Pasar horas frente al móvil o al ordenador puede favorecer la sequedad ocular, pero en verano, con el aire acondicionado, esto es todavía más preocupante. La combinación de ambos factores puede hacer que los ojos se irriten, piquen o se sientan como si tuvieran arena, especialmente cuando se repite durante muchas horas al día. La buena noticia es que pequeños cambios en los hábitos pueden ayudar a reducir las molestias. El verano cambia algunas rutinas que afectan directamente a nuestra salud ocular.
El calor hace que recurramos durante más tiempo al aire acondicionado, mientras que los viajes, las vacaciones y el aumento del tiempo de ocio pueden llevarnos a pasar más horas delante de pantallas o en piscinas con cloros y otros aditivos. Enemigos del ojo Móvil, ordenador, tableta y televisión forman parte del día a día de millones de personas, y la combinación de estos dispositivos con ambientes climatizados puede convertirse en lo peor para el ojo. El problema no es únicamente la temperatura. El aire acondicionado reduce la humedad ambiental y genera corrientes de aire que pueden acelerar la evaporación de la película lagrimal, una fina capa que recubre y protege la superficie ocular.
Al mismo tiempo, cuando concentramos la mirada en una pantalla, tendemos a parpadear menos y de forma más incompleta. El resultado puede ser una mayor sensación de sequedad, escozor, enrojecimiento o fatiga visual. En personas que ya tienen cierta predisposición al ojo seco, estas condiciones pueden hacer que los síntomas sean más evidentes. Pantallas y aire acondicionado La superficie ocular necesita mantenerse constantemente hidratada para funcionar correctamente.
La película lagrimal aporta lubricación y también ayuda a proteger la córnea y a mantener una visión nítida. Cuando miramos una pantalla durante un periodo prolongado, nuestra frecuencia de parpadeo suele disminuir. El parpadeo es un mecanismo esencial para distribuir de manera uniforme la lágrima sobre el ojo y renovar esa película protectora. Si además estamos en una habitación con aire acondicionado, la situación puede empeorar.
El aire seco favorece la evaporación de la lágrima, mientras que una corriente dirigida directamente hacia la cara puede aumentar todavía más la exposición de la superficie ocular. Por eso, una persona puede notar al final de una jornada síntomas como sensación de arenilla, picor, ardor, lagrimeo reflejo o visión borrosa que mejora al parpadear. No siempre significa que exista una enfermedad ocular, pero sí puede ser una señal de que los ojos están sufriendo una mayor carga ambiental y visual. Peor en verano El aire acondicionado no es el único factor que puede influir.
Durante los meses de verano también pasamos más tiempo en ambientes con aire seco, viajamos en avión o utilizamos ventiladores. Además, la exposición al sol, el viento y determinados espacios con climatización intensa pueden contribuir a aumentar las molestias. A esto se suma un comportamiento muy habitual: utilizar el móvil durante horas, especialmente por la noche o mientras estamos descansando. Si el tiempo de exposición aumenta y disminuye el número de pausas, también lo hace el esfuerzo de nuestros ojos.
Cómo evitarlo La idea es reducir la exposición acumulada y mejorar las condiciones: - Regla del 20-20-20: Mientras trabajas o ves una película, cada 20 minutos, aparta la mirada de la pantalla y fíjala en un objeto que esté a unos 5 o 6 metros de distancia. - Acordarse de parpadear: Cuando estamos muy concentrados, podemos pasar largos periodos con una frecuencia de parpadeo reducida. Hacer pequeñas pausas y cerrar los ojos durante unos segundos puede ayudar a recuperar la sensación de confort. - Evitar el aire en la cara: Conviene evitar que el flujo de aire incida directamente sobre la cara. También es recomendable mantener una temperatura razonable y, cuando sea posible, controlar la humedad ambiental.