Bloomberg — Los seis candidatos que compiten por convertirse en el próximo secretario general de las Naciones Unidas expusieron sus argumentos para dirigir este organismo mundial en un momento en el que los conflictos en Irán, Gaza y Ucrania, así como las divisiones entre las potencias mundiales, han agravado las preocupaciones sobre su eficacia. “Me gustaría ver una ONU que vuelva a sentarse a la mesa para abordar los escenarios de conflicto”, declaró Rebeca Grynspan, exvicepresidenta de Costa Rica, en un acto público moderado por Bloomberg Television en la sala de la Asamblea General de la ONU. Los candidatos compiten por suceder al actual secretario general de la ONU, António Guterres, cuyo mandato finaliza este año. No será una tarea fácil: las guerras en Ucrania, Gaza e Irán han puesto a prueba la credibilidad de la ONU como mediadora mundial y han agravado el estancamiento entre los miembros del Consejo de Seguridad, entre ellos Estados Unidos, China y Rusia. Al mismo tiempo, el presidente Donald Trump ha criticado a la ONU por ser una burocracia inflada, demasiado centrada en el clima y en cuestiones que van en contra de sus prioridades.
Estados Unidos se ha retirado de varias de sus agencias y ha congelado gran parte de su financiación a la ONU, lo que la ha llevado a una crisis financiera. El sucesor de Guterres deberá obtener al menos nueve de los quince votos del Consejo de Seguridad sin que ninguno de sus cinco miembros permanentes ejerza su derecho de veto. También es posible que surjan otros candidatos en los meses previos a la decisión final, que probablemente se tomará en octubre. Guterres ha quedado a menudo al margen del debate geopolítico más amplio: ha condenado la violencia en todo el mundo, pero le ha costado influir en los resultados, desde Ucrania hasta Irán.
Su decisión de plantar cara a Israel, en una ocasión lamentó la “destrucción sistemática de la ciudad de Gaza”, ha despertado la ira del gobierno del primer ministro Benjamín Netanyahu, que posteriormente cortó las comunicaciones con él. “Hay que ir sobre el terreno, hay que trabajar con la gente de allí, hay que tener presencia”, afirmó Michelle Bachelet, expresidenta de Chile y antigua alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Añadió que era importante dar la voz de alarma “para que ello pueda contribuir a generar un cambio”. Los demás candidatos que participaron en el acto del jueves fueron María Fernanda Espinosa, expresidenta de la Asamblea General de la ONU; Carolyn Rodrigues Birkett, embajadora de Guyana ante la ONU; el expresidente de Senegal, Macky Sall; y Rafael Mariano Grossi, el argentino que dirige el Organismo Internacional de Energía Atómica en Viena. “Nuestra responsabilidad es devolver la relevancia a la ONU, cumplir con nuestro cometido, llegar al corazón y al alma de las personas sobre el terreno, servir a las personas sobre el terreno y no confundir la actividad con el impacto”, afirmó Espinosa. Dado que Rusia, China y EE.UU. suelen enzarzarse en sus propias luchas de poder en la ONU, el candidato que finalmente resulte elegido deberá encontrar la forma de resultar aceptable para todos.
Solo después de que el Consejo de Seguridad formule su recomendación podrá la Asamblea General, en pleno, otorgar la aprobación definitiva, por mayoría simple. Se espera que el Consejo de Seguridad comience a realizar “encuestas informales” a puerta cerrada a finales de este mes para evaluar el apoyo. En el acto celebrado el jueves, Grossi afirmó que “las buenas palabras no bastarán” si un Estado miembro de la ONU desata un conflicto y que él restablecerá a la ONU como un actor influyente en cuestiones de guerra y paz. “Lo que debemos hacer es restablecer la credibilidad de la ONU como interlocutor válido y, a continuación, utilizar las herramientas de que disponemos”, afirmó. Lea más en Bloomberg.com