El Niño también impactará el empleo de Latinoamérica: OIT revela posibles trabajos y países más afectados

El Niño también impactará el empleo de Latinoamérica: OIT revela posibles trabajos y países más afectados

Bloomberg Línea — El fenómeno de El Niño podría generar impactos en el empleo de América Latina y el Caribe ante la combinación de shocks externos acumulados de carácter geopolítico, energético y climático, según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). “El Niño 2026-2027 es, ante todo, una prueba de la resiliencia institucional de América Latina en un momento de acumulación de shocks externos”, dice el reporte. La OIT indica que el fenómeno de El Niño 2026-2027 podría afectar negativamente al empleo, reducir los ingresos de los trabajadores y empeorar las condiciones laborales en América Latina y el Caribe. El Niño “afecta la disponibilidad de recursos hídricos y de servicios ecosistémicos, generando efectos en cadena sobre la seguridad alimentaria, la salud pública, el riesgo de desastres y la actividad económica en sectores como la agricultura, la pesca, la energía y la logística”. Esto, a su vez, “genera presiones inflacionarias y repercute en el empleo, los ingresos e, incluso, en el trabajo infantil”, dice el documento El Niño 2026-2027 y el mundo del trabajo en América Latina y el Caribe: una cadena causal desde el clima hasta el empleo y las instituciones laborales.

Los efectos variarán según la subregión, el sector productivo y la capacidad institucional. En todo caso, los trabajadores informales, rurales y aquellos que desempeñan sus labores al aire libre son algunos de los más expuestos a estos efectos negativos. “La magnitud de sus impactos dependerá de la capacidad de los países para anticiparse con instituciones laborales sólidas, sistemas de protección social y diálogo social que protejan a las personas más vulnerables”, dijo en un comunicado Fabio Bertranou, director Regional Adjunto de la OIT para América Latina y el Caribe. La Organización Meteorológica Mundial estima una probabilidad del 80% de que El Niño se consolide entre junio y agosto de 2026, con una probabilidad cercana al 90% de que persista hasta fin de año. Se espera que el Corredor Seco Centroamericano, el Caribe y el norte de Sudamérica enfrenten principalmente sequías, déficit hídrico y olas de calor.

Entre tanto, la costa del Pacífico de Ecuador y Perú podría verse afectada por lluvias extremas e inundaciones. Y el sudeste de Sudamérica por precipitaciones superiores al promedio y tormentas severas. El mapa de posibles afectaciones por el El Niño Corredor Seco Centroamericano y Caribe: la OIT anticipa una pérdida de ingresos rurales, migración laboral forzada y mayor informalidad. También alerta sobre un riesgo de estrés térmico severo en trabajadores al aire libre.

Los países más afectados en esta subregión serían Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Haití y Jamaica en sectores como agricultura (maíz, frijol, trigo, café y caña), pesca, turismo. Norte de Sudamérica y noreste de Brasil: los efectos de El Niño podrían derivar en desocupación rural, presión inflacionaria y deterioro de salarios reales. La OIT advierte que los trabajadores del campo estarán entre los más expuestos a temperaturas extremas, en un contexto donde la regulación sobre las jornadas laborales sigue siendo limitada. Países como Venezuela, Colombia (región Caribe y Andina) y el noreste de Brasil se verán más afectados en áreas como ganadería, silvicultura, agroindustria y generación hidroeléctrica.

Costa del Pacífico Sur (Ecuador y Perú): las proyecciones apuntan a una destrucción de infraestructura productiva, colapso pesquero y pérdida de activos de trabajadores. “La pérdida de ingresos de los hogares podría aumentar el riesgo de trabajo infantil en comunidades vulnerables”, de acuerdo con el documento. Además, dice la OIT, el calor combinado con humedad extrema eleva el índice de estrés térmico. Las actividades posiblemente más afectadas son la pesca, agricultura costera, infraestructura y construcción. Sudeste de Sudamérica: los riesgos laborales y productivos incluyen posibles pérdidas por inundaciones en producción agropecuaria y daños en infraestructura de transporte.

Detalla que el calor intenso entre eventos de lluvia afecta a trabajadores rurales y de construcción. Los territorios que más se verían afectados son el sur de Brasil, Paraguay, Uruguay y en el norte y noreste de Argentina en áreas como agricultura, logística, transporte y obras públicas. México y Centroamérica (Pacífico): para esta subregión, se espera la pérdida de cosechas de subsistencia y vulnerabilidad de trabajadores informales costeros. Hay mayores riesgos en el trabajo agrícola en condiciones de calor extremo sin normativa térmica específica.

Los países más afectados serían México (sur y sureste), Costa Rica y Panamá en áreas como agricultura de temporada, turismo costero, pesca e industria maquiladora. En materia energética, se esperan mayores afectaciones en aquellos territorios con alta dependencia hidroeléctrica (región andina), especialmente Colombia, Ecuador, Venezuela, Bolivia, y Chile (centro-sur). En estos países, se espera un aumento de los costos energéticos, reducción de la productividad y presión inflacionaria. Los “cortes de electricidad eliminan ventilación y enfriamiento en fábricas y minas, elevando el riesgo de estrés térmico”, explica la OIT.

Las áreas más impactadas por este efecto serían la industria manufacturera, minería, agroindustria y servicios urbanos. En todo caso, en algunos países podría producirse exceso de lluvias que pueden contrarrestar este efecto como ha sido el caso de Chile en julio de 2026. La OIT afirma que la anticipación será clave para mitigar los efectos laborales del fenómeno. Para ello recomienda reforzar la protección social, ampliar la cobertura de los trabajadores vulnerables, invertir en infraestructura resiliente, mejorar la seguridad y salud en el trabajo, implementar sistemas de alerta temprana y promover el diálogo social. “La región no puede elegir si El Niño ocurrirá, pero sí puede influir sobre la magnitud de sus efectos laborales mediante la calidad de sus instituciones, la cobertura de sus sistemas de protección social y la anticipación de sus políticas públicas, incluyendo aquellas orientadas a la adaptación al cambio climático”, dice el documento. “La heterogeneidad subregional demanda respuestas diferenciadas que atiendan la especificidad de cada contexto productivo e institucional”.