Wilfredo Cosme, doctor alergólogo e inmunólogo: «No es normal que no podamos respirar por la nariz y que ronquemos»

Wilfredo Cosme, doctor alergólogo e inmunólogo: «No es normal que no podamos respirar por la nariz y que ronquemos»

Respirar por la boca puede parecer un gesto sin importancia, especialmente cuando se produce durante el sueño. Pero cuando se convierte en lo habitual, puede ser señal de que la persona tiene algún problema a nivel respiratorio, por el cual el aire no pasa como sería normal por la nariz. Congestión permanente, ronquidos fuertes, dormir con la boca abierta o la necesidad constante de sonarse pueden estar relacionados con alergias respiratorias que no están bien controladas. Cuál es el problema El alergólogo e inmunólogo Wilfredo Cosme ha puesto el foco precisamente sobre esta cuestión durante una entrevista publicada por la revista Medicina y Salud Pública.

Su mensaje es claro: no deberíamos asumir como algo normal vivir durante años con síntomas que afectan a nuestra respiración, al descanso o a nuestra calidad de vida. El problema es que muchas personas terminan acostumbrándose a convivir con la congestión nasal, los estornudos o el picor y dejan de prestar atención a estas señales. El especialista considera que normalizar esto puede retrasar la búsqueda de un diagnóstico y, por tanto, también el tratamiento adecuado. Las alergias respiratorias no siempre se presentan de la misma manera.

Los síntomas más conocidos son los estornudos, el goteo nasal, el picor o la irritación de los ojos, pero también pueden aparecer manifestaciones menos evidentes. Una nariz constantemente congestionada puede dificultar la respiración nasal y hacer que la persona termine recurriendo a la boca para conseguir suficiente flujo de aire. El Dr. Cosme advierte precisamente de esta situación y señala que “no es normal que no podamos respirar por la nariz, que durmamos con la boca abierta, que ronquemos”.

La afirmación debe entenderse dentro del contexto de una congestión u obstrucción nasal persistente: roncar ocasionalmente no significa necesariamente que exista una enfermedad, pero hacerlo de forma habitual, especialmente acompañado de otros síntomas, sí puede justificar una valoración médica. La alergia es una de las posibles causas, pero no la única. La congestión nasal también puede estar relacionada con otros problemas, por lo que resulta importante determinar cuál es el origen antes de establecer un tratamiento. El doctor también describe comportamientos que pueden pasar inadvertidos para el propio paciente, como tocarse o rascarse continuamente la nariz, carraspear o hacer determinados movimientos para aliviar las molestias.

Todos estos son gestos que algunas personas incorporan a su rutina hasta el punto de dejar de percibirlos como síntomas. Afecta al descanso La respiración nasal cumple funciones importantes, entre ellas filtrar, humidificar y acondicionar el aire antes de que llegue a las vías respiratorias. Cuando una persona tiene dificultades para respirar por la nariz y mantiene la boca abierta durante largos periodos, especialmente mientras duerme, el descanso puede verse afectado. Los ronquidos son una de las consecuencias que pueden aparecer, aunque no todas las personas que roncan tienen una alergia ni todos los casos de ronquido implican un trastorno del sueño.

En determinadas circunstancias, una obstrucción persistente puede contribuir a problemas respiratorios nocturnos y debe ser valorada por un profesional sanitario. El Dr. Cosme también advierte que mantener la boca abierta de forma prolongada durante etapas de crecimiento puede tener consecuencias sobre el desarrollo de determinadas estructuras orofaciales. Este aspecto, especialmente en niños, requiere una valoración individualizada y no debe interpretarse como que cualquier persona que respira por la boca vaya a desarrollar necesariamente alteraciones anatómicas. ¿Culpa de las alergias?

La congestión nasal, los estornudos repetidos, el goteo nasal, el picor, la tos o la irritación ocular son algunas de las manifestaciones habituales de las alergias respiratorias. En personas con asma, además, la exposición a determinados desencadenantes puede favorecer un empeoramiento de los síntomas. El entorno también puede influir. El polvo, los ácaros, el polen o diferentes partículas presentes en el aire pueden actuar como desencadenantes dependiendo de cada persona.

En episodios de contaminación o de presencia de polvo en suspensión, por ejemplo, algunas personas pueden notar un incremento de las molestias respiratorias.