Durante décadas, la función de un gerente consistió en organizar personas, distribuir tareas y controlar resultados. La inteligencia artificial está empezando a alterar ese modelo: los próximos responsables de equipo podrían tener bajo su supervisión tanto empleados como agentes digitales. No se trata únicamente de utilizar un chatbot para redactar correos . Los agentes de IA pueden recibir un objetivo, consultar información, tomar decisiones limitadas y ejecutar cadenas de tareas con distintos grados de autonomía.
A medida que estas herramientas se incorporen a procesos centrales, las empresas tendrán que decidir quién las controla, cómo se mide su capacidad y qué lugar ocupan dentro de la organización. Un análisis publicado por McKinsey el 27 de julio de 2026 sostiene que esta transformación podría producir equipos más pequeños y productivos, estructuras con menos niveles jerárquicos y una nueva figura: el gerente de agentes. © Magnific La IA obliga a revisar cada puesto tarea por tarea Las empresas más avanzadas ya no analizan la automatización únicamente por empleos completos. Están descomponiendo cada función en actividades para identificar cuáles deben seguir en manos humanas, cuáles pueden potenciarse con IA y cuáles podrían delegarse por completo. Julie Goran, socia de McKinsey, plantea un ejemplo: si los agentes liberan el 40% de las tareas que hoy ocupa el tiempo de un trabajador, la cuestión no debería limitarse a reducir costos.
También habría que decidir qué nuevas responsabilidades, proyectos o actividades creativas puede asumir esa persona. La consultora menciona el caso de una compañía tecnológica que aspira a triplicar su tamaño durante los próximos cinco años sin aumentar su plantilla. Se trata de una meta empresarial concreta, no de una proyección aplicable a todas las compañías. Según Goran, el objetivo declarado no es despedir empleados, sino desacoplar el crecimiento del aumento tradicional de personal.
En este escenario, las empresas podrían producir más sin ampliar sus estructuras al mismo ritmo. Sin embargo, para conseguirlo tendrán que rediseñar los flujos de trabajo y no limitarse a entregar herramientas de IA a sus empleados. Los agentes podrían terminar dentro del organigrama La aparición de trabajadores digitales plantea preguntas que hasta hace poco parecían extrañas: ¿debe cada agente figurar en el organigrama? ¿Cómo se compara su capacidad con la de una persona? ¿Cuántos agentes puede controlar un gerente sin perder supervisión? McKinsey sostiene que ningún responsable en la historia tuvo que administrar de forma simultánea empleados y sistemas autónomos.
El cambio llega, además, cuando muchos mandos medios ya soportan equipos más amplios y deben adaptarse a metodologías como Agile o DevOps sin haber recibido siempre la capacitación necesaria. La organización “agéntica” propuesta por la consultora estaría formada por pequeños grupos humanos encargados de dirigir y supervisar decenas de agentes especializados. En algunas experiencias iniciales, equipos de entre dos y cinco personas ya pueden controlar sistemas compuestos por 50 a 100 agentes que participan en procesos completos , como incorporar clientes o cerrar balances. Los humanos conservarían la responsabilidad final: definirían objetivos, resolverían excepciones y controlarían los riesgos, mientras los agentes ejecutarían buena parte del trabajo operativo.
AI agents are becoming digital employees. Not someday. Right now. Companies are building AI workers that can research, analyze, create, communicate, and complete tasks 24/7.
Here’s what an AI employee can do: → Finds leads and researches potential customers automatically.… pic.twitter.com/Oz83Hay8pZ Gabriel Millien (@GabrielMillien1) August 4, 2026 Instalar herramientas no garantiza obtener resultados Muchas compañías ya ofrecen asistentes de IA y capacitaciones a sus empleados. El problema es que desplegar tecnología resulta mucho más sencillo que convertirla en valor económico. Según McKinsey, las organizaciones con mejores resultados no intentan automatizar toda la empresa al mismo tiempo. Primero seleccionan unas pocas áreas con alto potencial y rediseñan de principio a fin la manera en que trabajan.
En una aseguradora asesorada por la consultora, por ejemplo, las áreas prioritarias fueron reclamaciones, suscripción y tecnología. El análisis no consistió únicamente en preguntar dónde podía ayudar la IA, sino en definir qué tareas debían realizar las personas, cuáles podían pasar a los agentes y cuáles dejarían de existir. El trabajo del gerente, por tanto, no desaparecería necesariamente, pero sí cambiaría de forma profunda. En lugar de vigilar la ejecución de cada tarea, tendría que coordinar capacidades humanas y digitales , evaluar resultados y asumir la responsabilidad por decisiones producidas por sistemas que trabajan con una autonomía creciente.
La oficina del futuro podría tener menos empleados y menos jefes intermedios. Los que permanezcan deberán aprender algo que ninguna generación anterior necesitó: dirigir equipos cuyos integrantes no son todos humanos. Fuente: infobae.