La mejor inversión de Yordelvis, Freddy y Víctor

La mejor inversión de Yordelvis, Freddy y Víctor

Santo Domingo, 6 ago (Prensa Latina) En los momentos de crisis es cuando más claramente se revelan las verdaderas prioridades del alma humana y emerge con fuerza una verdad inmutable: los sueños no tienen precio. Eso fue lo que pasó por la cabeza de Yordelvis Núñez, Freddy Ares y Víctor Sánchez, los integrantes del equipo cubano de katá que acaba de conseguir la medalla de plata en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo 2026. El costo de un kimono profesional Arawaza aprobado por la Federación Mundial de Kárate (WKF, siglas en inglés) ronda los 300 dólares, un monto que en medio de la crisis financiera que afronta Cuba nadie gasta en algo que no considere vital. Con el apoyo de sus familiares, estos muchachos se compraron sus kimonos, primero llegó el de Freddy, después el de Víctor y por último el de Yordelvis, blancos como el coco y con ribetes azul cielo.

Pasamos por mucho para llegar aquí, y todo ese esfuerzo de los tres es recompensado con este resultado, que nos impulsa a dar mucho más, nos dijo poco después de terminar la competencia Víctor, el mayor de los tres, aunque de solo 22 años, por 17 sus coequiperos. El y Freddy son de la central provincia cubana de Cienfuegos, mientras que Yordelvis es de La Habana. Buscamos la manera hasta de andar juntos, dice Freddy, y luego agregaron que cuando pueden los fines de semana también comparten, en este caso gracias al capitalino, porque la mayor parte del tiempo lo pasan lejos de sus familias. La economía puede dictar lo que compramos, dónde vivimos o qué comemos, pero no controla aquello que nos hace sentir vivos, y son realmente esas quimeras personales que nos arrullan en las noches y nos impulsan al amanecer, las que cifran el valor real de nuestra existencia.

Lamentablemente todavía la katá no es oficial en el programa de los venideros Juegos Panamericanos de Lima 2027, pero ellos confían en que al final se incluya, y con este resultado podrían concursar. Cuando el miedo al mañana aprieta el pecho nos aferramos a esos sueños invencibles que no se cotizan en bolsa pero que sostienen cualquier caída, y aunque invisibles a los ojos del mercado, poseen un valor eterno, y por eso no se arrepienten: “Invertimos en un karategui que nos ayudara en el resultado y se logró, ha sido la mejor inversión que podíamos hacer”. ga/lp