Irán y Omán ultiman un nuevo estatus para el estrecho de Ormuz

Irán y Omán ultiman un nuevo estatus para el estrecho de Ormuz

Por Xavier Villar Irán ha insistido en sus negociaciones con Omán en que, una vez que la nueva ruta —articulada en torno a un nuevo corredor— quede definitivamente establecida y reflejada de forma explícita en el memorando de entendimiento, las futuras negociaciones deberán abordar también los mecanismos de gestión, la seguridad y la prestación de servicios marítimos, y alcanzar acuerdos sobre ellos. Los detalles del acuerdo aún se desconocen, pero varios medios han señalado que Irán buscaría ejercer plena autoridad sobre el tráfico marítimo de entrada, supervisar el tráfico de salida y conservar la capacidad de intervenir cuando lo considere necesario. The New York Times , por su parte, informa de que los buques que entren al Golfo Pérsico transitarían por un canal bajo control iraní, mientras que los que salgan lo harían por una ruta próxima a las costas de Omán. Las autoridades iraníes presentan estas conversaciones como negociaciones sobre la gobernanza del estrecho de Ormuz en el escenario de posguerra, al tiempo que insisten en que la reapertura del estrecho seguirá siendo una cuestión independiente, supeditada al avance de las negociaciones más amplias entre Estados Unidos e Irán.

Una de las características más interesantes del estrecho de Ormuz es que Irán y Omán han mantenido una relación relativamente amistosa durante varias décadas. Por ello, la cuestión de la soberanía y las jurisdicciones superpuestas apenas ha generado tensiones importantes, salvo cuando Estados Unidos u otros de sus aliados han intentado influir o desestabilizar el equilibrio regional, como parece que está sucediendo en estos momentos. Las autoridades iraníes, por su parte, han apuntado a que el estatus político del estrecho de Ormuz ha cambiado de manera definitiva. El viceministro de Asuntos Exteriores para Asuntos Jurídicos e Internacionales, Kazem Qaribabadi, argumentó que el anterior Sistema de Separación del Tráfico Marítimo ya no era aceptable, ya que dejaba a Teherán con una capacidad de supervisión insuficiente sobre los buques comerciales que entraban y salían del Golfo Pérsico.

Posteriormente, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Esmail Baqai, reiteró el mismo principio utilizando un lenguaje diplomático más cauteloso, al explicar que Irán y Omán están negociando rutas marítimas completamente nuevas, tanto de entrada como de salida, en lugar de restaurar las antiguas rutas septentrional u occidental. Baqai subrayó que el objetivo es proteger los derechos soberanos y la seguridad nacional de ambos países, y que estas conversaciones siguen siendo independientes de la cuestión más amplia sobre la reapertura del propio estrecho. Estas declaraciones deberían desplazar el foco —de la materialidad del estrecho en sí, de su control o de la imposición de «tasas» por su uso— hacia la cuestión principal, esa que muchas veces pasa desapercibida en los análisis geopolíticos y en los informes de las aseguradoras marítimas en Londres. ¿Cuál es esa cuestión principal? Hay que recordar que la importancia del estrecho de Ormuz va mucho más allá de su valor material o económico.

Desde la perspectiva iraní, el estrecho constituye fundamentalmente un espacio de soberanía. Su importancia estratégica no reside únicamente en el volumen de los flujos energéticos globales que lo atraviesan, sino en su capacidad para representar y ejercer la soberanía iraní. La palabra «soberanía» es uno de esos términos con una genealogía clara, al menos en su formulación hegemónica. Después de la Paz de Westfalia, firmada en 1648, se estableció la supremacía del Estado-nación y, con ella, el surgimiento del concepto de soberanía en su acepción moderna-colonial.

Al mismo tiempo, la construcción soberana de fronteras constituye la savia vital de los Estados, que a su vez sirve para ir más allá de muros y termina por construir fronteras biopolíticas que sirven para distinguir al ciudadano del extranjero. Una construcción fronteriza que no se produce de manera limpia y pacífica, sino que introduce cientos de prácticas violentas, desde las más cotidianas, representadas en la burocratización, hasta las más espectaculares. Pero esa lectura hegemónica de la palabra «soberanía» no es la única posible. Existen varias tradiciones que han intentado articular una manera diferente de entenderla o que incluso la rechazan abiertamente.

Por ejemplo, la tradición radical negra es una de esas tradiciones políticas que rechaza el concepto de soberanía que nace en Europa en un momento histórico concreto. Escritores e intelectuales como James Baldwin y Toni Morrison han apuntado hacia formas alternativas de soberanía. Ejemplificadas por la tradición de la profecía negra, estas formas consisten en modos de resistencia que no pueden ser contenidos dentro de la ley, la política formal o fronteras estables como las existentes entre lo sagrado y lo secular. Este exceso imposible de contener no constituye una oportunidad para restablecer el orden, sino una llamada a su interrupción, una ruptura con el orden establecido.

El politólogo George Shulman denomina este fenómeno «contrapoder soberano». Volviendo al estrecho de Ormuz, la cuestión de la soberanía que se está articulando se puede explicar del siguiente modo: es un conflicto entre el orden regional posoccidental y el statu quo . Y en este conflicto Irán no busca sustituir una soberanía por otra, basada en las mismas reglas y los mismos principios. Busca alterar toda la región y, al hacerlo, su objetivo final es lograr una de las metas principales establecidas por la Revolución Islámica de 1979: la desoccidentalización de Asia Occidental.

Desde la perspectiva iraní, el estrecho es, ante todo, un espacio de soberanía. Su importancia estratégica no reside únicamente en el volumen de los flujos energéticos globales que lo atraviesan, sino en su capacidad para encarnar y ejercer la soberanía, una soberanía que no tiene el mismo origen que la soberanía salida de la Paz de Westfalia y que, por lo tanto, no comparte sus objetivos.