Pasar horas conectado no implica una adicción, pero estas señales pueden indicar un problema

Pasar horas conectado no implica una adicción, pero estas señales pueden indicar un problema

Entrar en una red social, jugar o revisar una tienda online puede proporcionar entretenimiento y aliviar el estrés. El problema aparece cuando estas actividades desplazan repetidamente el sueño, el trabajo, las relaciones personales o el ejercicio. Una investigación de la Universidad de Duisburg-Essen, publicada en PLOS One, analizó cómo se relacionan diariamente el estado de ánimo, el estrés y el impulso de conectarse con el uso problemático de internet. El estudio incluyó a 900 adultos que utilizaban al menos una de cuatro actividades: videojuegos, redes sociales, pornografía o compras online.

Mediante entrevistas diagnósticas, los investigadores clasificaron a 419 participantes con un uso no problemático, 242 con un patrón de riesgo y 239 con uno considerado patológico. Dos semanas registrando el comportamiento diario Durante 14 días, los participantes completaron cada noche un cuestionario sobre su estado de ánimo, el estrés experimentado, la tentación de utilizar su aplicación preferida y el tiempo que habían dedicado a ella. También indicaron si la actividad les había proporcionado placer o alivio y si, por permanecer conectados, habían descuidado otras obligaciones o alternativas importantes. Las personas con patrones más graves declararon, en promedio, un estado de ánimo más negativo, mayor estrés, sesiones más prolongadas y más interferencias con otras áreas de su vida.

También utilizaron su actividad digital preferida durante más días: alrededor de cinco jornadas en el grupo no problemático y casi ocho entre quienes presentaban un uso patológico. Los resultados muestran una asociación, pero no permiten afirmar que internet haya causado por sí solo el malestar. También es posible que quienes ya experimentaban estrés o peor ánimo fueran más vulnerables a desarrollar un uso difícil de controlar. © Magnific El factor decisivo no fue el mal humor El hallazgo más llamativo apareció al estudiar qué predecía mejor que una persona se conectara durante un día concreto. Ni el estrés ni el estado de ánimo fueron los desencadenantes directos más potentes .

El principal predictor fue la tentación momentánea, entendida como el deseo de utilizar la aplicación y la dificultad percibida para resistirse. En los días con mayor tentación, los participantes tendían a pasar más tiempo conectados, experimentar más placer o alivio y descuidar con mayor frecuencia otras actividades. Esa relación era especialmente intensa entre las personas clasificadas con un uso patológico. El patrón puede crear un círculo de refuerzo.

Una persona siente el impulso de conectarse, obtiene una recompensa inmediata y aprende a repetir la conducta. Con el tiempo, el uso puede continuar incluso cuando empieza a interferir con otras obligaciones. Pasar mucho tiempo conectado no siempre es problemático Los propios investigadores advierten que una duración elevada no equivale automáticamente a una adicción. Una persona puede pasar muchas horas en internet por trabajo, estudio, relaciones sociales o entretenimiento sin sufrir un deterioro significativo.

El indicador más relevante es la pérdida de control y sus consecuencias: abandonar responsabilidades, reducir actividades saludables o continuar conectado pese a reconocer que está causando problemas. El análisis incluso encontró que el tiempo de uso funcionaba mejor como consecuencia que como explicación directa del patrón problemático. Internet también puede proporcionar diversión, compañía y alivio de manera saludable. El problema comienza cuando sustituye sistemáticamente el ejercicio, el descanso, el contacto con amigos o las tareas cotidianas. © Magnific Un estudio amplio, pero con límites La investigación se basó en cuestionarios y registros proporcionados por los propios participantes, no en mediciones automáticas de sus dispositivos.

Además, la muestra estaba formada principalmente por adultos jóvenes y fue seleccionada para incluir numerosos casos de uso riesgoso y patológico, por lo que no representa exactamente a toda la población alemana. Aun así, el trabajo sugiere que controlar únicamente las horas de pantalla puede resultar insuficiente. Reconocer los momentos en los que aparece el impulso automático de conectarse y disponer de alternativas capaces de proporcionar placer o alivio sin desplazar otras áreas de la vida podría ser una estrategia más útil. Fuente: Infobae.