La ISS cruzaba el cielo a 27.000 km/h mientras Venus brillaba a 135 millones de kilómetros. Un fotógrafo calculó el segundo exacto para que ambos parecieran encontrarse a plena luz del día

La ISS cruzaba el cielo a 27.000 km/h mientras Venus brillaba a 135 millones de kilómetros. Un fotógrafo calculó el segundo exacto para que ambos parecieran encontrarse a plena luz del día

La imagen parece sencilla. Un cielo azul, la silueta reconocible de la Estación Espacial Internacional y, justo a su lado, el disco parcialmente iluminado de Venus. Podría confundirse con una composición digital o con una fotografía tomada desde algún lugar privilegiado fuera de la Tierra. No lo es.

El astrofotógrafo A.J. Smadi consiguió registrar la escena el 18 de julio de 2026 desde un parque de Edmonds, cerca de Seattle, en el estado de Washington. Mientras la ISS atravesaba el campo de visión de su telescopio a una velocidad orbital cercana a los 7,5 kilómetros por segundo, Venus aparecía suspendido en el cielo diurno como una pequeña esfera blanca. La fotografía no muestra una conjunción real en el espacio.

La estación y el planeta no estaban cerca, ni mucho menos . La primera pasaba a unos cientos de kilómetros sobre la superficie terrestre; Venus se encontraba aproximadamente a 135 millones de kilómetros. Solo desde el punto exacto y durante una fracción de segundo parecieron rozarse. Dos objetos separados por millones de kilómetros entraron en el mismo encuadre © AJ Smadi.

La ISS completa una vuelta alrededor de la Tierra aproximadamente cada hora y media. Desde el suelo no parece moverse lentamente: atraviesa una zona concreta del cielo en cuestión de segundos y puede abandonar el campo de visión de un telescopio antes de que el fotógrafo tenga tiempo de reaccionar. Venus plantea el problema contrario. Aunque es uno de los objetos más brillantes del cielo terrestre, localizarlo durante el día resulta complicado porque su luz queda diluida en el resplandor azul de la atmósfera.

Apuntar un telescopio hacia la zona incorrecta, además, puede acercarlo peligrosamente al Sol. Smadi tuvo que calcular con precisión desde qué lugar la trayectoria aparente de la estación pasaría junto al planeta. Un desplazamiento de varios metros, un pequeño error de tiempo o una variación en la órbita podían convertir aquella alineación en dos objetos separados dentro del cielo o dejar a la ISS completamente fuera del encuadre. Para realizar la toma utilizó un telescopio Schmidt-Cassegrain Celestron de 9,25 pulgadas, con una apertura de 23,5 centímetros, junto a una cámara astronómica ZWO ASI662MC .

También incorporó un filtro para controlar parte de la radiación ultravioleta e infrarroja y mejorar el contraste de los objetos frente al fondo luminoso. La cámara no necesitaba observar todo el cielo. Debía estar mirando exactamente al lugar por el que la estación pasaría y grabando en el momento correcto. El éxito consistió en encontrar después, entre los fotogramas capturados, aquel en el que la geometría pareció detener durante un instante una persecución imposible.

Fotografiar el espacio de día exige pelear contra la propia atmósfera La dificultad no terminaba en los cálculos orbitales. Incluso con la ISS y Venus perfectamente alineados, la atmósfera podía arruinar el resultado. El aire caliente se mueve, mezcla capas con diferentes temperaturas y desvía ligeramente la luz. Es el mismo fenómeno que hace temblar el paisaje sobre una carretera durante una tarde de verano.

Observado mediante un telescopio de gran aumento, ese movimiento puede deformar la estación, borrar sus paneles solares o convertir el borde de Venus en una masa vibrante. Smadi explicó que suele fotografiar la ISS , pero que la nitidez obtenida cambia considerablemente según la estabilidad atmosférica y la distancia a la que la estación pase sobre el observador. En este tipo de imágenes no basta con disponer de un buen equipo: la calidad depende también de que el cielo conceda unos segundos de calma. La escena contiene además una ilusión de escala.

Venus tiene unos 12.100 kilómetros de diámetro, mientras que la ISS mide alrededor de un centenar de metros de extremo a extremo. Sin embargo, la enorme diferencia de distancia hace que ambos puedan aparentar dimensiones similares en la fotografía. Es como sostener una moneda cerca del ojo y utilizarla para cubrir un edificio distante. El tamaño real no cambia; lo que cambia es el ángulo que ocupa cada objeto desde la posición del observador.

View this post on Instagram Ya había logrado la fotografía imposible, pero decidió perseguirla otra vez La toma de julio de 2026 no fue el primer encuentro entre Venus, la ISS y la cámara de Smadi. El 5 de abril de 2025 ya había capturado a ambos durante el día desde Shoreline, también en Washington. En aquella ocasión utilizó incluso un paraguas para proteger el telescopio de la luz solar directa. La imagen terminó seleccionada por la NASA como Astronomy Picture of the Day .

En ella, la estación aparecía a unos 400 kilómetros del fotógrafo, mientras Venus se encontraba aproximadamente 45 millones de kilómetros más lejos. La perspectiva volvía a colocarlos juntos pese a que pertenecían a escalas completamente diferentes. Smadi contó que aquella primera fotografía nació al comprobar que aparentemente nadie había conseguido antes resolver con claridad a Venus y la ISS dentro del mismo encuadre diurno. Después de lograrlo, decidió intentar superar su propia imagen.

Ese es quizá el detalle más llamativo de la nueva toma. No documenta un acontecimiento astronómico extraordinario ni una aproximación física entre dos cuerpos. Venus continuó siguiendo su órbita y la estación siguió rodeando la Tierra. Lo extraordinario fue estar exactamente en el punto desde el que, por una fracción de segundo, el universo pareció colocarlos uno al lado del otro.