A lo largo de su trayectoria, Alejandro Camacho ha construido una sólida reputación como uno de los actores más versátiles de la televisión mexicana. Ahora, en la telenovela Guardián de mi vida, producción de Juan Osorio, vuelve a demostrarlo al interpretar a Aramis, un antagonista que se aleja del estereotipo del malvado convencional para convertirse en un personaje tan seductor como peligroso. El primer actor reconoce que formar parte del melodrama ha sido una experiencia enriquecedora, tanto por el nivel del proyecto como por el ambiente de trabajo que encontró en el foro. “Estoy muy agradecido con el señor Juan Osorio, creo que es un proyecto bastante interesante, muy divertido, y espero esté teniendo repercusión artística y en la audiencia, todos estamos muy comprometidos, hemos hecho nuestro mayor esfuerzo, tanto actores, actrices, como todo el equipo técnico que es extraordinario”. Para Camacho, Aramis es un personaje complejo, construido desde múltiples emociones y contradicciones, un desafío que exige explorar las zonas más oscuras de la condición humana. “Lo están viendo, Aramis es un ser que es iridiscente, tiene muchos colores, independientemente de que es un ser muy malévolo, es muy encantador también, muy suave, que oculta lo que hace con una maestría extraordinaria, que espero yo como actor, estar logrando transmitir eso del personaje, siempre es mi objetivo: interpretar al personaje que te están dando, porque yo trabajo mucho con mis miserias, en este personaje en particular, con las cosas más bajas que te puedas imaginar, claro, es una telenovela, y con ese lenguaje se muestra todo esto”.
Lejos de considerar a los antagonistas como personajes secundarios, Camacho considera que son quienes impulsan el conflicto dramático y mantienen viva la atención del público. “Siento que los villanos son como los resortes de las historias y los que generan los conflictos que hay en la misma historia, es un personaje que abre el pivote, un motor de muchas cosas alrededor, es padrísimo ser villano, y este personaje en particular es un tipo verdaderamente siniestro que yo no quisiera conocer en mi vida real”. Sin embargo, reconoce que la clave para evitar repetirse está en el trabajo actoral y en la constante búsqueda de nuevas herramientas para construir cada personaje. Ese espíritu también lo lleva a ir por personajes que representen un reto y no repitan fórmulas. “Busco que cada personaje me sorprenda, porque si te ofrecen algo que ya es predecible, te aburre, pero si me sorprende, eso es lo que me llama la atención y como consecuencia creo que es lo que le llama la atención al público, más que darles lo que les gusta o lo que esperan, es importante sorprenderlos y darles otro rostro a lo que ellos pensaban”. Cuna de Lobos Siendo uno de los intérpretes de villanos más icónicos, Alejandro Camacho recuerda con emoción haber formado parte de una producción que marcó un antes y un después en la televisión mexicana: Cuna de lobos, que a 40 años de su transmisión, más allá del fenómeno de audiencia, lo que permanece en su memoria es el ambiente creativo que se vivía detrás de cámaras y el privilegio de compartir escena con figuras que hoy son leyenda. “No nos dimos cuenta, entrábamos a las 8 de la mañana y salíamos a las 11 de la noche, juro que no nos dimos cuenta, ya hacia el final más o menos empezamos a percibir el fenómeno televisivo que había sido, y muy honrado, además de que Carlos Olmos y Carlos Téllez, los productores y directores, eran muy amigos míos y era encantador trabajar con María Rubio, con Rebecca, con Gonzalo, con Diana, con todos los actores que estábamos en ese proyecto y además teníamos la particularidad de que todos veníamos del teatro, actores muy formados, casi siempre Televisa cuenta con actores de primerísimo nivel”.
Esa generación de intérpretes, asegura, dejó una escuela invaluable para quienes tuvieron la fortuna de compartir el set con ellos. “Desde que yo empecé a hacer novelas en Televisa, con la señora Silvia Pinal, con el señor Ernesto Alonso, siempre fue con actores que verdaderamente eran extraordinarios, Marga López, ‘El Indio’ Fernández, que fue mi abuelo en una novela, La traición, producida por Ernesto Alonso. Hoy lo veo y solo puedo decir: ‘Qué suerte haber estado ahí y haber tenido la intuición de aceptar esos proyectos con estas personas’”. Aunque ha triunfado en cine, televisión y teatro, Alejandro Camacho considera que ningún actor debería abandonar los escenarios, pues ahí se adquieren las herramientas fundamentales para cualquier interpretación. “Pienso que los actores no deben abandonar nunca ni el teatro ni el cine ni la televisión, el teatro les da todas las armas para poder hacer cine y televisión, es importante, muy importante el teatro, y jamás hacer menos ningún género, cada uno tiene su complejidad y ahí radica el verdadero reto del actor”.