Los "tres grandes pecados" de los nuevos aranceles 301 de Estados Unidos

Los "tres grandes pecados" de los nuevos aranceles 301 de Estados Unidos

Los "tres grandes pecados" de los nuevos aranceles 301 de Estados Unidos Por DIARIO DEL PUEBLO digital | el 28 de julio de 2026 | 16:01 Estados Unidos ha vuelto a lanzar una nueva ronda de aranceles. El 23 de julio, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) anunció que, con el pretexto del supuesto "trabajo forzoso", impondrá aranceles adicionales de entre el 10 % y el 12,5 % a 60 economías de todo el mundo, incluida China, afectando al 99,4 % de las mercancías importadas por Estados Unidos. Esta medida constituye la más reciente manifestación de su política proteccionista, socava gravemente la seguridad y estabilidad de las cadenas mundiales de suministro y producción, altera seriamente el orden del comercio internacional y carece de apoyo tanto dentro de Estados Unidos como en la comunidad internacional. En primer lugar, Estados Unidos sitúa su legislación nacional por encima de las normas internacionales y se adentra cada vez más en el camino del unilateralismo.

No es la primera vez que actúa de esta manera. Desde 1974 ha iniciado más de 130 investigaciones al amparo de la Sección 301, y numerosos países han sufrido sus consecuencias. Desde la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1995 hasta 2017, Estados Unidos aún respetaba, al menos en cierta medida, las reglas del sistema multilateral: utilizaba las investigaciones de la Sección 301 como punto de partida, abría un expediente y posteriormente trasladaba la disputa al marco de la OMC. Sin embargo, desde que adoptó la política de "Estados Unidos primero", ha ido despojándose progresivamente del marco multilateral para actuar de manera unilateral.

Estos nuevos aranceles constituyen el ejemplo más reciente del giro de la estrategia comercial estadounidense, que ha pasado de la coordinación multilateral a la acción unilateral. Las herramientas jurídicas cambian, pero la esencia permanece intacta. En febrero de este año, el Tribunal Supremo de Estados Unidos dictaminó que la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) no otorgaba al presidente autoridad para imponer aranceles a gran escala. La Casa Blanca recurrió entonces apresuradamente a los denominados "aranceles 122" como medida provisional y, cuando estos expiraron el 24 de julio, los sustituyó de inmediato por los "aranceles 301".

Desde la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional hasta la Ley de Comercio de 1974, cambia el soporte legal, pero el "garrote arancelario" sigue siendo exactamente el mismo. En palabras del representante comercial estadounidense Jamieson Greer, lo que ha cambiado es la base jurídica utilizada por el Gobierno, pero no su estrategia comercial. En segundo lugar, utiliza el "trabajo forzoso" como pretexto, en una actitud que bien podría resumirse con el refrán de "el ladrón grita al ladrón". ¿Cuál es el argumento para esta nueva subida de aranceles? Según Estados Unidos, las economías afectadas no aplican adecuadamente la prohibición de importar productos elaborados mediante trabajo forzoso.

La implicación es clara: Estados Unidos se presenta como el único país del mundo que ha "establecido y aplicado eficazmente" este tipo de prohibiciones y, por tanto, se considera con autoridad moral para imponer aranceles a los demás. Ni siquiera muchos estadounidenses consideran sostenible este argumento. Desiree LeClercq, exdirectora de Asuntos Laborales de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, ha señalado que, en comparación con la legislación estadounidense sobre trabajo forzoso, las normas probatorias de la legislación de la Unión Europea son incluso más estrictas. De los 187 Estados miembros de la Organización Internacional del Trabajo, Estados Unidos es uno de los escasos seis países que todavía no han ratificado el Convenio sobre el Trabajo Forzoso de 1930.

Rechaza las normas internacionales, pero al mismo tiempo pretende ser el árbitro mundial. ¿Qué lógica puede haber en ello? Resulta aún más irónico que el propio Estados Unidos afronte un serio problema de trabajo forzoso. Según el Índice Global de Esclavitud publicado por la organización internacional de derechos humanos Walk Free, en 2021 alrededor de 1,1 millones de personas vivían en condiciones de esclavitud moderna en Estados Unidos. Además, de los 1,2 millones de personas encarceladas en el país, unas 800.000 realizan con frecuencia trabajos forzados.

En definitiva, estos aranceles no buscan realmente erradicar el trabajo forzoso, sino etiquetar a sus socios comerciales bajo ese argumento para justificar sus acciones unilaterales. En tercer lugar, se trata de una política que perjudica a los demás sin aportar beneficios reales a Estados Unidos y que termina volviéndose en su contra. Esta nueva ronda de aranceles añade aún más incertidumbre al comercio mundial y eleva los costes de la actividad económica, siendo los países en desarrollo los más perjudicados. En un contexto de producción globalizada, un mismo producto suele integrar componentes y procesos de fabricación procedentes de numerosos países.

Las medidas estadounidenses solo contribuyen a complicar aún más las disputas comerciales y dificultan su resolución. Por ello, tanto durante la preparación de estas medidas como tras su entrada en vigor, China, Brasil y varios aliados de Estados Unidos expresaron su firme oposición. Estados Unidos tampoco sale beneficiado. El Instituto para la Política Progresista (Progressive Policy Institute), un centro de estudios estadounidense, estima que esta nueva ronda de aranceles podría suponer un coste adicional anual cercano a los 100.000 millones de dólares para consumidores y empresas estadounidenses.

Un estudio del Banco de la Reserva Federal de Nueva York indica que casi la mitad de las empresas sujetas a estos aranceles trasladan el incremento de costes a los consumidores. El mismo 24 de julio, dos pequeñas empresas estadounidenses presentaron una demanda contra esta medida. Tampoco se ha materializado la aspiración de reindustrializar el país. Los datos correspondientes al segundo trimestre de 2026 muestran claramente que, si bien la fabricación avanzada impulsada por la inteligencia artificial registra un crecimiento, el resto de sectores manufactureros permanece estancado, mientras disminuyen tanto la inversión en nuevas instalaciones industriales como el empleo manufacturero.

Los aranceles no han logrado que la industria estadounidense "vuelva a ser grande", sino que se han convertido en una carga para los propios estadounidenses. En última instancia, esta nueva ronda de aranceles sigue siendo, según el autor, una forma de expolio económico y de coerción política revestida de apariencia legal. La política de "Estados Unidos primero" no parece tener visos de desaparecer, y el recurso a los aranceles como instrumento de presión contra el resto del mundo continuará. En la actualidad, Estados Unidos sigue adelante con investigaciones al amparo de la Sección 301 contra 16 economías por el supuesto problema del "exceso de capacidad".

El camino hacia un mundo verdaderamente multipolar, basado en la igualdad y el orden, así como hacia una globalización económica inclusiva y beneficiosa para todos, aún será largo, pero cada vez son más quienes ven con claridad la naturaleza de la estrategia arancelaria estadounidense. (El autor es investigador asociado del Instituto de Estudios sobre Estados Unidos del Instituto de Estudios Internacionales de China). (Web editor: 周雨, Zhao Jian)