La escena es habitual durante los meses de verano o mientras se hace con el móvil alguna tarea exigente a nivel gráfico. Sucede incluso con el ajuste de brillo automático desactivado, y es que el sistema operativo comienza a responder con una lentitud desesperante. Ante esta situación, la primera reacción de la mayoría de los usuarios es pensar que el terminal sufre una avería de hardware, un fallo en el panel OLED o que la batería está llegando al fin de su vida útil. Sin embargo, este comportamiento no es un defecto.
De hecho, es al contrario, ya que se trata de una de las funciones de seguridad más precisas y cruciales del dispositivo, diseñada específicamente para salvar los componentes internos del calor. Explicación del thermal throttling Para comprender por qué un teléfono móvil restringe sus propias capacidades, es necesario ver cómo gestionan la energía los microprocesadores modernos. A diferencia de los ordenadores de sobremesa o portátiles, los smartphones carecen de ventiladores físicos que expulsen el aire caliente al exterior. Su refrigeración es pasiva y depende por completo de la disipación a través del chasis, el cristal de la pantalla o los sistemas internos de cámara de vapor.
Cuando el chip alcanza temperaturas de en torno a los 45 grados en la batería y por encima de los 80 en los núcleos de la CPU, el sistema operativo activa de manera inmediata un protocolo de autodefensa denominado thermal throttling. Este mecanismo reduce de forma drástica la frecuencia de reloj del procesador (los gigahercios a los que trabaja) para disminuir la corriente eléctrica que circula por él. Como consecuencia inevitable para el usuario, el rendimiento general del teléfono disminuye y las aplicaciones o transiciones de la pantalla empiezan a ir lentas o a «tirones». Por qué baja el brillo El procesador no es el único componente que genera y sufre las consecuencias de las altas temperaturas dentro del hermético chasis de un teléfono móvil.
Los ingenieros de hardware desglosan los dos factores críticos que obligan al terminal a limitar la potencia del panel de visualización: - Degradación acelerada del silicio y los diodos: Las pantallas OLED de alta gama son capaces de alcanzar picos de brillo extraordinarios para verse bajo la luz directa del sol. Sin embargo, emitir tanta luz genera una inmensa cantidad de calor adicional. Si el terminal ya se encuentra caliente debido a la temperatura ambiental, mantener el panel al máximo aceleraría el desgaste de los diodos orgánicos, provocando quemaduras permanentes en la pantalla o la rotura de los circuitos del digitalizador. - Inestabilidad química del litio: La batería es el componente más sensible al calor de todo el ecosistema móvil. Las temperaturas elevadas aceleran las reacciones químicas destructivas en el interior de las celdas de iones de litio.
Al disminuir el brillo de la pantalla y ralentizar la velocidad de la CPU, el teléfono reduce de manera inmediata la demanda de corriente a la batería, protegiéndola de la degradación acelerada, el hinchamiento o, en casos extremos, la combustión. Cuando experimentes este descenso de rendimiento y brillo, lo mejor es no forzar el dispositivo. Intentar subir el brillo manualmente de forma insistente o insistir en jugar a títulos exigentes solo prolongará la situación de estrés térmico. Cómo enfriarlo Para acelerar el proceso de enfriamiento, lo mejor que puedes hacer es quitar la funda protectora de inmediato (ya que estas suelen actuar como aislante térmico, atrapando el calor), cerrar todas las aplicaciones en segundo plano y suspender la carga del terminal si se encuentra conectado a la corriente.
Tampoco se debe cometer jamás el grave error de introducir el teléfono en el frigorífico o situarlo frente al flujo de aire directo del aire acondicionado, puesto que el cambio drástico de temperatura generaría condensación de agua en el interior del dispositivo, provocando un cortocircuito irreversible. De esto último ya hemos hablado en ADSLZone.