Harvin Ramírez: el milagro que lo llevó a convertirse en promesante de Santo Domingo

Harvin Ramírez: el milagro que lo llevó a convertirse en promesante de Santo Domingo

En Managua, los promesantes y tradicionalistas se untan el cuerpo con aceite quemado como parte de una de las expresiones más representativas de las fiestas de Santo Domingo de Guzmán. Muchos fieles se cubren de pies a cabeza con el aceite negro para cumplir una promesa hecha al santo por milagros concedidos a sus familiares o por recuperar su propia salud. «Mi tradición y personaje surge hace 19 años, pero este es el primer año que yo pago una promesa, debido a que tuve una situación quirúrgica en el mes de marzo y experimenté el milagro de Santo Domingo. Por eso aquí seguiré hasta que Dios me dé vida y mi patroncito Santo Domingo me lo permita», afirmó Harvin Ramírez, conocido popularmente como el Diablito Negro. Al dejar atrás la apariencia limpia y cubrir completamente su cuerpo con el líquido oscuro, el promesante expresa su profunda devoción sin importar el sacrificio ni los comentarios de quienes lo observan durante el recorrido de aproximadamente 10 kilómetros. «Yo fui chinegro y anduve en varias facetas.

Bailé vacas, anduve de chinegro, pero en el año 2014 yo me embarré aceite en todo el cuerpo y me hizo daño. Tuve que ir donde el dermatólogo y el doctor me dijo: ‘Ya no te sigás echando aceite negro porque el alquitrán, el polvo y el sol te afectaron’. Me afectó la espalda y los brazos; tuve un gasto muy grande con cremas especiales y entonces comencé a hacerlo de manera improvisada en el 2015», relató el conocido Diablito Negro. Fe y tradición con el Diablito Negro Harvin explicó que su vestuario es elaborado de forma improvisada.

Los cuernos están hechos con resina, poroplast, cartón y pega. Además, utiliza collares, un vistoso bastón decorado con flores y rosarios, guantes, gorros, camisetas alusivas al santo y otras prendas que también le sirven para protegerse del sol durante la caminata. A pesar de ser el único integrante de su familia que profesa la religión católica, Harvin mantiene viva esta tradición que le fue transmitida desde muy pequeño. Aunque el resto de su familia ya no la practica, asegura que su fe permanece intacta y lo impulsa a acompañar cada año a Santo Domingo de Guzmán en su recorrido. «Yo tomo agua, descanso, a veces me quito los cuernos de vez en cuando, pero la fe y el compromiso que tengo con mi santito hacen que no mire el cansancio.

Hasta que llego a la iglesia y él entra, siento el compromiso cumplido. Entonces me quito todo, me limpio la cara y ya estoy listo para continuar otro día», comentó Ramírez. Finalmente, cuando Santo Domingo de Guzmán ingresa a la parroquia, Harvin da por concluida su jornada. Después comienza el proceso para retirar el aceite negro utilizando detergente, alcohol y toallas húmedas, antes de descansar y prepararse para acompañar nuevamente al santo en los días siguientes.