Proverbio chino: "Si quieres ser feliz durante una hora, echa una siesta. Si quieres ser feliz el resto de tu vida, ayuda a alguien"

Proverbio chino: "Si quieres ser feliz durante una hora, echa una siesta. Si quieres ser feliz el resto de tu vida, ayuda a alguien"

Hay un viejo proverbio chino que dice: "Si quieres ser feliz una hora, echa una siesta. Si quieres ser feliz un día, ve a pescar. Si quieres ser feliz durante un año, hereda una fortuna. Si quieres ser feliz el resto de tu vida, ayuda a otra persona”.

Si te paras a pensarlo, pese a tener cientos de años, es el mejor ejemplo de cómo funciona nuestra sociedad de hoy en día. Funcionando por capas, cada frase responde a una vivencia de nuestro día a día. La siesta como placer inmediato pero efímero no se aleja mucho de la gratificación de un "me gusta" en redes sociales. La pesca, por otro lado, vendría a ser la experiencia comprada en forma de viaje o concierto, y la herencia vendría a formar parte de esa necesidad de un ingreso desorbitado a la que muchos jóvenes se agarran hoy en día para poder salir adelante.

El último escalón, en cualquier caso, es algo que ni la tecnología ni el dinero han conseguido entregar. Lo que dice la ciencia sobre la generosidad Tal y como recogen los expertos, la felicidad nunca procede de los bienes materiales: "En sociedades más materialistas, la gente suele decir que está menos realizada, o incluso más deprimida. La felicidad eudaimónica desplaza el enfoque del placer personal a algo más grande, ya que dar a los demás puede aumentar el bienestar más allá de lo que sentimos al gastar dinero en nosotros mismos". Un estudio de la Universidad de la Columbia Británica recogido por Science Daily demostraba que, incluso entre aquellos que más tienen, las personas que acostumbran a invertir su dinero en apoyar y ayudar a otros gozan de niveles de felicidad mucho más altos que quienes usan ese holgado colchón económico sólo para autosatisfacerse de forma egoísta.

La diferencia está entre lo que la psicología separa entre placer hedónico y placer eudaimónico. El primero es el que está estrechamente relacionado a esa fugacidad, a placeres a corto plazo como los que te entrega el dinero y la fama. El otro, en cambio, apuesta por una forma de felicidad que no depende de la satisfacción instantánea, sino de sentirnos útiles en un mundo que, tal y como muestran los recientes incendios, cada vez necesita más ayuda.