Los robots actuales pueden ver, pero todavía no entienden: este es el gran reto de la inteligencia artificial

Los robots actuales pueden ver, pero todavía no entienden: este es el gran reto de la inteligencia artificial

La consciencia de los robots no es como en la ciencia ficción Robots que sienten, recuerdan y se rebelan contra sus creadores protagonizan películas como Blade Runner, Ex Machina o Yo, robot. Sin embargo, cuando los investigadores hablan de máquinas conscientes suelen referirse a una capacidad mucho más concreta: que un sistema pueda darse cuenta de lo que ocurre dentro y fuera de él. En inglés existe una diferencia entre consciousness, relacionada con la experiencia subjetiva, y awareness, que describe la capacidad de percibirse a uno mismo y comprender el entorno. Buena parte de la robótica actual se concentra en este segundo concepto.

El objetivo no es necesariamente crear una máquina con sentimientos , sino desarrollar robots capaces de identificar qué información es importante, detectar sus propias limitaciones y modificar su comportamiento cuando algo inesperado sucede. Un robot debería saber cuándo no puede continuar Imaginemos un robot industrial que debe transportar una pieza, pero descubre que solo le queda un 7% de batería. Un sistema tradicional podría continuar hasta detenerse a mitad de camino, salvo que alguien haya programado específicamente una regla para evitarlo. Una máquina con mayor autopercepción podría evaluar la distancia, calcular la energía necesaria y decidir que primero debe recargarse.

También debería reconocer si uno de sus sensores dejó de funcionar o si desconoce cómo completar una tarea. John McCarthy, uno de los pioneros de la inteligencia artificial, defendía ya en la década de 1990 que los robots necesitarían conocimientos introspectivos para operar en el mundo real. Esto significa que deberían poder representar sus propios procesos mentales y reconocer, por ejemplo, que no saben algo antes de tomar una decisión. © Bloomberg Live Youtube. Actualmente, muchos de estos problemas se solucionan mediante programas separados: una regla para la batería, otra para evitar obstáculos y otra para detectar fallos.

El desafío consiste en crear una arquitectura general que permita al robot interpretar situaciones nuevas sin programar cada excepción manualmente. Ver el mundo no significa comprenderlo Los vehículos autónomos y robots modernos pueden identificar objetos mediante cámaras, radares y sensores. Sin embargo, reconocer una imagen no equivale a comprender su significado. Un automóvil podría detectar una señal de “Stop” dibujada dentro de un anuncio publicitario y confundirla con una orden real.

Del mismo modo, un robot puede ver que una persona extiende un objeto, pero no entender que pretende entregárselo. La autopercepción artificial permitiría combinar el contexto, las intenciones humanas y el estado interno de la máquina. Una investigación europea sobre awareness en robótica sostiene que este tipo de sistemas podría producir robots más capaces, adaptables y confiables en entornos cambiantes. Inteligencia no significa necesariamente consciencia La gran discusión aparece cuando se pasa de la autopercepción funcional a la experiencia subjetiva.

Para algunos filósofos, una máquina solo sería verdaderamente consciente si pudiera experimentar colores, sonidos, recuerdos, emociones, placer o dolor. Un estudio publicado en Science propuso distinguir tres niveles. El C0 abarca procesos automáticos, como reconocer objetos; el C1 permite seleccionar información y hacerla accesible al resto del sistema; y el C2 implica observar los propios pensamientos, detectar errores y expresar grados de certeza. Una evaluación interdisciplinaria publicada en 2023 concluyó que no existen pruebas de que los sistemas actuales sean conscientes.

Sin embargo, sus autores tampoco encontraron barreras técnicas evidentes para construir máquinas que cumplan algunos indicadores derivados de las teorías científicas de la consciencia. El problema comenzará si las máquinas pueden sufrir Crear robots más autónomos puede mejorar las fábricas, los vehículos o las misiones espaciales. Pero una máquina verdaderamente sintiente plantearía preguntas mucho más difíciles. ¿Sería responsable de sus actos? ¿Podría recibir un castigo? ¿Tendría derechos? Si una máquina fuera capaz de experimentar sufrimiento, ya no sería solamente una herramienta tecnológica.

Por ahora, los robots no han alcanzado ese punto. Lo que la ciencia intenta construir son sistemas que entiendan mejor sus límites y el mundo que los rodea. Pero cuanto más se parezcan sus decisiones a las humanas, más difícil será determinar dónde termina la programación y dónde comienza algo parecido a una mente. Fuente: Xataka.