Henry Heredia, Leduar Suárez, Roberto Paz y Reidy Cardona dominaron la final disputada en el Centro de Remo y Canotaje Presa de Rincón, donde detuvieron el cronómetro en 6:20.87 minutos, el mejor registro de la competencia. El cuarteto cubano cruzó la meta con una ventaja de 2.16 segundos sobre la embarcación de México, integrada por Roberto Ahumada, Alexis López, Miguel Carballo y Andre Simsch, que marcó 6:23.03. El bronce correspondió a Venezuela, representada por Jonas Díaz, José Guipe, César Amaris y Jakson Vicent, con 6:23.50. En una prueba donde las diferencias suelen medirse en décimas, el margen conseguido por los cubanos reflejó un dominio convincente.
La tripulación caribeña logró imponer un ritmo sostenido desde los primeros parciales y administró la ventaja hasta la línea de llegada, sin dar opciones a sus principales perseguidores. Detrás del podio finalizaron República Dominicana, El Salvador y Guatemala, en ese orden. El triunfo coronó una mañana de fuertes emociones para el remo cubano. Horas antes, el cuatro pares de remos cortos femenino había conquistado la medalla de plata tras una cerrada regata decidida por apenas 0.85 segundos a favor de México, un desenlace que evidenció el elevado nivel competitivo entre ambas potencias regionales.
La combinación de una plata obtenida por un margen mínimo y un oro conquistado con autoridad convirtió la jornada en una de las más alentadoras para el remo de la isla en estos Juegos. Al término de las competencias, el metodólogo nacional de remo, Mario Octavio Oviedo, expresó a Prensa Latina su satisfacción por los resultados alcanzados y destacó que son fruto del trabajo colectivo, la disciplina y la entrega de atletas, entrenadores y personal técnico. Sus palabras adquieren un significado especial si se tiene en cuenta el contexto en que se prepara el deporte cubano. Cada entrenamiento, cada concentración y cada competencia internacional han debido sortear limitaciones materiales y dificultades para acceder al equipamiento, la tecnología y el fogueo competitivo que hoy resultan habituales para otras naciones.
En medio de las restricciones impuestas por el bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos, que también afectan el desarrollo del deporte cubano, la medalla conquistada bajo el intenso calor de Santo Domingo adquiere un valor que trasciende el metal. Es la confirmación de que el esfuerzo, la disciplina y la voluntad continúan impulsando a los remeros cubanos a mantenerse entre los mejores de la región. La embarcación cubana no solo llegó primero a la meta. También llevó consigo el premio a la perseverancia de un deporte que sigue remando contra la corriente y que, una vez más, encontró en el agua el mejor escenario para demostrar su grandeza. to/mpv