En declaraciones a la prensa desde el Despacho Oval en la Casa Blanca, el mandatario estadounidense alega que su administración mantiene negociaciones con las autoridades de Irán, en aspectos que constituyen líneas rojas para la República Islámica, como el control sobre el estrecho de Ormuz o el programa nuclear con fines pacíficos de la nación persa. Irán han subrayado en reiteradas ocasiones que la situación en el estrecho de Ormuz no volverá a ser la misma que antes de la guerra de agresión estadounidense-israelí, al tiempo que mantienen completo control sobre la navegación en la estratégica vía marítima. Mientras, Trump insiste en un lenguaje de amenazas que poco ha funcionado ante la resistencia y capacidad de respuesta de Irán. Las autoridades de Teherán desmienten cualquier diálogo directo con Washington, e insisten en que no negocian bajo amenazas.
Las fuerzas armadas iraníes han demostrado que conservan plenamente su capacidad militar, y que cualquier nueva agresión recibirá una respuesta proporcional y contundente. Una realidad que el mandatario estadounidense se empeña en ocultar. No es la primera vez que Trump ha amenazado a Irán con la destrucción total y el retorno a la edad de piedra. Palabras vacías que chocan continuamente con la férrea resistencia del pueblo y las fuerzas armadas iraníes.
El presidente de Estados Unidos, hundido a medias en un pantano de cara a las elecciones de medio término, previstas para noviembre, se empeña en mostrar un escenario de triunfo cuando la realidad indica que los fracasos en la guerra contra Irán, serán el último clavo en el ataúd de su futuro político. zbg/hnb