Los alimentos ultraprocesados llevan años en el punto de mira por su relación con problemas como la obesidad, la diabetes o las enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, la ciencia está prestando cada vez más atención a otra posible consecuencia de una dieta basada en este tipo de productos: su impacto sobre el cerebro. Diferentes estudios han encontrado asociaciones entre un consumo elevado de ultraprocesados y un mayor riesgo de deterioro cognitivo, depresión, ansiedad e incluso enfermedades neurodegenerativas. La evidencia, no obstante, tiene un matiz importante: la mayoría de estas investigaciones son observacionales y muestran correlaciones, pero no pueden afirmar que estos alimentos sean directamente la causa de todos estos problemas.
Deterioro cognitivo El problema es que estos productos están en el día a día y forman parte de todas las dietas. Hablamos de bebidas azucaradas, carnes procesadas, platos preparados, salsas y mucho más. Según explica New Scientist, el debate está cogiendo forma y cada vez existen más indicios que apuntan a una posible relación entre la alimentación y la salud cerebral a largo plazo. Uno de los principales problemas a la hora de estudiar los efectos de estos alimentos es definir exactamente qué se considera ultraprocesado.
La clasificación NOVA, utilizada habitualmente en investigación nutricional, agrupa productos muy diferentes dentro de la misma categoría. Esto hace que no todos los alimentos ultraprocesados tengan necesariamente el mismo perfil nutricional ni, por tanto, el mismo impacto sobre la salud. Ahora bien, los trabajos hablan por sí solos. Un estudio publicado en 2024, que siguió durante años a unas 30.000 personas, observó que un aumento de la proporción de ultraprocesados en la dieta estaba asociado con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y accidente cerebrovascular.
Otra investigación realizada en Brasil con más de 10.000 adultos encontró que quienes obtenían una mayor proporción de su energía a partir de ultraprocesados presentaban un deterioro más rápido de determinadas funciones cognitivas, incluidas las relacionadas con la memoria y las funciones ejecutivas. El efecto también se observó en personas menores de 60 años. El asunto dio un paso más con otro análisis publicado en 2025, que estudió los datos de más de 58.000 personas de entre 40 y 70 años. En este caso, un mayor consumo de ultraprocesados se relacionó con un incremento del riesgo de demencia, enfermedad de Parkinson y esclerosis múltiple.
Depresión y ansiedad Algunos estudios han encontrado asociaciones entre un consumo elevado de estos productos y determinados trastornos de salud mental. Uno de ellos siguió durante años a más de 31.000 mujeres que inicialmente no presentaban depresión. Las participantes con un consumo especialmente elevado de ultraprocesados mostraron un mayor riesgo de desarrollar este trastorno. En concreto, el grupo con mayor ingesta presentó un riesgo un 49 % superior, aunque los investigadores tampoco pudieron establecer una relación causal directa.
La alimentación mediterránea ofrece, en cierto modo, una perspectiva complementaria. Este patrón alimentario, caracterizado por una mayor presencia de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, pescado y aceite de oliva, suele contener una proporción menor de ultraprocesados y se ha relacionado con una mejor salud mental. ¿Por qué afectan? Los investigadores tienen diferentes formas de explicar estas asociaciones. Una de ellas tiene que ver con el eje intestino-cerebro.
Las dietas con un exceso de azúcar, grasas y sal pueden alterar la composición de la microbiota intestinal y favorecer procesos inflamatorios. Esta comunicación entre el intestino y el sistema nervioso podría influir en aspectos relacionados con el estado de ánimo y la función cerebral. También tiene que ver la regulación de la insulina. New Scientist cita un pequeño estudio que vio que consumir durante varios días una cantidad elevada de snacks ultraprocesados podía modificar la respuesta cerebral a esta hormona.
Aunque el trabajo no demostró efectos directos sobre la salud cerebral a largo plazo, los investigadores consideran que podría haber relación entre los ultraprocesados y el envejecimiento del cerebro. También existen indicios preliminares sobre posibles cambios en estructuras cerebrales como el hipocampo, una región fundamental para la memoria.