58 años después, el final de este 'western' que marcó a Tarantino sigue dejándonos sin respiración

58 años después, el final de este 'western' que marcó a Tarantino sigue dejándonos sin respiración

Cuando alguien dice "spaghetti western", lo que viene a la cabeza de casi todo el mundo es la genial Trilogía del Dólar de Sergio Leone (o Trilogía del Hombre Sin Nombre), con Clint Eastwood con los ojos como dos puñaladas, los dientes apretados y un poncho sobre el que dormía un perro viejo (de verdad). De El gran silencio no se suele acordar nadie y, sin embargo, es de mis favoritas del género. Se estrenó en Italia en noviembre de 1968, la firmó Sergio Corbucci (el creador del mítico Django) y pasó bastante desapercibida en su momento, tal como recuerdan mis compañeros de Sensacine. Le costó décadas convertirse en objeto de culto.

Y lo que la hace especial es exactamente lo que la dejó fuera del canon popular del spaghetti western, porque no se parece a nada de lo que se hacía entonces. Empieza por lo más evidente, que es la nieve. Corbucci se llevó el rodaje a los Dolomitas, en los Alpes italianos, para contar una historia ambientada en Utah durante la ola de frío de 1899, y solo con eso ya dio la vuelta a la identidad visual del género entero que parecía haberse asentado de manera inamovible en el desierto. Nada de arenas calcinadas ni de pueblos polvorientos: aquí los personajes se hunden hasta las rodillas en la nieve y encaran frío y ventiscas.

El protagonista es un pistolero mudo, Jean-Louis Trintignant, enfrentado a un cazarrecompensas al que Klaus Kinski pone esa cara de perturbado que solo él sabía poner. Vonetta McGee debutaba en el cine como la viuda en apuros que lo contrata. Pero las particularidades de esta peli acaban de empezar. Corbucci rodó el western más frío del género y lo hizo por dos muertos que no aparecen en la película Lo de que el protagonista sea mudo, por cierto, nació de un problema de producción.

Que es verdad que Clint o Charles Bronson hablaban más bien poco, pero aquí es que literalmente el protagonista no dice ni una palabra. El motivo es que Trintignant no hablaba italiano y, en lugar de doblarlo como se hacía siempre en aquel cine, Corbucci decidió no escribirle el personaje, conocido solo como "Silencio", ni una sola línea de diálogo. Lo que empezó como un apaño para ahorrar dinero terminó siendo el hallazgo central de la trama, porque un héroe que no puede hablar es el héroe perfecto para una historia sobre gente a la que nadie escucha. La trama va justo de eso: unos campesinos hambrientos son declarados forajidos por decreto para que los cazarrecompensas puedan matarlos legalmente y cobrar por ello.

Y luego está el final, que no os quiero estropear, pero que sigue siendo tremendo casi sesenta años después. Sin destriparlo, Corbucci hace lo que ningún western se atrevía a hacer entonces, con la partitura de Ennio Morricone haciendo lo que tan bien hacía siempre Morricone. Según Alex Cox, que ha sido el gran valedor de Corbucci fuera de Italia, el director rodó ese desenlace bajo el impacto de los asesinatos de Malcolm X y del Che Guevara. Los distribuidores asiáticos y norteafricanos exigieron un final feliz alternativo y él lo rodó a regañadientes.

En Estados Unidos no se pudo ver hasta el lanzamiento del DVD en 2001, y no tuvo estreno en salas hasta la restauración del 50 aniversario. El bueno es el original, y para mí no hay discusión. Una película más influyente de lo que parece Tarantino lleva años saqueando el género, y en concreto, esta película. Django desencadenado sale directamente del Django de Corbucci, y él mismo firmó un texto larguísimo en The New York Times explicando por qué los westerns del italiano pesaban en esa película más que cualquier drama sobre la esclavitud.

De Tarantino se pueden decir muchas cosas, no todas buenas, pero desde luego que hce los deberes. Pero la deuda más literal de su filmografía es Los Odiosos Ocho: la nieve, el encierro en la cabaña, la violencia sin épica y, otra vez, Morricone, que por cierto ganó con esa película su único Óscar competitivo, con ochenta y siete años, por una banda sonora que remite a la que había escrito para Corbucci en 1968. Con Red Dead Redemption 2 los parecidos están ahí, claro, aunque Rockstar nunca haya citado hasta donde yo sé, a esta peli como una influencia. Pero creo que todas las grandes pelis del oeste han sido una influencia de alguna u otra manera para este juego.

El caso es que si arrastraste a Arthur Morgan por la nieve de Colter, reconocerás el mismo blanco hostil y la misma idea de fondo: un puñado de forajidos perdidos en el frío y en el silencio. ¿De verdad crees que un juego ambientado en 1899 abre con una ventisca por casualidad? Podeís ver hoy mismo El Gran Silencio en Filmin y Prime Video. Hazte hueco en el sofá: Llega el club que tu lado más fan necesitaba ¡Prepara tu bol de snacks porque en 3DJuegos nos ponemos en modo seriéfilo! Acabamos de lanzar Sofá y Palomitas, nuestro nuevo rincón de cultura pop en Instagram para los amantes del cine, las series y la cultura pop.

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