Es fácil caer siempre en la misma cuenta. Si tienes 38 años y acudes de tanto en tanto a Dragon Ball y Naruto, o sigues al pie del cañón con One Piece, lo más probable es que alguien se asome mirándote por encima del hombro y saque aquello del síndrome de Peter Pan. Por suerte, ya tienes algo que contestarle. Dos cosas, en realidad.
La primera es que lo del síndrome de Peter Pan no existió jamás, que es algo que se inventó un psicólogo para vender libros y que nunca entró en ningún manual de psicología porque era una patraña. La segunda, que lo de ver dibujos animados pasados los 30 años no es ni un problema de nostalgia ni una cuestión de inmadurez. Ni inmadurez ni síndrome de Peter Pan Aunque la nostalgia sí fue un problema durante 318 años, convertido en enfermedad tras ver cómo la melancolía se llevaba por delante el ánimo de los soldados suizos cuando tenían que viajar al extranjero, la patraña duró tres siglos antes de que la psicología se preocupase por medirla realmente en un laboratorio. Lo hizo la Universidad de Southampton con un estudio que empezó en 2006 y que, para 2012, ya había convertido el drama en fantasía de poder.
Si estabas más triste y solo, la nostalgia te daba un sentido vital, mejoraba las conexiones sociales y, de rebote, te hacía aguantar mejor el frío. Sí, no es coña, es una fantasía de poder literal. Es decir, que si te dicen que lo de plantarte un sábado por la mañana en el sofá a ver dibujos es porque tienes un problema de nostalgia, ya puedes contestarles que gracias a ello vas a pagar menos que ellos en la factura de la calefacción. Eso sí, no caigas en el error de decir que las series de antes eran mejores que las de ahora, porque será la nostalgia jugándote una mala pasada.
Si lo creemos a pies juntillas es porque la memoria nos empuja a ensalzar todo lo que ocurrió mientras teníamos entre 10 y 30 años. En ese pico de autoconciencia, cuando nuestro cerebro empieza a fabricar nuestra identidad y decidir quiénes seremos a partir de entonces, sentarse ante Dragon Ball o Los Caballeros del Zodiaco te hará creer a posteriori que aquello fue lo mejor que ibas a ver en toda tu vida. La psicología dice que es algo positivo Por si las moscas, por si te ves arrastrado a defender ese ideal a capa y espada, un consejo antes de meterte en batallas que no puedes ganar. No te pares a analizar si los frames se mueven más o menos que la animación de Invencible, que igual te llevas un chasco y no quiero arruinarte el recuerdo de las peleas de Goku.
En cualquier caso, eso es justo lo que necesitamos para despejar la segunda X que dejamos al principio, lo de la inmadurez. Lo que reactiva en tu cerebro el sentarte a ver aquellos dibujos de tu infancia de nuevo no es sólo una forma de evadirte o de querer volver a tu niñez, es la psicología demostrándote que esa transformación del yo sigue presente. Que más allá de hipotecas, exparejas tóxicas y una vida laboral que deja bastante que desear, aquella persona sigue ahí y ha sobrevivido a todo ello. Que no es escapar de la realidad, vamos, que es reafirmarla.
Puede que Dragon Ball no sea aquella serie espectacular y frenética que tú tenías en la cabeza, pero es más sorprendente aún que sirva como medicina puntual para tus niveles de estrés. Si a esa experiencia sumas un hijo o un sobrino, puede que la cansina voz que te recordaba lo de Peter Pan acuda también a chafarte la fiesta, pero para ese momento también hay otra réplica. Toca decirle que, en ese viaje al pasado cargado de nostalgia e identidad, no estás intentando meterle por el gaznate las peleas de Gohan que te emocionaron de niño, estás utilizando la mejor herramienta que tienes a tu disposición para hacerle ver quién eras y qué vivías cuando tenías su edad.