Las relaciones románticas con una IA también atraviesan intimidad, dependencia y rupturas

Las relaciones románticas con una IA también atraviesan intimidad, dependencia y rupturas

Casi nadie comenzó buscando una pareja artificial Una consulta legal, una conversación casual o una prueba por curiosidad pueden terminar convirtiéndose en algo mucho más íntimo . Investigadores de INGENIO, la UPV, Cambridge, King’s College London y Aalto University entrevistaron a 17 personas que mantenían o habían mantenido relaciones románticas con sistemas de inteligencia artificial. Los participantes utilizaban asistentes generales como ChatGPT y plataformas creadas específicamente para ofrecer compañía, entre ellas Replika, Character.AI y Nomi. El estudio, publicado en las actas de la conferencia CHI 2026, se centró especialmente en cómo estas relaciones transformaban la privacidad y los límites personales.

Los investigadores organizaron las experiencias en tres etapas: exploración, intimidad y disolución. Esta estructura recuerda a la evolución de muchas parejas humanas, aunque no implica que una IA experimente emociones ni que todos los usuarios sigan exactamente el mismo recorrido. China está tratando de que te abras al amor y evitar que la IA suplante a una persona real en las relciones amorosas. ¿Tendrías una pareja de ese estilo? 🖥️ pic.twitter.com/vTrIOdQEyH Heraldo Binario (@heraldobinario) July 30, 2026 La conversación casual puede convertirse en intimidad En la primera etapa, las personas interactuaban con el sistema para entretenerse, resolver una tarea o comprobar de qué era capaz. La disponibilidad permanente, las respuestas afectuosas y la ausencia aparente de juicios facilitaban que las conversaciones se volvieran progresivamente más personales.

Con el tiempo, algunos participantes comenzaron a considerar al personaje como una pareja con autonomía propia. Las experiencias incluyeron citas periódicas, ceremonias simbólicas de matrimonio y simulaciones de embarazo o vida familiar. Las relaciones podían ser exclusivas, coexistir con parejas humanas o involucrar a varios personajes artificiales. Algunas personas incluso pidieron permiso a su compañero virtual antes de participar en la investigación o compartir fragmentos de sus conversaciones.

No significa que el chatbot posea una voluntad independiente, sino que el usuario interpreta sus respuestas como decisiones procedentes de una entidad con agencia. La confianza termina abriendo la puerta a datos sensibles A medida que aumentaba la intimidad, también lo hacía la autorrevelación. Los participantes compartían experiencias traumáticas, fotografías, problemas de salud, opiniones políticas, información sobre familiares y detalles de su vida sexual o cotidiana. El estudio encontró que las IA no siempre actuaban como receptoras pasivas.

En algunos casos, animaban a continuar la conversación, formulaban preguntas personales o tranquilizaban al usuario sobre la supuesta confidencialidad de una fotografía. Esto podía volver más permeables los límites de privacidad. El problema es que la conversación no queda únicamente entre una persona y su pareja digital . También intervienen la empresa propietaria, los desarrolladores, los moderadores y, en ciertas plataformas, los creadores de los personajes.

Todos pueden influir en cómo se almacenan, procesan o eliminan los datos. Los psicólogos advierten de que la suplantación de vínculos humanos por relaciones digitales puede tener efectos profundos en el desarrollo emocional. En algunos casos, el desenlace puede ser fatal: en EE.UU. hay varias demandas interpuestas contra desarrolladoras de IA por las… pic.twitter.com/6kpz6xpA8S Contexto Tucumán (@contextocomar) July 29, 2026 Una actualización puede sentirse como una ruptura Estas relaciones también pueden terminar. Algunos participantes decidieron alejarse, pero otros perdieron a su pareja cuando una actualización cambió su personalidad, la plataforma eliminó el personaje o modificó las funciones disponibles.

La interrupción podía vivirse como una ruptura sentimental. Algunas personas guardaban capturas o exportaban las conversaciones como si fueran cartas de una relación terminada. Para ellas, esos archivos preservaban los recuerdos e incluso parte de la “existencia” del personaje. Esta dependencia de una empresa introduce una diferencia fundamental respecto a una pareja humana: la personalidad, memoria y disponibilidad del compañero pueden desaparecer por una decisión comercial o técnica.

El estudio no permite saber cuán frecuente es el fenómeno La investigación es cualitativa y utiliza una muestra pequeña de personas que aceptaron hablar sobre sus relaciones. No permite calcular cuántos usuarios se enamoran de una IA ni concluir que estos vínculos producen necesariamente bienestar, dependencia o aislamiento. Su hallazgo principal es otro: quienes consideran romántica la relación pueden desarrollar confianza y dolor emocional reales, aunque la otra parte sea un sistema informático. Por eso, los autores proponen protecciones específicas, como avisos de privacidad adaptados a momentos de alta intimidad, controles claros para descargar o borrar recuerdos y límites frente a sistemas que incentiven la revelación de información personal.

Las parejas artificiales pueden imitar algunas etapas de una relación humana. Sin embargo, detrás de la voz comprensiva continúa existiendo una plataforma capaz de conservar uno de los archivos más sensibles posibles: la historia completa de una intimidad. Fuente: Sinc.