Con cánticos, oraciones y una profunda expresión de fe, centenares de familias participaron este miércoles en la tradicional vela y vestida de Santo Domingo de Abajo, una celebración que se realiza en la Parroquia San Andrés de La Palanca y que este año conmemora 96 años de mantener viva una de las tradiciones religiosas más representativas de las fiestas patronales de Managua. Desde tempranas horas, promesantes, cargadores y devotos se reunieron para rendir homenaje a la imagen de Santo Domingo de Guzmán, reafirmando una tradición que ha pasado de generación en generación y que cada año reúne a familias enteras en un ambiente de fraternidad, alegría y fervor religioso. Entre los asistentes estuvo doña Blanca Elena Huerta, quien afirmó que su familia mantiene intacta la promesa y la devoción al santo. «Todos los años estamos aquí con mis hijos, que son promesantes. Seguimos con nuestras tradiciones porque Santo Domingo siempre nos ha hecho milagros.
Estamos con fe y obediencia, que es lo más primordial, y continuamos esta tradición de nuestros ancestros con mucho fervor y respeto. Ya estamos listos para mañana 7 para bajar a Managua», expresó. Santo Domingo de Abajo mantiene viva tradición en Managua Por su parte, Nelson Solórzano, coordinador del comité de cargadores, destacó la importancia histórica de esta celebración, que este año alcanza 96 años de realización. «Estamos celebrando 96 años de esta tradición. Empezó con monseñor Félix Sandino, quien trajo a esta comunidad esta bella imagen con el compromiso de llevarla cada año a la Parroquia Cristo del Rosario.
Hoy realizamos la bajada de la imagen y la vela que se extiende durante toda la noche. Lo celebramos con amor, fervor y la algarabía del pueblo», manifestó. La jornada estuvo marcada por un ambiente festivo, acompañado de música, actividades culturales y la animación de la agrupación Villa Libre; que brindó entretenimiento a las familias presentes. La tradicional vela antecede a la esperada bajada de Santo Domingo de Abajo hacia Managua, un recorrido que cada 7 de agosto congrega a miles de fieles y reafirma la identidad cultural; religiosa y popular de los capitalinos, manteniendo vigente una tradición que ha perdurado por casi un siglo.