Buscar la sombra de una sombrilla cuando el sol aprieta es algo que todos hacemos en verano. En la playa, en la terraza o en la piscina, parece lógico pensar que colocarse bajo una de estas es lo mejor que se puede hacer, sobre todo si la otra opción es quedarse expuesto directamente al sol. Sin embargo, la ciencia no parece ser tan clara. Una investigación presentada por científicos de la Universidad de Innsbruck apunta a que la diferencia de temperatura que percibimos podría ser mucho menor de lo que imaginamos.
Diferencia en grados Según los cálculos realizados por los investigadores, situarse bajo una sombrilla o parasol en una playa de arena puede reducir la temperatura térmica efectiva percibida en aproximadamente 1 °C de media. En determinadas circunstancias, especialmente cuando el sol está bajo, la sensación térmica incluso podría llegar a ser ligeramente superior bajo la sombrilla que a pleno sol. La explicación tiene que ver con un fenómeno físico que suele pasar desapercibido. Aunque la sombrilla bloquea una parte importante de la radiación solar directa, su propia superficie se calienta y comienza a emitir radiación infrarroja hacia las personas que están debajo.
El resultado es que una parte del beneficio obtenido al evitar la radiación solar queda compensada por el calor que desprende la propia sombrilla. El trabajo ha sido desarrollado por Georg Wohlfahrt y Albin Hammerle, investigadores de la Universidad de Innsbruck, que decidieron estudiar el fenómeno después de experimentar personalmente el intenso calor que se puede acumular bajo uno de estos objetos. A raíz del estudio, surge la pregunta: ¿cuánto realmente está más fresca una persona bajo la sombrilla, si la comparamos con otra que está al sol? Para responderla, los científicos elaboraron un modelo matemático que tiene en cuenta diferentes variables relacionadas con el balance energético del cuerpo humano.
Diferencia de un grado Por un lado, el tejido de la sombrilla bloquea la radiación solar de onda corta que llega directamente desde el sol. Esa es precisamente la razón por la que asociamos automáticamente la sombra con una menor temperatura. Sin embargo, cuando el material de la sombrilla recibe radiación solar durante un periodo prolongado, aumenta considerablemente su temperatura. Ese tejido caliente emite entonces radiación de onda larga, principalmente infrarroja, en diferentes direcciones.
Parte de ella se dirige hacia las personas situadas debajo, añadiendo una fuente de calor que no existe de la misma manera cuando se analiza únicamente la sombra proyectada. El modelo también tiene en cuenta la radiación emitida por la arena, tanto cuando se encuentra expuesta al sol como cuando está protegida por la sombrilla. A partir de todos estos factores, los investigadores utilizaron el denominado Universal Thermal Climate Index (UTCI), un índice diseñado para estimar cómo percibe el cuerpo humano las condiciones ambientales. Los resultados apuntan a que la diferencia media entre permanecer al sol o bajo una sombrilla sería de aproximadamente 1 °C en términos de temperatura térmica efectiva.
Es una reducción, pero considerablemente menor de la que muchas personas podrían esperar al buscar refugio bajo un parasol. La situación puede ser todavía más llamativa en determinadas condiciones meteorológicas. Según el modelo, cuando el sol se encuentra bajo en el horizonte, la temperatura térmica efectiva bajo la sombrilla puede llegar a ser hasta 1 °C superior a la de una persona expuesta directamente al sol.