Llevar la inteligencia artificial fuera del planeta Los centros de datos necesitan enormes cantidades de electricidad , terrenos, sistemas de refrigeración y agua. Ante el crecimiento de la inteligencia artificial, varias compañías creen haber encontrado una alternativa extrema: trasladar parte de esa infraestructura al espacio. La propuesta consiste en colocar ordenadores sobre satélites alimentados por grandes paneles solares. En determinadas órbitas, estos equipos tendrían acceso prolongado a la radiación solar y podrían procesar información sin depender de las redes eléctricas terrestres.
Los resultados se enviarían después mediante comunicaciones ópticas o de radio. SpaceX solicitó autorización para desplegar hasta un millón de satélites concebidos como centros de datos orbitales . Starcloud propuso 88.000 unidades, Blue Origin presentó Project Sunrise con hasta 51.600 y Cowboy Space quiere lanzar una constelación de 20.000 aparatos. En conjunto, las solicitudes pendientes superan ampliamente el millón de satélites. © AFP Español Youtube.
El problema comienza antes de alcanzar la órbita Para construir estas redes sería necesario multiplicar la cantidad de lanzamientos. Los cohetes liberan hollín negro, compuestos de cloro, óxidos de nitrógeno, vapor de agua y partículas de aluminio directamente en capas elevadas de la atmósfera, donde los contaminantes pueden permanecer durante más tiempo que cerca de la superficie. Un estudio publicado en 2025 calculó que el crecimiento de los lanzamientos podría retrasar la recuperación de la capa de ozono. En uno de sus escenarios para 2030, la reducción media global sería cercana al 0,3%, mientras que la pérdida durante la primavera antártica alcanzaría el 3,9%.
Los investigadores identificaron al hollín y al cloro de algunos combustibles como los principales responsables. Estas cifras no demuestran que los centros de datos espaciales vayan a producir inevitablemente una catástrofe. Sí indican que desplegar constelaciones a una escala nunca vista exigiría evaluar sus efectos acumulativos antes de conceder las licencias. Los satélites tampoco desaparecen sin dejar residuos Los satélites de órbita baja suelen tener una vida limitada.
Cuando dejan de funcionar, descienden y se desintegran por el calor generado durante el reingreso. Aunque este proceso evita que grandes estructuras lleguen al suelo, sus materiales no desaparecen: se convierten en vapores y partículas metálicas. Investigadores de la NOAA detectaron más de 20 elementos procedentes de naves espaciales dentro de aerosoles de ácido sulfúrico de la estratósfera. Cerca del 10% de las partículas analizadas contenía aluminio y otros metales relacionados con reingresos.
Con el crecimiento previsto, esa proporción podría alcanzar la mitad, aunque todavía se desconoce cómo modificaría la química atmosférica. Los óxidos de aluminio preocupan especialmente porque podrían facilitar reacciones que destruyen ozono. Además, una constelación de un millón de unidades con una vida media de cinco años implicaría reemplazar y hacer reingresar hasta 200.000 satélites anualmente, según una estimación incluida en la petición presentada ante la FCC. Un cielo más brillante y una órbita más peligrosa El impacto no se limitaría a la atmósfera.
Cada satélite puede reflejar luz solar y dejar rastros en las observaciones astronómicas. Millones de nuevos puntos luminosos dificultarían el trabajo de los telescopios y alterarían la oscuridad natural de la que dependen aves migratorias, insectos y otros animales. También aumentaría el riesgo de colisiones y basura espacial. Incluso NASA señaló que algunas solicitudes contienen pocos detalles sobre eliminación de aparatos , coordinación orbital y prevención de impactos.
Por eso, Earthjustice, DarkSky International, PEER y Environment America pidieron a la Comisión Federal de Comunicaciones que suspenda las nuevas licencias hasta realizar una evaluación ambiental conjunta. La tecnología promete aliviar la presión de los centros de datos terrestres, pero podría trasladar el problema a una zona mucho más difícil de limpiar: la atmósfera y la órbita que rodean al planeta. Fuente: Infobae.