El corazón y el cerebro producen señales eléctricas extremadamente débiles que permiten conocer su funcionamiento. Para registrarlas durante periodos prolongados, los médicos suelen recurrir a electrodos fabricados con metales y silicio, materiales mucho más rígidos que los órganos sobre los que deben apoyarse. Esa diferencia puede convertirse en un problema. Mientras los tejidos se estiran, laten y se desplazan, el implante permanece relativamente rígido, lo que puede favorecer lesiones, cicatrices y pérdida de calidad en las mediciones.
Ingenieros biomédicos de la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Australia, desarrollaron una alternativa: un sensor óptico completamente flexible que convierte directamente las señales eléctricas del organismo en variaciones de luz. El dispositivo, denominado optrode, fue presentado en la revista npj Flexible Electronics y todavía se encuentra en una fase experimental. Un sensor diseñado para moverse con el cuerpo El nuevo dispositivo reemplaza buena parte de los componentes rígidos por polímeros blandos capaces de adaptarse a tejidos que se encuentran en movimiento constante. Uno de los materiales conductores empleados por los investigadores continuó funcionando después de ser doblado 10.000 veces.
E sa resistencia resulta fundamental para un implante que podría colocarse sobre el corazón, el cerebro , los músculos u otros órganos que cambian continuamente de forma. En el centro del sensor se encuentra una fina capa de cristales líquidos. Aunque esta tecnología se asocia normalmente con las pantallas, en este caso se utiliza para detectar señales inferiores a un milivoltio, similares a las generadas por la actividad cardíaca y cerebral. La electricidad reorganiza los cristales y modifica la luz El funcionamiento se basa en una conversión pasiva.
Cuando una señal biológica alcanza el optrodo, el campo eléctrico modifica la orientación de los cristales líquidos. Ese cambio altera la manera en la que la luz atraviesa el dispositivo. Midiendo la variación óptica, los investigadores pueden calcular la intensidad de la señal eléctrica original. El sensor no necesita colocar amplificadores voluminosos ni sistemas electrónicos activos junto al tejido.
Esto podría evitar tanto el calor generado por esos componentes como parte del ruido electromagnético que afecta a los electrodos convencionales. La ventaja no consiste solamente en fabricar un implante más blando. Al trasladar la información al dominio óptico, el sistema puede registrar la actividad del organismo sin que la propia electrónica interfiera de la misma manera en la medición. Puede reducirse hasta la mitad del grosor de un cabello Los electrodos tradicionales pierden rendimiento cuando se miniaturizan: cuanto menor es su superficie, más difícil resulta separar la señal biológica del ruido eléctrico.
El optrodo evita en parte esa limitación. Según el equipo, puede reducirse hasta alcanzar decenas de micrones —aproximadamente la mitad del ancho de un cabello humano— sin añadir interferencias eléctricas ni perder calidad de señal. Esto permitiría estudiar zonas muy pequeñas del tejido y, en el futuro, acercarse al registro de grupos celulares específicos. Las pruebas realizadas en cultivos celulares mostraron una viabilidad del 98,4% y no revelaron signos de toxicidad o contaminación .
Ese porcentaje corresponde a los ensayos in vitro y no significa todavía que el dispositivo haya demostrado ser seguro para su implantación prolongada en personas. The FDA has approved a revolutionary light-activated polymer system that repairs severed nerves without the need for traditional surgical stitches. The US Food and Drug Administration has officially cleared a revolutionary nerve-repair system that replaces traditional surgical… pic.twitter.com/w5vvImrkyN Imtiaz Mahmood (@ImtiazMadmood) August 2, 2026 El objetivo final es escuchar neuronas individuales El sensor también fue evaluado en animales, pero todavía necesita más estudios en organismos vivos para mejorar su resolución y comprobar su comportamiento a largo plazo. El siguiente objetivo es ampliar su ancho de banda por encima de los 10 kilohercios.
Alcanzar esa capacidad permitiría intentar registrar el disparo de neuronas individuales, en lugar de limitarse a observar señales producidas por grupos más grandes de células. Los investigadores consideran que la tecnología podría adaptarse para monitorear no solo el corazón y el cerebro, sino también los músculos, el intestino y otras regiones del organismo. Antes tendrá que superar nuevas pruebas de biocompatibilidad, estabilidad y precisión. El optrodo aún no está listo para utilizarse en pacientes, pero plantea una transformación importante: reemplazar implantes rígidos que escuchan el cuerpo mediante electricidad por sensores blandos capaces de observar sus señales a través de la luz.
Fuente: Infobae.