Lo que comenzó como una disputa por la colocación de unas esculturas de gallos metálicos terminó convirtiéndose en un movimiento de solidaridad que ha traspasado fronteras. En Ogunquit, un pequeño pueblo costero del estado de Maine, Estados Unidos; decenas de vecinos e incluso personas de otros países han instalado estos coloridos adornos en sus jardines para expresar su respaldo a Pyper LeBlanc, una niña de seis años con autismo. La historia inició cuando las autoridades municipales ordenaron a David y Sara LeBlanc retirar los enormes gallos de metal, de aproximadamente 1,8 metros de altura, que decoraban el jardín de su vivienda, donde también funciona el restaurante familiar The Omelette Factory. Los funcionarios consideraron que las figuras representaban publicidad no autorizada para el negocio y les impusieron multas por 450 dólares.
Sin embargo, los padres insistieron en que los gallos no tenían fines comerciales, sino que cumplían un papel importante en el bienestar emocional de su hija. Pyper llegó a la familia como niña de acogida y posteriormente fue adoptada. Desde pequeña desarrolló un fuerte apego por los gallos, inspirado en un peluche que llevaba consigo. Con el tiempo, su padre comenzó a comprar esculturas metálicas de estas aves, hasta reunir más de dos docenas.
Educación especial Cada mañana, antes de abordar el autobús escolar, la niña se escondía detrás de uno de los gallos, una rutina que, según sus padres, le ayuda a regular sus emociones y afrontar mejor las transiciones propias del día. Especialistas en educación especial señalan que los llamados «objetos de confort» son herramientas ampliamente utilizadas para brindar estabilidad emocional a niños dentro del espectro autista. Aunque la familia apeló las sanciones, la Junta de Zonificación de Ogunquit determinó que no tenía facultades para eliminar las multas. No obstante, autorizó que dos de los gallos permanecieran frente a la vivienda como una adaptación relacionada con la discapacidad de Pyper; siempre que cumplieran con ciertos requisitos de instalación.
Lejos de quedarse en la controversia, la historia despertó una ola de empatía. Amigos, vecinos y personas que nunca habían conocido a la familia comenzaron a colocar gallos metálicos en sus propias casas y negocios como símbolo de apoyo a la aceptación del autismo. El simbolismo de los gallos metálicos La iniciativa se expandió gracias a las redes sociales y a la página de Facebook «Roosters of Ogunquit»; donde seguidores comparten fotografías de sus gallos. Incluso desde Nueva Zelanda llegaron imágenes de familias que se sumaron a la causa.
David LeBlanc aseguró que decidió concentrarse en el lado positivo de la experiencia. La familia ha entregado varios de sus gallos para que otras personas los exhiban en señal de solidaridad, una enseñanza que Pyper ha comprendido con una sencilla reflexión: los gallos que debieron irse fueron «los limones»; mientras que el cariño recibido por la comunidad se convirtió en «la limonada».