Claude se encerró una semana con uno de los cifrados más estudiados del planeta y encontró una grieta que nadie había visto. Su hallazgo cambia para siempre quién puede buscar los próximos fallos de internet

Claude se encerró una semana con uno de los cifrados más estudiados del planeta y encontró una grieta que nadie había visto. Su hallazgo cambia para siempre quién puede buscar los próximos fallos de internet

Claude comenzó diciendo que era imposible. Anthropic había colocado a su modelo más avanzado ante una tarea bastante ingrata: mejorar los ataques conocidos contra AES, un sistema criptográfico estudiado durante más de dos décadas y utilizado, en su versión completa, para proteger desde conexiones web hasta archivos y comunicaciones privadas. El modelo revisó el problema, buscó alternativas y llegó a una conclusión poco ambiciosa: allí no quedaba nada sencillo por descubrir. Los investigadores insistieron .

Le pidieron que dejara de buscar objetivos más fáciles y se comportara como un criptógrafo dispuesto a explorar ideas suficientemente extrañas como para fracasar cientos de veces. Tres días, varios mensajes de ánimo y cientos de millones de tokens después, Claude Mythos Preview encontró algo que sus supervisores no esperaban. Lo bautizó como Möbius Bridge, una técnica capaz de acelerar entre 200 y 800 veces el mejor ataque comparable contra una versión experimental de AES. Anthropic necesitó después varias semanas para comprobar que la IA no se lo había inventado.

Claude no ha roto AES, pero sí una de sus versiones de laboratorio El titular más tentador sería decir que Claude ha quebrado el cifrado que protege medio internet . También sería engañoso. AES-128 cifra la información mediante diez rondas consecutivas de transformaciones matemáticas. Cuantas más rondas atraviesan los datos, más difícil resulta reconstruir la clave original.

El ataque descubierto por Mythos funciona únicamente contra una variante debilitada que utiliza siete rondas . No sirve contra el AES completo instalado en navegadores, servidores, móviles o sistemas bancarios. Además, el experimento parte de unas condiciones deliberadamente extremas . El atacante tendría que solicitar el cifrado de aproximadamente 2¹⁰⁵ mensajes escogidos por él mismo y almacenar una cantidad descomunal de cálculos intermedios.

Aunque Claude haya reducido el trabajo necesario entre 200 y 800 veces, ejecutar el ataque seguiría costando cientos de millones de dólares y no tendría utilidad práctica contra un sistema real. Entonces, ¿por qué importa? Porque los criptógrafos desarman versiones reducidas de los algoritmos por la misma razón que un fabricante estrella un coche contra una pared: no porque espere que todos los vehículos sufran exactamente ese accidente, sino porque quiere descubrir dónde empieza a deformarse la estructura. Cada ronda eliminada permite estudiar las técnicas que podrían acercarse algún día al sistema completo.

Claude no abrió la caja fuerte . Encontró una manera nueva de forzar una maqueta construida expresamente para investigar cómo podría abrirse. El golpe más serio fue contra un candado pensado para la era cuántica © Anthropic. El segundo descubrimiento afecta a HAWK, un esquema de firma digital diseñado para resistir tanto a los ordenadores actuales como a futuros equipos cuánticos.

Todavía no protege ningún servicio comercial, pero el NIST estadounidense lo había seleccionado en mayo de 2026 como uno de los nueve candidatos que continuarían hacia la tercera ronda de su proceso de estandarización poscuántica. En este caso, Mythos identificó una simetría matemática que no había sido aprovechada en ataques anteriores. Gracias a ella, pudo reducir drásticamente el esfuerzo necesario para recuperar una clave de la variante pequeña HAWK-256: la estimación pasó de 2⁶⁴ operaciones a unas 2³⁸. Las configuraciones mayores continuarían siendo demasiado costosas para atacarlas, pero conservar la seguridad prevista obligaría a aumentar considerablemente el tamaño de las claves y eliminaría varias de las ventajas que hacían atractivo al sistema.

Aquí Claude no trabajó completamente solo. Un investigador gestionó el proyecto, le sugirió cómo organizar sus pruebas y le proporcionó herramientas matemáticas, aunque no era especialista en criptografía de retículas. Varios agentes del modelo revisaron publicaciones, propusieron hipótesis, discutieron entre ellos y ejecutaron experimentos hasta encontrar el ataque en unas 60 horas. El hallazgo no destruye toda la criptografía poscuántica ni afecta a los demás candidatos del NIST.

De hecho, encontrar estas debilidades antes de que HAWK se convierta en estándar es precisamente el propósito del proceso público de evaluación. La parte inquietante no es el cifrado roto, sino quién lo rompió El ataque contra AES consumió cerca de mil millones de tokens y unos 100.000 dólares en uso de la API. Mythos tardó alrededor de una semana en concebirlo ; dos investigadores humanos invirtieron después casi un mes en aprender lo necesario y comprobar que su razonamiento era correcto. Esa diferencia resume el verdadero salto.

La IA no se limitó a buscar errores en código escrito por programadores, una capacidad que ya había demostrado anteriormente. Esta vez razonó sobre las propiedades matemáticas de los propios algoritmos y produjo técnicas que, según Anthropic , no figuraban en la literatura existente. Ninguna contraseña necesita cambiar hoy y AES continúa intacto. Pero la criptografía se apoya en una carrera permanente : los defensores diseñan problemas difíciles y los atacantes buscan atajos que nadie había considerado.

Hasta ahora, participar en esa carrera exigía años de especialización y equipos formados por algunos de los mejores matemáticos del mundo. Claude acaba de demostrar que una IA, con suficiente tiempo, herramientas y presupuesto, ya puede sentarse en esa misma mesa . Y quizá eso sea bastante más importante que haber abierto una sola cerradura.