La inteligencia artificial ya escribe correos electrónicos, resume documentos, resuelve problemas matemáticos, programa código e incluso ayuda a preparar una entrevista de trabajo. Su expansión ha sido tan rápida que cada vez más personas delegan en herramientas como ChatGPT, Gemini o Claude tareas que antes realizaban por sí mismas. Pero, ¿qué ocurre cuando dejamos de practicar esas habilidades? Esa es precisamente la pregunta que ha intentado responder un grupo de investigadores liderado por Trent Cash, científico del comportamiento de la Universidad de Waterloo (Canadá).
Su conclusión no es que la IA nos vuelva menos inteligentes de forma automática, pero sí advierte del riesgo de que, si dejamos que haga el trabajo mental por nosotros, nuestras habilidades pueden deteriorarse con el tiempo. Pérdida de habilidades Las conclusiones, publicadas en la revista científica Trends in Cognitive Sciences y recogidas por Science News, ponen el foco en un aspecto que empieza a preocupar a la comunidad científica: la diferencia entre utilizar la IA como profesor o utilizarla como sustituto de nuestro propio pensamiento. El mensaje de Trent Cash no deja lugar a demasiadas interpretaciones. Según explica el investigador, “la evidencia es extremadamente clara: si delegamos una habilidad concreta en la IA, probablemente no conservaremos esa habilidad especialmente bien”.
La advertencia nace del análisis de varios estudios recientes que muestran un patrón común: cuando una persona deja de practicar una capacidad porque una IA la realiza automáticamente, esa competencia acaba debilitándose. Uno de los ejemplos más llamativos procede del ámbito sanitario. Un estudio realizado en 2025 analizó a médicos especializados en detectar pólipos durante colonoscopias. Tras utilizar durante varios meses una herramienta basada en inteligencia artificial para asistirles en el diagnóstico, su capacidad para detectar pólipos sin ayuda disminuyó.
Cash resume el fenómeno con una frase muy gráfica: “Es como si hubieran olvidado qué debían buscar”. El mismo patrón aparece fuera del entorno sanitario. Investigaciones realizadas con estudiantes de secundaria mostraron que quienes utilizaban una IA para resolver ejercicios de matemáticas obtenían peores resultados cuando posteriormente tenían que enfrentarse solos a problemas similares. Algo parecido ocurrió en pruebas de comprensión lectora tipo SAT.
Los participantes que habían dependido de un asistente de IA no solo acertaban menos respuestas cuando desaparecía la ayuda, sino que además se rendían con mayor facilidad ante las preguntas difíciles, algo que los investigadores consideran especialmente preocupante porque la perseverancia es fundamental durante el aprendizaje. El problema es el uso Lejos de demonizar esta tecnología, Trent Cash insiste en que el problema no es la existencia de la inteligencia artificial, sino el papel que le damos. El investigador utiliza el concepto de mantenerse dentro del “bucle cognitivo”, es decir, seguir siendo nosotros mismos quienes analizamos, razonamos y tomamos las decisiones, usando la IA solo como apoyo. En otras palabras, pedir a ChatGPT que resuelva completamente un problema matemático probablemente aportará menos aprendizaje que pedirle que solo nos mande pistas para resolverlo por uno mismo.
No todos los estudios analizados presentan resultados negativos. De hecho, varios trabajos muestran que la inteligencia artificial puede convertirse en una excelente herramienta educativa cuando obliga al usuario a seguir pensando. El economista Alp Sungu, de la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania, diseñó junto a su equipo una IA similar a ChatGPT, pero con una diferencia importante: no ofrecía directamente las respuestas. En su lugar, daba pistas, sugerencias y pequeños empujones para que fueran los propios estudiantes quienes encontraran la solución, y los resultados fueron muy positivos. “Cuando estás resolviendo un problema, tienes que ensuciarte las manos”, explica Sungu.
Para el investigador, el aprendizaje aparece precisamente durante ese esfuerzo mental que muchas veces intentamos evitar.