Activar el modo avión antes del despegue se ha convertido en un gesto casi automático. Sin embargo, la razón no es que una llamada pueda apagar los motores o provocar por sí sola un accidente. Los teléfonos, tabletas y computadoras contienen transmisores de radiofrecuencia capaces de conectarse a redes móviles , Wi-Fi y Bluetooth. Aunque los aviones comerciales modernos están diseñados y evaluados para soportar muchas de estas emisiones, las autoridades mantienen restricciones para reducir cualquier riesgo residual y evitar que los dispositivos transmitan en condiciones no autorizadas.
El riesgo de interferencia es bajo, pero no inexistente La preocupación histórica es que las emisiones electromagnéticas de los dispositivos puedan afectar equipos de comunicación, navegación o vigilancia. La FAA señala que la mayoría de los aviones comerciales toleran las interferencias habituales, aunque existen determinadas operaciones y sistemas para los que esa tolerancia debe comprobarse específicamente. Esto no significa que un teléfono conectado vaya a desviar el avión . Se trata de aplicar un criterio conservador en un entorno donde incluso una interferencia poco probable resulta innecesaria, especialmente durante fases de gran carga de trabajo como el despegue y el aterrizaje.
El modo avión desactiva normalmente la conexión con las antenas celulares. Después, dependiendo del aparato y de las instrucciones de la compañía, el pasajero puede volver a activar el Wi-Fi o el Bluetooth para conectarse a la red del avión o utilizar auriculares inalámbricos. © Saim Munib Unsplash EASA no obliga a todas las aerolíneas a aplicar la misma norma Desde 2013, la Agencia de Seguridad Aérea de la Unión Europea permite utilizar teléfonos, tabletas y lectores electrónicos en modo avión durante todas las fases del vuelo. En 2014 dio un paso más y autorizó a las compañías a permitir dispositivos conectados, siempre que demuestren que sus aeronaves pueden tolerar las interferencias. Por tanto, no existe una obligación europea universal que exija exactamente el mismo comportamiento en todos los aviones.
Cada operador determina qué conexiones admite, en qué aeronaves y durante qué etapas. También puede establecer reglas más restrictivas, y los pasajeros deben seguir siempre las indicaciones de la tripulación. Una compañía con un sistema de comunicación móvil instalado y certificado podría permitir conexiones durante el vuelo. Otra puede exigir que todos los dispositivos permanezcan en modo avión desde el cierre de puertas hasta el aterrizaje.
Los móviles también pueden afectar las redes terrestres La cuestión no termina en los sistemas del avión. Desde gran altura, un teléfono puede encontrarse al alcance de numerosas estaciones terrestres e intentar conectarse sucesivamente a varias de ellas. En Estados Unidos, las restricciones históricas de la Comisión Federal de Comunicaciones buscaban evitar precisamente que las transmisiones desde aeronaves causaran interferencias en las redes celulares terrestres. La FAA, por su parte, se concentra en la posible interacción con los sistemas de navegación y comunicación del avión.
El modo avión evita que el teléfono aumente su potencia y busque constantemente cobertura móvil. Esto también reduce el consumo de batería durante el viaje. © Pew Nguyen Pexels Qué ocurre cuando alguien no lo activa Un pasajero que olvida activar el modo avión probablemente no causará un incidente. El problema aparece cuando se niega a cumplir una instrucción de la tripulación. El personal de cabina puede volver a solicitar el cambio de configuración o pedir que el dispositivo se apague por completo.
La obligación relevante para el pasajero es respetar las instrucciones operativas establecidas para ese vuelo, aunque crea que su teléfono no representa ningún peligro. Los aparatos grandes, como las computadoras portátiles , suelen guardarse durante el rodaje, el despegue y el aterrizaje por otro motivo: pueden convertirse en objetos peligrosos durante una frenada brusca y obstaculizar una evacuación. EASA diferencia esta obligación física de las restricciones relacionadas con sus transmisiones. Por qué hay que sacar el portátil en algunos controles La exigencia de sacar la computadora del equipaje de mano pertenece a la seguridad aeroportuaria, no a la seguridad electrónica durante el vuelo.
Los componentes, cables y baterías del portátil generan una imagen compleja que puede ocultar o dificultar la identificación de otros elementos dentro del bolso. Escanearlo por separado proporciona a los agentes una vista más clara tanto del dispositivo como del resto del equipaje. No es completamente exacto afirmar que los rayos X no pueden atravesar el portátil. El problema es principalmente la superposición y la dificultad para interpretar correctamente la imagen.
Los nuevos escáneres de tomografía computarizada generan representaciones tridimensionales que los agentes pueden rotar y examinar con más detalle. En los controles equipados con esta tecnología, la TSA permite que las computadoras permanezcan dentro del equipaje. Por eso, las instrucciones pueden cambiar entre aeropuertos e incluso entre filas de un mismo control. Tanto en tierra como en el aire, la regla más segura sigue siendo la más sencilla: atender las indicaciones del personal responsable.
Fuente: Infobae.