El canterano, que marcó en el primer amistoso ante el Europa de este viernes, comenzó jugando descalzo en las calles de Lamoi, Gambia, creció en Mataró y se instaló en La Masia, donde le consideran uno de los grandes talentos de la cantera Es un diamante por pulir, todavía debe crecer futbolística y mentalmente y fue Flick quien tuvo la última palabra y le llamó para hacer la pretemporada con el primer equipo La pretemporada suele ser un momento en el que varios nombres de canteranos emergen, es el escenario ideal para darse a conocer. Bien lo sabe Fermín. Este verano, entre la quincena de canteranos llamados por Hansi Flick, destaca el de Ebrima Tunkara (16 años). Su nombre hace tiempo que sobrevuela La Masia, porque tiene un potencial inescrutable y todavía es un adolescente.
En el primer amistoso de la pretemporada de este viernes Tunkara logró el tercero de los cuatro goles de los de Flick al Europa. A pesar de que su nombre lleva tiempo instalado como una de las grandes promesas de la cantera, todos aquellos que conocen a Ebrima llaman a la calma. En enero firmó su primer contrato profesional y a principios de mayo el club le comunicó que haría pretemporada con el primer equipo. No fue una promesa tras la firma, pues la última palabra siempre la tiene Hansi Flick.
Ebrima se lo toma como un premio. No puede ser de otra manera para un futbolista que creció en una familia humilde y currante. Su padre, Abdul, emigró a Catalunya en busca de oportunidades en 2007 y, diez años después, pudo traerse a la familia. Cuando era un niño, Ebrima comenzó a jugar a fútbol descalzo en las calles de Lamoi, en su Gambia natal.
Para ir a la escuela debía andar varios kilómetros. Se instalaron en el barrio de Cerdanyola, en Mataró, cerca del de Rocafonda de Lamine Yamal. Se adaptó bien y rápidamente aprendió el catalán y el castellano. Fue Manel, un amigo de su padre que todavía a día de hoy le acompaña, quien le buscó su primer equipo.
La pasada temporada fue muy exigente para él. Hasta entonces, había jugado siempre ante futbolistas de la misma edad. Su talento y su físico, aplastante para los rivales, nunca le obligaron a jugar con la sexta marcha. Este año, el panorama cambió, compitiendo ante futbolistas hasta tres años mayores que él.
Su reto ha sido, y es, mantener un nivel de exigencia alto a lo largo de todo un partido. “Hay que exigirle al máximo y luego ver hasta dónde llega”, comentan desde el club. Un potencial por explorar y explotar Ebrima no deja de ser un chico que cumplió los 16 años hace algunos meses. Todavía se está formando mental y futbolísticamente. En lo primero, quieren que sea un jugador con más continuidad durante el partido.
Creen que todavía no es consciente del potencial que tiene. Y en lo futbolístico, tiene aspectos por pulir. Es un interior que también ha jugado de extremo. Combina el toque del prototipo de centrocampista azulgrana con un despliegue físico fuera de lo común.
Mide cerca de 180 centímetros y no creen que vaya a crecer mucho más. Es una altura ideal para su posición. Fue nombrado el MVP del Europeo Sub-17 de este verano y acabó como el tercer máximo goleador del Barça en liga, con nueve tantos. El canterano lleva seis años viviendo en La Masia.
Allí se ha hecho mayor. Los fines de semana, es habitual que se pasee por la Ciutat Esportiva para ver los partidos de sus compañeros. Se dice que es complicado ganarle al ping-pong. Este verano ha realizado un plan físico para llegar a punto y pasó unos días de vacaciones con Baba Kourouma, uno de sus mejores amigos.
Todavía no sabe dónde jugará esta temporada. A pesar de que ha quemado etapas de manera fulgurante, Ebrima mantiene los pies en el suelo. De ello también se encarga todo su entorno, desde sus entrenadores, el club, su familia o Pini Zahavi, su representante, que tiene línea directa con él. Aun estando con Flick, Ebrima no piensa ni en el primer equipo ni tan solo en el Barça Atlètic, con quien ha disputado poco más de dos horas de juego.
No es descartable que siga otro año en el Juvenil A de Pol Planas. El objetivo compartido entre todas las partes es que tenga minutos para seguir creciendo. Y el mensaje que le ha transmitido Flick es sencillo: que esté tranquilo y practique su fútbol.