Vi La Odisea en 70 mm y salí contento, pero llevo días con una idea rondándome. Hay una secuencia en el Hades donde Odiseo se topa con la sombra de Agamenón, interpretado por Benny Safdie. Y no dejo de pensar que ese señor, al que su mujer despachó (y con razón) al volver de Troya, es literalmente un antepasado de Paul Atreides. No es una lectura simbólica ni una loca teoría fan.
Está escrito en las novelas de Frank Herbert. La casualidad de cartelera da gusto. La Odisea se estrenó el 17 de julio y Dune: Parte Tres aterriza el 18 de diciembre. Tendremos el mismo año los dos extremos de un mismo linaje mitológico que trascienden tiempo y espacio.
En un lado, un rey aqueo orgulloso, codicioso y belicista. En el otro, un chaval montado en un gusano del espacio con el peso de un imperio galáctico sobre los hombros. La primera pista de esta curiosa relación está en el apellido de Paul: Atreides es un patronímico griego que significa hijo de Atreo. Atreo fue rey de Micenas y padre de dos señores que seguro que te suenan ahora que La Odisea está tan de moda: Agamenón y Menelao.
Homero llama Atrida a Agamenón una y otra vez en la Ilíada. Cada vez que alguien pronuncia Atreides en Arrakis está señalando a este apodo homérico. El apellido Atreides conlleva una maldición La Casa de Atreo no es una familia noble más, es la más maldita de todas. El abuelo Tántalo se pasó de listo con los dioses y les sirvió a su hijo en un banquete.
Dos generaciones después, Atreo hizo algo parecido con los hijos de su hermano Tiestes. Agamenón sacrificó a Ifigenia para que soplara el viento a su favor y poder llegar a Troya lo antes posible y acabó apuñalado por Clitemnestra. Orestes cerró el círculo matando a su madre. "Tragedia griega" no es un eufemismo, es que no veas cómo se las gastaba esta gente. Claro, la cosa no es menos dramática en la mitología de Dune: coge esa tradición de muertes y traiciones y violencia y personalidades atormentadas y egos desatados y plántala en Arrakis.
Es justo lo que hizo Herbert. El duque Leto muere traicionado antes de terminar la primera novela. Paul gana un imperio y pierde a Chani, la vista y toda opción de frenar la yihad hecha en su nombre. Alia termina devorada desde dentro por su propia herencia paranormal.
Homero llama Atrida a Agamenón una y otra vez en la Ilíada. Cada vez que alguien pronuncia Atreides en Arrakis está señalando a este apodo homérico La conexión no es solo etimología. En el capítulo 11 de Hijos de Dune, Alia está asediada por la Otra Memoria, ese coro de antepasados que las Bene Gesserit llevan dentro. Entre las voces que pujan por hacerse oír hay una muy llamativa: dice ser Agamenón, antepasado suyo.
Es una sola línea y te reordena el linaje entero de los Atreides. No es un guiño para iniciados, es un dato del universo Dune. Lo mejor de la escena es que Agamenón pierde su duelo mental. Quien gana este battle royale metafísico por el alma de Alia es el barón Vladimir Harkonnen, la peor parte de ese árbol genealógico.
Más adelante, Ghanima, hija de Paul, le suelta a la Princesa Irulan que los Atreides se remontan a Agamenón, por si quedaba alguna duda. Y en Dios emperador de Dune, Leto II confirma que ha recorrido mentalmente la línea paterna hasta la Casa de Atreo. Dos novelas, tres confirmaciones, cero ambigüedad. Herbert repitió durante años que su trilogía iba de desconfiar de los héroes, y ese aviso estaba ya dentro de la tradición de la cultura occidental desde que a un ateniense se le ocurrió contar qué le pasa al gran monarca, Rey de los Hombres, que se cree intocable.
La tragedia funcionaba así: el que sube demasiado alto arrastra a su casa entera en la caída. Herbert cogió esa estructura y la idea de la Hibris, la soberbia que ofende a los dioses, le echó especia por encima y la mandó al desierto. Por eso El mesías de Dune desconcierta a quienes esperaban otra victoria de Paul y un relato heroico feliz: Herbert nos dejó una nueva advertencia de lo que pasa cuando una sociedad entrega su capacidad de decidir a un tipo carismático. Herbert lo dejó escrito en una novela que muchos leyeron como fantasía de poder y no como advertencia.
Villeneuve tiene el marrón de contar en diciembre esa parte incómoda de la historia. En el universo de Dune hay dos Agamenones y solo uno viene de Micenas Estos días circula bastante lío por redes, y hay trampa, como ya ha señalado algún reportaje. En La Yihad Butleriana, la precuela que Brian Herbert y Kevin J. Anderson publicaron en 2001, hay un general llamado Agamenón que es un Titán cymek: un cerebro humano enchufado a una máquina de guerra.
Ese Agamenón es el padre de Vorian Atreides. Es un personaje estupendo, pero no es el rey de Micenas ni lo escribió Frank Herbert. Si mezclas los dos, la genealogía se lía un poco. La distinción importa: el canon de Frank Herbert sostiene la conexión homérica.
El apellido viene de la Ilíada y el linaje está establecido en los libros originales. Lo demás son ampliaciones posteriores, legítimas pero distintas. Y fíjate en la simetría: Nolan manda a Odiseo al Hades a hablar con sus muertos, y Herbert se ahorró el viaje metiéndolos en la cabeza de los vivos. Cuando en diciembre veas a Paul en su trono, acuérdate de que ese apellido y ese trono lleva tres milenios sin traerle nada bueno a nadie.
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