Bloomberg Línea — El mercado de ofertas públicas iniciales (OPI) atraviesa en 2026 su mayor reactivación en años y el volumen de emisiones ya marca un máximo histórico. Sin embargo, Goldman Sachs (GS) sostiene que el fuerte repunte no constituye, por ahora, una señal inequívoca de un exceso de mercado y considera prematuro interpretar el aumento de las colocaciones como el inicio del final del ciclo bursátil. Allison Nathan, analista de Goldman Sachs, plantea que la reapertura del mercado de OPI ha dado lugar a dos grandes interrogantes para los inversionistas: si el incremento de las emisiones representa una advertencia típica de las fases finales del ciclo y si el mercado será capaz de absorber una oferta tan elevada de nuevas acciones. La firma reunió las opiniones de Jay Ritter, director de The IPO Initiative de la Universidad de Florida; Owen Lamont, vicepresidente sénior y gestor de carteras de Acadian Asset Management; y Ben Snider, estratega jefe de renta variable estadounidense de Goldman Sachs, quienes coinciden en que todavía no puede hablarse de una auténtica ola de OPI.
Snider sostiene que, aunque los volúmenes medidos en dólares ya alcanzan niveles récord, “el número de operaciones hasta la fecha, mucho más cercano al promedio de largo plazo que a los niveles de anteriores auges, sugiere que la reapertura actual es más una normalización de la actividad de OPI, amplificada por unas pocas operaciones de gran tamaño, que un verdadero auge de OPI”. Récord de emisiones, pero sin señales claras de euforia Ritter añade que el número de operaciones continúa siendo relativamente reducido desde una perspectiva histórica debido tanto a factores cíclicos como estructurales. Lamont comparte ese diagnóstico y considera que el mercado sigue atravesando una “sequía de OPI” si se observa únicamente la cantidad de operaciones, aunque reconoce que empiezan a aparecer indicios de una futura ola de emisiones y de ampliaciones de capital. El récord de emisiones tampoco preocupa por igual a todos los analistas.
Snider afirma sentirse menos inquieto que el inversor, promedio porque las señales que tradicionalmente acompañan a los grandes ciclos de OPI no aparecen con claridad. → Suscríbete al newsletter Línea de Mercado, una selección de Bloomberg Línea con las noticias bursátiles más destacadas del día. Además del moderado número de operaciones, destaca que “las valoraciones de las OPI están solo modestamente por encima de su promedio de largo plazo y muy por debajo de los niveles de los auges anteriores”. Ritter, por su parte, recuerda que los elevados volúmenes de nuevas emisiones solo han anticipado históricamente menores rendimientos bursátiles futuros “apenas un poco mejor que el azar”. Lamont mantiene una visión más prudente.
Reconoce que el incremento de las emisiones puede responder simplemente a las necesidades de financiación derivadas del desarrollo de la inteligencia artificial, aunque advierte de que otras burbujas tecnológicas también estuvieron acompañadas por fuertes ciclos de emisión de acciones y gasto en capital. Por ello, considera que una ola de emisiones constituye uno de los “cuatro jinetes” de una burbuja de mercado, si bien subraya que “pueden marcar el comienzo de una burbuja más que su final”. Al mismo tiempo, encuentra un elemento tranquilizador en la ausencia de fuertes subidas durante la primera jornada de cotización de las OPI recientes, un comportamiento que, a su juicio, refleja la falta de euforia especulativa. La capacidad de absorción del mercado, bajo vigilancia Más allá de las valoraciones, Goldman Sachs centra parte de la atención en la capacidad del mercado para absorber el elevado volumen de emisiones.
Snider considera exageradas esas preocupaciones y argumenta que los cerca de US$700.000 millones de emisiones de renta variable corporativa que prevé para este año siguen siendo modestos frente al tamaño del mercado estadounidense y que la demanda por acciones continúa siendo sólida. También explica que existe una “dinámica auto limitante”, porque las compañías sólo acudirán al mercado mientras la demanda resulte suficiente. Ritter comparte esa visión y sostiene que el mercado dispone de abundante liquidez para absorber nuevas colocaciones, ya que las empresas estadounidenses han devuelto alrededor de US$1,6 billones anuales a los inversionistas mediante dividendos y recompras de acciones, capital que posteriormente debe reinvertirse. Lamont admite que existe un umbral a partir del cual una mayor oferta terminaría presionando las cotizaciones, aunque señala que resulta difícil determinar dónde se encuentra ese límite.
El análisis también incorpora el aumento de las emisiones de deuda destinadas principalmente a financiar inversiones vinculadas a la inteligencia artificial. Lamont considera que el verdadero foco de atención sería la coincidencia de una ola de emisiones de deuda y otra de acciones, mientras que Snider identifica dos variables para seguir en los próximos meses: la evolución de los rendimientos del primer día de cotización y cualquier cambio significativo en las perspectivas de la inteligencia artificial, factores que podrían modificar tanto el comportamiento del mercado como el de las futuras OPI.