Jellyfin, una de las principales plataformas rivales de Plex, atraviesa uno de los momentos más delicados desde su nacimiento como subempresa de Emby. En apenas unos días, tres figuras muy conocidas del proyecto anunciaron su marcha, entre ellas Joshua Boniface, líder de Jellyfin desde sus inicios, además de Anthony Lavado, miembro del equipo principal, y Andrew Rabert, responsable del desarrollo de las aplicaciones de escritorio. La noticia ha hecho saltar las alarmas entre miles de usuarios que utilizan Jellyfin como servidor multimedia. No es para menos, ya que perder casi al mismo tiempo a varias de las caras más visibles del proyecto podía interpretarse como el principio del fin, pero la realidad parece ser otra.
El propio Boniface explicó los motivos de su salida en un extenso comunicado, asegurando que ya no podía dedicar al proyecto el tiempo y el esfuerzo que exigía. Además, quiso dejar claro que su papel durante los últimos años había estado mucho más ligado a la gestión, la coordinación y la visión estratégica que al desarrollo del código. Esa diferencia es importante, porque el equipo que realmente ha estado construyendo Jellyfin durante los últimos años continúa formando parte del proyecto. ¿Qué significa? Aunque la marcha del mandamás ha generado mucha incertidumbre, el propio desarrollador quiso transmitir un mensaje de tranquilidad a la comunidad.
Según explicó, Jellyfin nunca ha dependido exclusivamente de una única persona y el desarrollo técnico continúa en manos de los mismos colaboradores que han impulsado las últimas versiones. De hecho, la evolución del proyecto parece respaldar esa idea. Tras hacerse pública la dimisión, llegó Jellyfin 12.0 RC3, y pocos días después apareció también RC4, publicada el pasado 2 de agosto. Es decir, el calendario de desarrollo no se ha detenido pese al cambio de liderazgo.
Eso no significa que la situación carezca de importancia. En los proyectos de software libre, la coordinación, la organización de equipos, la resolución de conflictos o la planificación de futuras versiones son casi tan importantes como escribir código. Boniface desempeñaba precisamente ese papel. Además, Jellyfin nunca ha contado con una comunidad enorme de desarrolladores activos.
El propio proyecto reconocía hace unos años que alrededor de una treintena de colaboradores mantenían el servidor, la interfaz web y las distintas aplicaciones cliente. En un ecosistema de ese tamaño, la marcha de varias personas relevantes puede sentirse mucho más que en proyectos con cientos de desarrolladores. Aun así, el hecho de que el software siga evolucionando y que exista una estructura interna para elegir a un nuevo líder transmite cierta estabilidad. ¿Es mejor que Plex? Paradójicamente, esta crisis también ha servido para recordar uno de los mayores puntos fuertes de Jellyfin: no pertenece a ninguna empresa.
Al tratarse de un proyecto gratuito, de código abierto y mantenido por la comunidad, ningún cambio de liderazgo implica que alguien pueda vender la plataforma, cambiar radicalmente su estrategia o introducir nuevas suscripciones para acceder a funciones básicas. Es precisamente ese aspecto el que continúa convenciendo a muchos usuarios frente a Plex. Durante los últimos años, Plex ha ido trasladando algunas funciones a modelos de pago, especialmente aquellas relacionadas con el acceso remoto a bibliotecas personales. Además, el incremento del precio del Plex Pass Lifetime, que ha alcanzado cifras muy superiores a las de años anteriores, ha provocado numerosas críticas dentro de la comunidad.