El Niño obliga a la caficultura centroamericana a replantear su modelo de producción

El Niño obliga a la caficultura centroamericana a replantear su modelo de producción

Bloomberg Línea — La caficultura de Centroamérica enfrenta un escenario cada vez más desafiante. El aumento sostenido de las temperaturas, la irregularidad de las lluvias y la intensificación de fenómenos climáticos como El Niño están modificando las condiciones bajo las cuales se ha producido uno de los principales cultivos de exportación de la región. Para especialistas del sector, el reto ya no consiste solo en responder a una temporada seca, sino en adaptar las fincas a un nuevo patrón climático que llegó para quedarse. Las proyecciones asociadas a El Niño apuntan a meses con déficit de precipitaciones en buena parte de la vertiente del Pacífico, mayores temperaturas y un incremento del estrés hídrico en los cultivos.

Aunque estos eventos forman parte de la variabilidad natural del clima, su impacto se ha intensificado en un contexto marcado por el calentamiento global, obligando a replantear prácticas agrícolas que durante décadas fueron suficientes para sostener la productividad de los cafetales. Durante una capacitación dirigida a productores, el ingeniero agrónomo Esteban Elizondo Cabalceta, instructor del Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) de Costa Rica, sostuvo que “el cambio climático ya es un proceso que se va a seguir dando y tenemos que irnos ajustando”, al advertir que la acumulación de gases de efecto invernadero, la deforestación y la contaminación han acelerado las alteraciones del clima. Ese nuevo escenario tiene consecuencias directas sobre el café. Las temperaturas elevadas y la menor disponibilidad de agua afectan procesos fisiológicos fundamentales de la planta, desde la floración hasta el llenado del grano aromático.

Cuando las lluvias dejan de presentarse en los momentos críticos del desarrollo del cultivo, las floraciones se vuelven menos uniformes, disminuye el crecimiento vegetativo y aumenta la probabilidad de cosechar frutos más pequeños, una condición que reduce tanto el volumen de la cosecha como la calidad del café. Los efectos no se limitan al volumen de la cosecha. Las condiciones de calor favorecen la proliferación de plagas como la broca, especialmente en zonas cafetaleras de menor altitud, mientras que la variabilidad entre períodos secos y lluviosos obliga a intensificar la vigilancia sobre enfermedades como la roya. Al mismo tiempo, la falta de humedad limita la absorción de nutrientes por parte de las raíces, reduciendo la eficiencia de la fertilización y debilitando aún más las plantas.

Cómo afrontarlo El problema de la caficultura de Centroamérica y República Dominicana, que produce cerca del 11% del café exportado mundialmente, no es únicamente climático, según advirtió Elizondo. El Niño encuentra a una parte importante de los cafetales con debilidades acumuladas durante años: plantaciones envejecidas, baja incorporación de materia orgánica, escasas prácticas de conservación de suelos y sistemas productivos excesivamente expuestos a la radiación solar. Estas condiciones reducen la capacidad de las fincas para enfrentar períodos prolongados de sequía o lluvias intensas. Un cafetal con suelos degradados pierde agua con mayor rapidez, aprovecha menos los fertilizantes y presenta una menor actividad biológica, factores que terminan reflejándose en una caída de la productividad.

De acuerdo con el experto, la adaptación comienza precisamente en el suelo. La recuperación de terrazas, coberturas vegetales, barreras contra la erosión y otras prácticas de conservación permite mejorar la infiltración del agua, disminuir el lavado de nutrientes y mantener una mayor humedad durante los períodos secos. Otro de los cambios que gana importancia es la recuperación de los sistemas agroforestales. Durante décadas, parte de la caficultura avanzó hacia plantaciones con poca o ninguna sombra para incrementar la producción, pero el aumento de las temperaturas está llevando nuevamente a valorar el papel de los árboles dentro de las fincas.

La incorporación de especies de árboles leguminosos, como poró y guaba, no solo contribuye a disminuir la temperatura del cafetal y amortiguar las olas de calor, sino que también favorece la fijación de nitrógeno, incrementa la biodiversidad y aporta materia orgánica al suelo mediante la caída de hojas y ramas. A ello se suma la conservación de parches de bosque, considerados aliados para regular el microclima y fortalecer la resiliencia de los sistemas productivos. El manejo del suelo también pasa por recuperar su actividad biológica. Los microorganismos cumplen un papel determinante en la transformación de nutrientes, la formación de materia orgánica y la retención de agua, por lo que prácticas como la incorporación de compost, bioinsumos y coberturas vegetales comienzan a ganar protagonismo dentro de las estrategias de adaptación.

En paralelo, el manejo nutricional adquiere una dimensión más estratégica. El experto recomienda que los programas de fertilización se diseñen a partir de análisis de suelo, del estado de la plantación y de los pronósticos climáticos. En escenarios de mayor incertidumbre también cobra relevancia el fraccionamiento de las aplicaciones, el uso de fertilizantes de liberación lenta y, donde exista disponibilidad de agua, la implementación de sistemas de fertirriego. La renovación gradual de los cafetales también contempla la incorporación de variedades con mayor tolerancia al calor, la sequía y algunas enfermedades.

Materiales como Centroamericano, Mundo Maya, Star Maya, Millennium, Evaluna, Marsellesa o determinadas líneas de Geisha forman parte de los avances en mejoramiento genético promovidos por instituciones como el CATIE y World Coffee Research para responder a un clima cada vez más exigente. Las recomendaciones también incluyen mantener un monitoreo permanente de plagas y enfermedades, regular la sombra según las condiciones de cada zona productiva y priorizar el riego en plantaciones jóvenes durante los períodos de mayor déficit hídrico. Si bien la transición hacia sistemas más resilientes supone nuevas inversiones para los productores, el especialista sostuvo que la adaptación debe comenzar desde ahora, ya que el cambio climático seguirá modificando las condiciones de producción del café.