Cientos de pueblos españoles están cambiando el color de la noche sin darse cuenta

Cientos de pueblos españoles están cambiando el color de la noche sin darse cuenta

Un satélite chino detectó el cambio desde el espacio La modernización del alumbrado público está modificando el paisaje nocturno de España. Numerosos municipios pequeños han reemplazado las antiguas lámparas de vapor de sodio, reconocibles por su tono amarillo o anaranjado, por farolas LED de luz blanca. El objetivo era reducir el consumo eléctrico y los gastos de mantenimiento, pero el cambio dejó una huella inesperada visible desde la órbita. La transformación aparece en RALAN-Map EU, el primer mapa calibrado de contaminación lumínica de alta resolución de la península ibérica.

El proyecto fue desarrollado por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid y el International Research Center of Big Data for Sustainable Development Goals . También incluye Baleares, Canarias y Madeira. © Magnific Un mapa capaz de distinguir el color de las farolas La herramienta utiliza observaciones de SDGSAT-1, un satélite chino lanzado en 2021 para estudiar fenómenos relacionados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. Su cámara nocturna registra imágenes en color con una resolución espacial de 40 metros, suficiente para observar diferencias entre barrios, carreteras y pequeños núcleos urbanos. Los mapas nocturnos tradicionales mostraban principalmente la intensidad del brillo.

SDGSAT-1 permite estimar además la temperatura de color: revela si una población utiliza iluminación cálida o si predominan lámparas blancas con un componente azul más elevado. Al cruzar estos datos con la información municipal aparece una paradoja. Aunque las grandes ciudades emiten mucha más luz en términos absolutos, numerosos municipios de menos de 5.000 habitantes presentan tonalidades más frías. En muchos pueblos, renovar un inventario reducido de farolas fue más rápido y económico que reemplazar progresivamente miles de puntos de luz en una gran capital.

Ahorrar electricidad no siempre significa contaminar menos La tecnología LED puede consumir considerablemente menos energía que las lámparas antiguas. El problema no es el LED por sí mismo, sino la elección de luminarias demasiado potentes, mal orientadas o con temperaturas de color elevadas. La luz azul posee longitudes de onda más cortas y se dispersa con mayor facilidad en la atmósfera . Una farola puede gastar menos electricidad y, al mismo tiempo, contribuir más al resplandor del cielo si emite una gran proporción de luz azul hacia zonas donde no resulta necesaria.

Investigaciones realizadas sobre ciudades españolas ya habían detectado un aumento de las emisiones nocturnas y un desplazamiento progresivo de su color hacia el azul. © KEVIN CLYDE BERBANO Youtube. Los pueblos están rodeados por ecosistemas más sensibles El patrón resulta especialmente relevante porque muchas localidades pequeñas están próximas a campos, bosques, ríos y espacios naturales protegidos. Allí, una farola no afecta únicamente a las personas que utilizan una calle: también modifica un entorno que evolucionó durante millones de años con noches oscuras. La evidencia científica relaciona la iluminación nocturna con cambios en la actividad, alimentación, reproducción y orientación de numerosas especies.

Los estudios han encontrado efectos sobre insectos y aves, mientras que las fuentes blancas frías pueden provocar alteraciones más intensas en algunos animales que las luces cálidas. La solución no consiste en recuperar las farolas antiguas El mapa no demuestra que modernizar el alumbrado haya sido un error. Su valor está en mostrar que el ahorro energético debe acompañarse de una planificación ambiental . Los ayuntamientos pueden utilizar LED cálidos, orientar la luz exclusivamente hacia el suelo, reducir la intensidad durante la madrugada e instalar sensores para iluminar solo cuando sea necesario.

RALAN-Map EU permite localizar dónde predomina la luz fría y evaluar futuras renovaciones con una precisión que antes no existía. España está gastando menos electricidad en iluminar muchos de sus pueblos, pero el satélite demuestra que eficiencia energética y protección de la noche no siempre significan exactamente lo mismo. Fuente: Xataka.