La producción de trigo y maíz en Bolivia no cubre el consumo y agrava la dependencia de las importaciones

La producción de trigo y maíz en Bolivia no cubre el consumo y agrava la dependencia de las importaciones

Bolivia afronta un déficit estructural en dos cultivos fundamentales para su cadena alimentaria. La producción nacional de trigo apenas permite atender una pequeña parte de las necesidades de la industria harinera, mientras que la oferta de maíz tampoco alcanza para abastecer a sectores como el avícola, porcino, ganadero y alimentario. El gerente general de la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo), Jaime Hernández, advirtió este lunes 27 de julio de que el país ha perdido soberanía alimentaria en ambos productos y necesita recuperar la superficie cultivada y los niveles de productividad. Déficit estimado de trigo y maíz en Bolivia Cultivo Demanda interna anual Producción o previsión actual Cobertura nacional Déficit estimado Trigo 850.000 toneladas Entre 85.000 y 102.000 toneladas Entre el 10% y el 12% Entre 748.000 y 765.000 toneladas Maíz 1.200.000 toneladas 450.000 toneladas 37,5% 750.000 toneladas Fuente: Anapo y cálculos propios a partir de las cifras facilitadas por la organización.

Bolivia necesitaría cubrir desde el exterior cerca del 88% de su consumo de trigo y el 62,5% de la demanda nacional de maíz La producción de trigo cae a niveles mínimos La situación más delicada se registra en el cultivo de trigo . La demanda boliviana ronda las 850.000 toneladas anuales, pero la producción de 2025 se quedó en 92.010 toneladas, alrededor del 11% del consumo. Las importaciones de trigo y harina alcanzaron durante ese ejercicio los 79,3 millones de dólares. El 92% de esas compras procedió de Argentina, lo que evidencia la elevada exposición del mercado boliviano a la disponibilidad de divisas, los precios internacionales y las condiciones comerciales del país vecino.

La campaña de invierno de 2026 ha profundizado el problema. La superficie sembrada se ha reducido a unas 57.210 hectáreas, la cifra más baja de las últimas tres décadas en Santa Cruz, frente a las aproximadamente 150.000 hectáreas cultivadas en 2015. Ese departamento concentra cerca del 69% de la producción nacional. Anapo calcula que la cosecha de este año permitirá cubrir solamente entre el 10% y el 12% del consumo.

La organización atribuye el retroceso a las pérdidas provocadas por la sequía, el encarecimiento de los insumos, la incertidumbre económica y las dificultades para acceder al diésel agrícola . La superficie sembrada con trigo ha pasado de unas 150.000 hectáreas en 2015 a poco más de 57.000 hectáreas en la campaña de 2026 El maíz deja de generar excedentes El maíz boliviano también ha pasado de una situación de autosuficiencia a otra de déficit. Hernández recordó que hasta 2012 la producción nacional permitía atender el consumo interno e incluso generaba excedentes para la exportación. Anapo sostiene que las restricciones aplicadas durante años a las ventas exteriores redujeron los incentivos para ampliar la superficie cultivada y realizar inversiones.

A este factor se sumaron las sequías, las plagas, la falta de combustible y el aumento de los costes. Según las cifras facilitadas por el representante empresarial, Bolivia produce actualmente unas 450.000 toneladas de maíz frente a una demanda de 1,2 millones. El déficit se situaría, por tanto, en unas 750.000 toneladas. El balance de Anapo correspondiente a 2025 había situado la producción de maíz en 543.619 toneladas, después de un crecimiento anual del 73%.

La estimación actual de 450.000 toneladas apuntaría a un nuevo retroceso de la oferta disponible. Parte de la brecha se cubre mediante importaciones y mediante maíz introducido informalmente desde Argentina. Hernández destacó que buena parte de ese grano procede de cultivos que utilizan semillas biotecnológicas , mientras los agricultores bolivianos han tenido históricamente un acceso más limitado a esas herramientas. El déficit de maíz afecta a toda la cadena ganadera y alimentaria porque el grano constituye uno de los principales componentes de los piensos Un plan nacional para recuperar los cultivos Los productores y el Gobierno boliviano trabajan en la elaboración de un plan nacional triguero que permita aumentar la superficie sembrada, mejorar los rendimientos y reducir progresivamente la dependencia exterior.

La propuesta incluye investigación, asistencia técnica, financiación, seguros agrícolas, precios de referencia, abastecimiento de combustible y acceso a nuevas tecnologías. Anapo considera que estas medidas deben aplicarse de forma coordinada y mantenerse durante varias campañas para devolver certidumbre a los agricultores. Principales medidas planteadas para recuperar la producción Área de actuación Medida propuesta Objetivo Financiación Créditos adaptados a los ciclos agrícolas Facilitar la inversión y la siembra Seguro agrícola Cobertura frente a sequías y pérdidas Reducir el riesgo asumido por el productor Precios Referencias conocidas antes de la campaña Garantizar rentabilidad y certidumbre Combustible Entrega oportuna de diésel Evitar retrasos en siembra y cosecha Investigación Nuevas variedades y semillas adaptadas Mejorar los rendimientos Biotecnología Incorporación de eventos resistentes Reducir pérdidas climáticas y por plagas Exportaciones Normas estables para los excedentes Incentivar el crecimiento productivo Durante el Día Nacional del Trigo de 2026 también se presentó la variedad Génesis, desarrollada para elevar el potencial productivo. El sector ha destacado, además, la aprobación del evento HB4 para trigo, tolerante a la sequía, aunque su incorporación a variedades adaptadas a los suelos y condiciones climáticas del país podría tardar entre cuatro y cinco años.

La autorización concedida en marzo para utilizar la tecnología HB4 en la producción de soya confirmó la apertura del Gobierno boliviano a nuevas herramientas agrícolas. No obstante, su aplicación en trigo y maíz requerirá investigación, desarrollo de semillas, controles de bioseguridad y capacidad para que la tecnología llegue efectivamente a los productores. La recuperación de la producción nacional de granos dependerá, por tanto, no solo de las semillas utilizadas, sino también de la disponibilidad de combustible, la financiación, los precios y la estabilidad de las políticas públicas. Mientras esas condiciones no se consoliden, Bolivia seguirá expuesta a las importaciones y a la salida de divisas para garantizar el abastecimiento de trigo, harina y maíz.