar de control marítimo situado en las rocas Salameh y el radar estadounidense de control aéreo en la zona de Qanem. La operación, bajo el sagrado código Aba Abdolá al-Husein, fue dedicada a los habitantes de las provincias meridionales de Juzestán, Bushehr, Hormozgán y Sistán y Baluchistán. El comunicado del CGRI destacó que el estrecho de Ormuz permanece firmemente bajo el control de los almirantes de la Armada del CGRI y advirtió que, mientras continúen las acciones hostiles de Estados Unidos, no se exportará “ni una sola gota” de petróleo o gas desde la región. Esta declaración subraya la importancia estratégica de los ataques contra los radares, que, según el comunicado, buscan consolidar el control iraní sobre esta vía marítima vital y reforzar el mensaje de que no se tolerará ninguna injerencia estadounidense en el estrecho de Ormuz.
Radar y hangar de aeronaves destruidos en un ataque iraní contra la base aérea Muwaffaq al-Salti, en Jordania. Lógica estratégica: atacar los ojos y los oídos del aparato militar estadounidense La campaña iraní ha reflejado una sofisticada comprensión de la arquitectura moderna de defensa aérea integrada. En lugar de intentar destruir bases aéreas enteras, los planificadores iraníes concentraron sus ataques en los ojos y los oídos de la red militar regional de Estados Unidos: radares de alerta temprana, nodos de comunicaciones, terminales de comunicación satelital, radomos, instalaciones de mando y control e infraestructura de apoyo a la defensa aérea. Las imágenes satelitales han mostrado de forma consistente impactos localizados sobre complejos de radar, campos de antenas y edificios de comunicaciones, en lugar de cráteres en las pistas o una destrucción generalizada de las áreas de estacionamiento de aeronaves.
Analistas militares han observado que los sistemas contemporáneos de defensa antimisiles dependen menos de las baterías interceptoras individuales que de una extensa red de sensores que integra radares de alerta temprana de largo alcance, radares tácticos de vigilancia, comunicaciones satelitales, enlaces seguros de datos y centros de mando. Destruir únicamente los lanzadores interceptores rara vez basta para cegar al adversario; dañar la red encargada de detectar, clasificar y distribuir la información de los blancos puede resultar igual o incluso más eficaz. Esta interpretación coincide con la distribución observada de los ataques de represalia iraníes en varios países de la región, en lugar de concentrarse en una sola instalación. Imágenes satelitales comerciales analizadas por diversas organizaciones confirman impactos cerca de complejos de comunicaciones e instalaciones de antenas satelitales en la base aérea Ali al-Salem, en Kuwait, y no sobre la pista principal.
Investigaciones visuales concluyeron que estructuras que formaban parte de la infraestructura de comunicaciones y radares, o se encontraban adyacentes a ella, en la base aérea Príncipe Sultán, en Arabia Saudí, sufrieron daños que evidencian humo, destrucción estructural e impactos próximos a equipos que se cree respaldaban las comunicaciones de largo alcance y los sistemas de alerta de misiles. La concentración de los impactos sugiere un ataque de alta precisión contra infraestructura sensora de elevado valor estratégico. Misiles hipersónicos y el fracaso de las defensas aéreas estadounidenses La notable precisión de los ataques iraníes ha sido atribuida por los analistas a una combinación de tecnología avanzada de misiles y capacidades de inteligencia mejoradas. Informes de medios occidentales han reconocido que Irán está desplegando misiles capaces de desplazarse a velocidades extremadamente elevadas mientras realizan maniobras en su fase terminal, lo que dificulta enormemente su interceptación.
Misiles como la serie Jeybar-Shekan y el Fatah-1 son sistemas hipersónicos capaces de ejecutar maniobras evasivas, especialmente durante el descenso final hacia el objetivo, haciendo que su interceptación resulte prácticamente imposible. Expertos militares han señalado dos preocupaciones principales respecto a los sistemas defensivos estadounidenses frente a los misiles iraníes: su velocidad extrema y su capacidad de maniobra. Esta combinación ha convertido a los sistemas Patriot en medios prácticamente ineficaces, mientras que el agotamiento de los misiles interceptores THAAD y la destrucción de radares de ese mismo sistema han degradado aún más las capacidades defensivas de Estados Unidos. Fuentes occidentales también han destacado el papel de satélites avanzados de observación en el fortalecimiento de las capacidades iraníes de ataque de precisión.
Combinados con las imágenes proporcionadas por el satélite Jayam, estos recursos han permitido a Irán mejorar sus capacidades de vigilancia, identificación y selección oportuna de objetivos. Las imágenes del satélite Sentinel-2L y las imágenes satelitales mejoradas de Soar Atlas muestran que dos instalaciones de vigilancia y un almacén en la Ciudad Militar Zayed, en Abu Dabi, fueron completamente destruidos. Arquitectura regional de defensa aérea: la fragilidad de la red estadounidense Los ataques iraníes han puesto de manifiesto la vulnerabilidad fundamental de la presencia militar estadounidense en la región, que depende de una red interconectada de bases y sensores susceptible de ser degradada de manera sistemática mediante ataques coordinados de alta precisión. La mayoría de las instalaciones militares estadounidenses en el Golfo Pérsico forman parte de una red distribuida de mando y control que enlaza sensores desplegados en Arabia Saudí, Kuwait, Catar, Baréin, Jordania, Emiratos Árabes Unidos y activos navales en alta mar.
Los datos procedentes de un radar se integran con la información obtenida por aeronaves de alerta temprana, satélites, destructores equipados con el sistema Aegis y baterías Patriot o THAAD para generar un panorama operativo común. La degradación de varios nodos de radar puede complicar los tiempos de interceptación, reducir la redundancia del sistema e incrementar la incertidumbre durante ataques masivos con misiles. Los ataques iraníes han eliminado una parte significativa de la red de vigilancia, interceptación y combate desplegada por Estados Unidos en los países que rodean a Irán durante la última década. Como consecuencia, la ruta para que los misiles iraníes alcancen su destino final y principal —los territorios ocupados— se vuelve cada día más abierta y segura.
Este desmantelamiento sistemático de las capacidades estadounidenses de radar altera de manera fundamental el cálculo estratégico, ya que Estados Unidos ya no puede confiar en la arquitectura integrada de defensa aérea que había construido para contener la proyección de poder iraní. Las advertencias del CGRI —según las cuales, mientras continúen las acciones de Estados Unidos en la región, el estrecho de Ormuz permanecerá cerrado y no se exportará ni una sola gota de petróleo o gas— ponen de relieve las implicaciones estratégicas de estos ataques contra los radares. Al cegar los sistemas estadounidenses de vigilancia, Irán ha reforzado su capacidad para controlar esta vía marítima vital e interceptar embarcaciones que no cumplan los requisitos impuestos por Teherán, con el potencial de afectar los mercados energéticos mundiales y los intereses económicos de los países de toda la región. El concepto de las «noches oscuras» no implica simplemente una interrupción temporal, sino una degradación amplia y sostenida de la conciencia situacional estadounidense en toda la región.
Al eliminar simultáneamente múltiples sistemas de radar, las fuerzas iraníes han creado zonas ciegas en la cobertura de defensa aérea de Estados Unidos que no pueden repararse con facilidad ni en un corto plazo. La destrucción de radares no constituye un fin en sí mismo, sino un medio para facilitar operaciones de mayor envergadura. El CGRI afirmó expresamente que las operaciones de supresión de radares fueron concebidas para despejar el camino a operaciones aéreas y misilísticas a gran escala contra objetivos estadounidenses en la región, eliminando los obstáculos existentes. El mensaje dirigido al enemigo es claro: tras esta operación de supresión de radares, deberá prepararse para oleadas aún más decisivas e intensas de ataques con drones y misiles.
Este enfoque refleja un sofisticado concepto operacional orientado a desmantelar sistemáticamente las capacidades militares estadounidenses mediante una campaña de desgaste contra sus facilitadores críticos. Evidencias satelitales y eficacia operativa Las declaraciones oficiales iraníes sobre la destrucción de radares estadounidenses han sido respaldadas por imágenes satelitales comerciales examinadas minuciosamente por analistas independientes de inteligencia de fuentes abiertas (OSINT), quienes han identificado patrones compatibles con las afirmaciones iraníes. Las imágenes muestran impactos localizados contra complejos de radar, edificios de comunicaciones y campos de antenas, en lugar de una destrucción generalizada de pistas de aterrizaje o áreas de estacionamiento de aeronaves. Este patrón respalda la conclusión de que los planificadores iraníes atacaron deliberadamente infraestructura técnica de alto valor estratégico, en vez de limitarse a maximizar el daño físico visible.
Los daños verificados al radar de largo alcance AN/FPS-117 de la base aérea Ahmad al-Jaber, en Kuwait, representan un logro particularmente significativo. A diferencia de los radares tácticos móviles, el FPS-117 es un radar fijo tridimensional de vigilancia de largo alcance que proporciona vigilancia aérea permanente y alerta temprana estratégica. La destrucción de un sistema de estas características requeriría un tiempo considerable y cuantiosos recursos para restaurar plenamente su capacidad operativa, ya que sería necesario llevar a cabo procesos de calibración, reintegración a las redes de mando y pruebas de funcionamiento. La extraordinaria precisión de numerosos impactos, con misiles que con frecuencia alcanzaron puntos situados a escasas decenas de metros de los complejos de radar, sugiere el empleo de sistemas de guiado más avanzados combinados con inteligencia previa al ataque obtenida mediante imágenes satelitales comerciales y otras fuentes de reconocimiento.
La consistencia de los puntos de impacto en numerosas bases respalda la conclusión de que la infraestructura técnica de alto valor constituyó el objetivo principal de la campaña y que las fuerzas iraníes han desarrollado sofisticadas capacidades de inteligencia para respaldar ataques de precisión. Texto recogido de un artículo publicado en Press TV