Bloomberg Línea — El día comienza en un pequeño apartamento ubicado en El Silencio, en el centro de Caracas, la capital venezolana. Más que un punto de encuentro, la vivienda se ha convertido en un refugio para los tres grupos de enfermeros venezolanos que han estado llegando al país desde Argentina. Sobre una mesa se organizan medicamentos, alimentos, insumos médicos y materiales que luego serán trasladados hacia La Guaira. Allí comienza una nueva jornada de una misión que nació a miles de kilómetros de distancia, pero que encontró su lugar en una de las zonas más afectadas por el doble sismo del pasado 24 de junio, cuya cifra de fallecidos asciende a 6.125 y cerca de 61.000 personas atendidas en hospitales.
Entre quienes revisan listas, coordinan tareas y preparan la salida está Patricia Riveros, una abogada venezolana con diez años de residencia en Argentina. Cuando ocurrió el terremoto, no dudó en sumarse al voluntariado de venezolanos organizado en Buenos Aires de la mano de la Asociación de Enfermeros Venezolanos en Argentina. Un mes después recibió la notificación de que viajaría a Venezuela para apoyar logísticamente a un grupo de enfermeros venezolanos que llegaría a La Guaira para acompañar la respuesta humanitaria. La iniciativa está integrada por profesionales de la salud venezolanos radicados en Argentina que decidieron viajar temporalmente al país para apoyar las labores de atención tras el desastre.
Enfermeros, fisioterapeutas, psicólogos, psiquiatras y voluntarios trabajan junto al Colegio de Enfermería de Caracas en jornadas que combinan atención primaria, rehabilitación, apoyo emocional y organización logística para coordinar el traslado de voluntarios y de las donaciones recibidas en Buenos Aires, que ya suman 25 toneladas de alimentos, medicamentos e insumos médicos. Argentina alberga una de las comunidades venezolanas más numerosas del Cono Sur. De acuerdo con cifras oficiales, más de 230.000 venezolanos tienen residencia permanente en el país y, entre ellos, alrededor de 2.200 se desempeñan como profesionales de la salud, muchos incorporados al sistema sanitario argentino tras la ola migratoria de la última década. En ese contexto nació la Asociación de Enfermeros Venezolanos en Argentina, desde donde se articuló esta misión humanitaria para regresar temporalmente a Venezuela y atender la emergencia provocada por el terremoto.
Desde hace unas tres semanas, tres grupos han llegado y salido de Venezuela como parte de esta iniciativa. En total, alrededor de 30 personas han participado en el despliegue que cubre gran parte de la zona costera más afectada por los sismos de 7,2 y 7,5. Para hacer posible los traslados, los voluntarios han recibido apoyo para cubrir los pasajes aéreos, lo que permitió que profesionales venezolanos, oriundos de Trujillo, Maracaibo, Guatire y Caracas que hoy viven fuera del país, pudieran regresar temporalmente para ayudar. La otra cara de la emergencia Riveros no pertenece al área sanitaria.
Su aporte se enfoca en acompañar a los niños y ayudar a construir espacios de contención en medio de una tragedia que no solo dejó daños físicos, sino también heridas emocionales. “Mi trabajo es organizar actividades, juegos y brindar apoyo emocional”, explica en conversación con Bloomberg Línea. Junto a su esposo, Jesús, Patricia coordina espacios recreativos para los niños de las comunidades afectadas. Mientras los enfermeros atienden pacientes y realizan evaluaciones médicas, ellos buscan que los más pequeños tengan un momento para volver a jugar. Para Patricia, esa parte del trabajo es tan importante como la atención médica. “La misión no es solamente cubrir la parte médica, que es fundamental, sino también llegar a ese inconsciente colectivo de esos niños que necesitan tanto amor y tanto apoyo”, cuenta.
Durante sus jornadas en La Guaira ha visto escenas que resumen las dos caras de la emergencia: la destrucción provocada por el terremoto y la capacidad de las comunidades para resistir. Dice que uno de los recuerdos que más la ha marcado son los niños. A pesar de las pérdidas y del impacto emocional, muchos conservan la capacidad de jugar y sonreír. “En medio de su situación no han perdido esa capacidad de querer jugar y de saber que la vida va a continuar”, relata. La emergencia después de los escombros Desde el primer día del terremoto, el personal de enfermería salió a las comunidades afectadas.
Ana Rosario Contreras, presidenta del Colegio de Enfermería del Distrito Capital, recuerda que la respuesta comenzó con acompañamiento y atención directa a quienes perdieron sus viviendas y sus pertenencias. “Desde el día uno estuvimos acompañando, estuvimos cuidando, estuvimos llevando aliento a las personas que lo perdieron todo”. En una de las áreas dispuestas en Tanaguarena, en Caraballeda, estado La Guaira, el equipo ha evaluado a más de mil personas a través de jornadas de atención primaria en salud. Pero con el paso de las semanas, las necesidades cambiaron. La emergencia dejó de estar únicamente entre los edificios colapsados y comenzó a reflejarse en la salud de los sobrevivientes.
Los equipos han encontrado enfermedades respiratorias, heridas infectadas, problemas dermatológicos, afecciones gastrointestinales y pacientes con enfermedades crónicas que quedaron sin acceso a sus tratamientos. “Tenemos que atender las enfermedades crónicas porque no es posible que una persona sobreviva a un terremoto y muera por un infarto o que muera por un accidente cerebrovascular producto de una hipertensión arterial”, advierte Contreras. La destrucción de parte de la infraestructura sanitaria y las dificultades para acceder a medicamentos agravaron la situación de pacientes con hipertensión, diabetes y otras patologías que requieren atención constante. Para Contreras, la respuesta también ha sido una muestra de solidaridad entre profesionales venezolanos dentro y fuera del país. Más de 400 enfermeras venezolanas respondieron al llamado de voluntariado, mientras profesionales que emigraron desde Argentina y otros países se sumaron a la atención. “La enfermería no tiene fronteras.
Donde hay una enfermera o un enfermero venezolano, hay un corazón palpitante y hay solidaridad”, expresa. Las heridas posteriores El terremoto dejó otra lista de pacientes. Se trata de quienes sobrevivieron, pero enfrentan ahora un largo proceso de recuperación. Bárbara Cova, kinesióloga y fisioterapeuta, forma parte del equipo de la Asociación, encargado de atender esas secuelas físicas. “Mucho amputado, sin lugar a dudas.
Mucho esguince, muchas quemaduras, lesiones producto de los mismos rescates”, explica. Entre los casos que han recibido están personas con lesiones por aplastamiento, luxaciones y heridas que requieren seguimiento después de las intervenciones iniciales. Para estos pacientes, la recuperación no termina con una cirugía. Comienza otra etapa marcada por las curaciones, la rehabilitación y la adaptación a nuevas condiciones de movilidad. “Después de la cirugía comienza otro proceso: el postoperatorio, la limpieza de heridas, las curaciones y después la rehabilitación”, señala Cova.
Ese proceso también tiene una dimensión emocional. Perder movilidad, una extremidad o parte de la autonomía implica enfrentar una nueva realidad que requiere acompañamiento integral. Sin fecha de cierre La ayuda que llegó desde Argentina no está pensada como una respuesta de pocos días. Mientras los equipos trabajan en Venezuela, en Buenos Aires continúa la recolección de medicamentos e insumos que serán enviados al país.
La misión también busca identificar dónde están las mayores necesidades para orientar los próximos cargamentos y fortalecer la atención en las comunidades afectadas. Patricia sabe que el trabajo será largo. “Esto que sucedió no es una cuestión de una semana, de un día, ni de un mes. Esto va a llevar rato y va a llevar mucho tiempo y mucho esfuerzo humano”, afirma.