Bloomberg Línea — La posibilidad de que Ecopetrol (ECOPTL) venda su participación del 51,5% en ISA al Grupo Energía Bogotá (GEB) se perfila como una de las operaciones corporativas más importantes del año en Colombia si llega a concretarse. Para Ecopetrol, el principal beneficio estaría en el fortalecimiento de su situación financiera. La venta le permitiría monetizar un activo adquirido en 2021 y obtener recursos para enfrentar algunos de los principales retos de su negocio de hidrocarburos. Paula Chaves, analista financiera y trader institucional, considera que la petrolera podría utilizar esos recursos para la reposición de reservas, aumentar la inversión en exploración y producción y reducir sus compromisos financieros.
Además, cree que el mercado podría valorar un “mayor enfoque en su negocio principal”. Gregorio Gandini, director de Gandini Análisis, comparte esa visión. A su juicio, la operación significaría una “inyección de caja” que ayudaría a reducir deuda, fortalecer el balance y concentrar nuevamente a Ecopetrol en el negocio de hidrocarburos y gas. Andrés Moreno, analista financiero e inversionista independiente, también ve con buenos ojos una eventual desinversión.
Incluso la define como “una manera de rescatar la empresa”, al recordar que Ecopetrol se endeudó para adquirir ISA y que una venta podría fortalecer nuevamente su caja. La lectura de Citi Research apunta en la misma dirección. La firma considera que la eventual venta sería una “decisión inesperadamente positiva” y un paso para “restablecer la propuesta de valor” de Ecopetrol para sus accionistas. Según Citi Research, la desinversión también podría liberar valor al mejorar la sensibilidad de la compañía frente a los precios del petróleo, reducir el apalancamiento neto y fortalecer aspectos relacionados con el gobierno corporativo.
Sin embargo, desprenderse de ISA también tendría un costo estratégico para Ecopetrol. Chaves recuerda que ISA representa uno de los activos más sólidos de su portafolio gracias a sus ingresos regulados y relativamente estables, menos expuestos a la volatilidad del petróleo. Además, hace parte de la estrategia de diversificación e infraestructura energética que motivó su compra en 2021. Por eso, la analista considera que el mercado podría interpretar la operación como una decisión para priorizar el fortalecimiento de la caja y el negocio tradicional de petróleo y gas sobre la estrategia de diversificación.
Si la venta se concreta, ISA sería probablemente la compañía con menos cambios operativos. Los analistas coinciden en que no cambiaría el negocio de la empresa, sino únicamente su accionista controlador. Su operación, activos y plan de expansión no tendrían por qué modificarse de manera significativa. Para Chaves, incluso podría ser un cambio favorable porque ISA pasaría de tener como controlador a una petrolera a un grupo especializado en infraestructura energética, lo que implicaría una mayor alineación con su actividad principal.
Ese escenario, según la analista, podría facilitar nuevos proyectos, acelerar inversiones y fortalecer el crecimiento de largo plazo de la compañía. Gandini coincide en que, mientras se mantenga la operación diaria, el impacto para ISA “no debería generar mayor impacto”. Moreno va un paso más allá y asegura que ISA estaría mejor en manos de un grupo especializado en infraestructura energética que bajo el control de Ecopetrol. Para el Grupo Energía Bogotá, en cambio, la operación tendría un carácter mucho más transformador.
Chaves considera que la adquisición del control de ISA sería una operación “de carácter transformacional”, ya que consolidaría al grupo como uno de los principales operadores de infraestructura energética de América Latina. La complementariedad entre ambas compañías también es uno de los argumentos que destacan los analistas. Los negocios de GEB e ISA se concentran en actividades similares, especialmente en transmisión de energía, lo que abriría oportunidades para generar eficiencias operativas, fortalecer la ejecución de proyectos regionales y ampliar la capacidad de inversión en infraestructura. Gandini incluso sostiene que el Grupo Energía Bogotá sería “el principal ganador estratégico de la operación”.
En su opinión, la compra de ISA le permitiría convertirse en “el mayor operador de infraestructura energética de América Latina”, con una mayor diversificación geográfica, ingresos más estables y nuevas sinergias. El principal interrogante para el mercado estaría en la financiación. Chaves advierte que, si la compra se realiza principalmente con deuda, los inversionistas seguirán de cerca el comportamiento del apalancamiento del Grupo Energía Bogotá y su capacidad para mantener indicadores financieros sólidos. Por ello, considera que el éxito de una eventual adquisición dependerá tanto del precio pagado como de la estructura de financiación y de que las sinergias futuras compensen el esfuerzo financiero que implicaría la transacción.
No obstante, Andrés Moreno no da por hecho que el Grupo Energía Bogotá termine siendo el comprador. El analista cree que, si Ecopetrol decide vender ISA, “vendrá una puja de locos” y el activo terminará en manos del mejor postor. Además, sostiene que la venta debería realizarse mediante un proceso abierto en el mercado de capitales para garantizar un precio suficientemente alto y evitar una pérdida patrimonial. En esa misma línea, Citi Research recuerda la información publicada por Primera Página, según la cual Ecopetrol estaría evaluando transferir su participación en ISA al Grupo Energía Bogotá por alrededor de US$4.500 millones, una cifra superior a los US$3.700 millones pagados por la petrolera al Gobierno colombiano en 2021.
La firma también señala que la operación permitiría a Ecopetrol vender más de 200 MW de energía excedente a terceros, una posibilidad que actualmente está restringida por su participación en ISA. Más allá del desenlace de la operación, Citi mantiene una recomendación “Neutral/HR” para Ecopetrol y recuerda que la compañía sigue expuesta a riesgos como la incertidumbre política, el comportamiento de los precios del petróleo, una eventual intervención del Gobierno, las tasas de declive de sus campos y un posible exceso de oferta de acciones.