Hay una generación en concreto a la que ver la televisión le ha encogido el cerebro. Tener 40 años te mete en el mismo saco

Hay una generación en concreto a la que ver la televisión le ha encogido el cerebro. Tener 40 años te mete en el mismo saco

El sedentarismo ya no es el problema, o al menos no en su totalidad. En un estudio realizado a casi 1.700 personas, los expertos han analizado distintos tipos de sedentarismo y han llegado a una conclusión demoledora que ha afectado directamente a los Boomer. Su cerebro ha encogido por culpa de ver mucha televisión. Los investigadores analizaron los hábitos de todos los participantes entre 1987 y 1989 y los han comparado con resultados de resonancias magnéticas de la Generación Boomer.

Lo descubierto es que, pese a llevar décadas hablando de sedentarismo, así en general, no todos los sedentarismos son igual de dañinos y tampoco afectan igual según el tramo de edad. Un menor volumen en los lóbulos frontal y occipital Puede que no hiciese mucha falta hacer un estudio para adivinar que estar tirado en el sofá leyendo un libro no es lo mismo que hacerlo mirando la tele y que, incluso ahí, probablemente lo que estás viendo también afecta de una forma u otra. Pero de la intuición al hecho hay un trecho, y en este caso el menor volumen en los lóbulos frontal y occipital no dejan lugar a dudas. Lo importante ha dejado de ser cuánto tiempo pasamos sentados para saltar a qué estamos haciendo mientras estamos sentados.

El estudio, centrado en el impacto de esos hábitos durante la mediana edad, cuando alcanzamos entre 40 y 50 años, deja aún más claro que realmente hay un síntoma palpable tras pasar nuestro tiempo libre sentados ante el televisor. El estudio se suma así a todos los que, de una forma u otra, llevan años apuntando en la misma dirección. Sin ir más lejos, el seguimiento durante casi 20 años a 20.800 adultos suecos, demostró que cambiar un sedentarismo pasivo como ver la televisión por un sedentarismo activo, como leer un libro, hacer trabajo de oficina o incluso tejer, reducía el riesgo de desarrollar demencia en hasta un 7%. Aunque en aquél caso no se midió directamente la reducción del cerebro, este nuevo estudio demuestra aún mejor el porqué de aquellos resultados.

Imagen | Patwol en Midjourney