El miércoles 6 de agosto de 2026 no será de grato recuerdo para el madridismo a pesar de que el Real Madrid hizo oficiales dos de las operaciones más relevantes de los últimos tiempos. El traspaso récord de Yan Diomande, el más caro de la historia del club blanco, y la renovación de Vinicius hasta 2032 tras más de un año de incertidumbre con su futuro, quedaron totalmente eclipsados por el jarro de agua fría que ha supuesto para el madridismo el no fichaje de Rodrigo Hernández y su más que probable aterrizaje en el eterno rival. El capitán de la Roja era el gran deseado por todo el madridismo y el club blanco daba por hecha desde hace semanas la llegada del mejor futbolista del pasado mundial. Rodri era el elegido para subsanar la inmensa mayoría de los problemas que viene arrastrando el Madrid en la sala de máquinas y darle al equipo un salto de calidad diferencial que le permitiera igualar fuerzas con el Barcelona en la Liga y volver a acercarse al título de Champions.
Sin embargo, en un giro muy inesperado de los acontecimientos, el Madrid no solo recibió la noticia de que Rodri no acepta su oferta sino que ha visto como su gran objetivo está muy cerca de convertirse en un refuerzo de lujo para el Barcelona. El proyecto deportivo por Hansi Flick ha decantado la balanza de la decisión de Rodrigo, que ha dejado al Madrid en una situación muy delicada en su búsqueda de un centrocampista dominante le cambie la cara equipo. No hay en el mercado futbolistas de la jerarquía, calidad, experiencia y nivel contrastados de Rodri y el club deberá improvisar una solución de emergencia para satisfacer a Mou, que pide a gritos una inversión importante en la medular. La reacción del madridismo en las redes sociales no ha sido de alegría y optimismo por el fichaje de Diomande y la renovación de Vinicius (siendo cierto que la segunda era mucho más deseada que el primero) sino de amargura y desilusión por el batacazo de ver a Rodri muy cerca del eterno rival cuando se daba por hecho que vendría al Madrid.
No hay más que ver las centenares, por no decir miles de respuestas en X de los seguidores blancos a los anuncios de Diomande y Vinicius reclamando a Rodri o criticando directamente al club por lo que consideran una mala gestión de los dirigentes. La llegada de Rodri al Santiago Bernabéu generaba una unanimidad pocas veces vista en una afición poco dada al consenso. El batacazo al ánimo colectivo madridista ha sido de los que se recuerdan y está por ver cómo responde el Bernabéu si el equipo no empieza a carburar de buenas a primeras con Mourinho a los mandos. La parroquia de Chamartín ya castigó a los jugadores varias veces el curso pasado con importantes pitadas (no se libró prácticamente ningún futbolista) y, a pesar de la importante inversión en fichajes de este verano, las reservas de paciencia están bajo mínimos tras dos años en blanco, tres entrenadores y un juego muy deficiente.
Más allá de lo puramente deportivo, en la batalla por el relato el Madrid también sale muy tocado. No es propio de la política de comunicación del club blanco anunciar el mismo día el traspaso más caro de su historia y la renovación de su gran ídolo tras meses de mucha incertidumbre, más si cabe cuando los tiempos daban margen para darle a cada operación la importancia que merece oficializándolas en días diferentes. ¿Alguien concibe que el Real Madrid de Florentino hubiese anunciado la renovación de Modric el mismo día que el fichaje de Mbappé? Es más que posible que el club blanco tomara la decisión de oficializar la ampliación del contrato de Vinicius para tapar el tremendo golpe de efecto de ver al Barcelona llevarse por sorpresa y en la cara a su gran objeto de deseo.