Desde el inicio de la guerra entre Ucrania y Rusia, la idea de ganar el relato para poner presión sobre el contrario ha sido gran parte de la estrategia para ambos bandos. Sólo así se explica que llevemos años hablando de ataques capaces de dictar sentencia y el conflicto siga adelante. Eso no quita, sin embargo, que haber derribado un Tu-95 ruso a 800 kilómetros de distancia cuente como un inesperado logro para Zelenski. Tal y como han confirmado las imágenes de satélite de dos agencias civiles ajenas a ambos ejércitos, el ataque de un dron a uno de los aeródromos más importantes y protegidos de Rusia ha partido por la mitad a uno de los últimos bombarderos Tu-95.
El golpe, lo suficientemente increíble como para que no valiese con una nota de prensa para darlo a conocer, no es una destrucción cualquiera. Las imágenes satelitales confirman la caída de uno de los 60 Tu-95 con 70 años de historia No lo es sólo por el hito y el alcance. Un dron atacando una base de Rusia fuertemente protegida a 800 kilómetros de distancia sienta un precedente peligroso para el conflicto. En primer lugar porque la tecnología está avanzando a pasos agigantados y los ataques a gran distancia ya no dependen de carísimos misiles.
En segundo, porque uno de los grandes discursos rusos parte de cómo habían protegido sus bases aéreas hasta la extenuación en una operación no precisamente barata. Sumemos aquí frente a qué se ha producido el ataque. Los Tu-95 no se construyen desde agosto de 1992, pero estos gigantes con turbohélices y alas en forma de flecha son uno de los aviones más potentes jamás construidos y, 70 años después de que empezasen a volar, aún siguen siendo una pieza clave para la estrategia rusa. Son, de hecho, los principales culpables de los ataques a ciudades ucranianas por su capacidad para llevar hasta seis misiles de crucero con un lanzador rotatorio.
Estamos ante uno de los grandes aviones de Rusia y uno de los pocos capaces de luchar una guerra nuclear desde el aire. Que un dron haya partido por la mitad a uno de los 60 que quedan, especialmente cuando ya no se fabrican y su reemplazo está sólo sobre el papel, no es poca cosa. Pese a que la caída de un solo bombardero no cambie la guerra de la noche a la mañana, el hito es considerable por varios motivos. Está el tema financiero, el tecnológico y hasta el histórico, pero por encima de todo está el de las imágenes satelitales.
Que los países puedan acceder a información clave del rival con la precisión que entregan las imágenes empieza a corroborar que, lo de pintar aviones falsos sobre las pistas de aterrizaje ha dejado de ser una estrategia sólida a la que agarrarse.