Santo Domingo, 4 ago (Prensa Latina) No es normal ver a un hombre de 47 años emocionarse, pero cuando de verdad hay pasión por lo que uno hace y se sufre para alcanzar un resultado, todo es comprensible. Yoandy Blanco fue un puntal del seleccionado cubano de hockey sobre césped durante dos décadas, pero no vaciló cuando le pidieron que se reincorporara, y la vida lo premió hoy con el oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo 2026. “Con el entrenador de la selección (Lázaro Oliva) jugamos muchos años juntos y cuando me pidió que si lo podía ayudar en cuanto a experiencia, entrega y conocimiento durante 20 años de carrera, no dudé en dar el paso al frente”. La voz se le quiebra cuando recuerda los miles de sacrificios realizados para llegar a este momento, más para alguien como él que ya estaba retirado y ni siquiera estaba viviendo en Cuba, así que no tenía ninguna necesidad de sudar con chicos que pueden ser hijos suyos. “Les doy las gracias a todos estos muchachos por haberme acogido de la manera que lo hicieron, el equipo se preparó y se merece festejar este triunfo”. Reconoció que evidentemente su físico no está al ciento por ciento como antes, pero sí se le vieron los destellos técnicos por los que destacó en su mejor época, y añadió que puede aportar otras cosas. “He tenido una carrera bien larga, y trato de trasmitir toda mi energía positiva a esta generación que viene con muchos deseos.
Siempre tuvimos confianza en el equipo, pero los rivales tienen muchos jugadores en Ligas importantes y necesitamos superarnos técnicamente para seguir alcanzando éxitos.” Estos son sus cuartos Juegos Centroamericanos, pero no competía desde los de Barranquilla 2018. “A pesar de la edad y el tiempo transcurrido, no me veía con otra medalla que no fuera la de oro. Agradezco a todos lo que nos han apoyado de una forma u otra, a quienes están presentes y a los que no”, y nuevamente se le quebró la voz. Dejar brotar la emoción sin temores ni reservas es la prueba irrefutable de que la pasión no envejece, que puede incendiar el espíritu sin importar la edad y te permite celebrar con lágrimas y sonrisas el milagro de haber llegado hasta allí. ga/lp