Kaiju No. 8 triunfa por sus monstruos gigantes, pero a mí me ha enganchado porque habla del fracaso

Kaiju No. 8 triunfa por sus monstruos gigantes, pero a mí me ha enganchado porque habla del fracaso

Kafka Hibino tiene 32 años y se gana la vida limpiando restos de kaiju. De niño soñaba con entrar en la Fuerza de Defensa para combatir a esos monstruos junto a su amiga Mina Ashiro, pero suspendió el examen de acceso una vez tras otra hasta que terminó dando su sueño por perdido. Cosas que pasan. Ese es el punto de partida de Kaiju No. 8, el shonen de Naoya Matsumoto que Production I.G ha convertido en una de las adaptaciones más comentadas de los últimos años y que ahora encara su desenlace.

Y aunque la serie va sobrada de monstruos gigantescos, peleas descomunales y personajes tremendos, lo que de verdad la sostiene no es la acción o su humor, sino una idea mucho más pequeña: lo que se siente cuando crees que ya se te ha pasado el arroz. No es un adolescente descubriendo quién quiere ser: es un adulto que ya lo sabe Si comparamos esta historia con otras series populares del mismo género, lo primero que llama la atención es su protagonista. El shonen lleva décadas construyéndose sobre adolescentes: chavales de quince o dieciséis años que descubren un poder, se buscan a sí mismos y crecen a lo largo de cientos de capítulos. Eso no quiere decir que no tengamos personajes cuarentones como protagonistas de sus propios anime: acaban de estrenar Smoking Behind the Supermarket with You, y es estupenda.

También pienso en otros protagonistas maduritos, como Beryl, el maestro de espada subestimado, de From Old Country Bumpkin to Master Swordsman, en The Ossan Newbie Adventurer, o en mi querida Tojima Tanzaburo Wants to Be a Masked Rider. Animes que no son especialmente populares. Algo que no ocurre con Kaiju No. 8, que ha logrado enganchar a una gran cantidad de gente joven. Kafka tiene 32 años, una edad a la que el héroe de manga habitual ya se ha retirado o queda relegado al papel de maestro de técnicas secretas, guía espiritual, tutor cínico, o asesino resentido.

No es un crío aprendiendo quién quiere ser, descubriendo un mundo de posibilidades y eligiendo qué camino quiere seguir en la vida porque todo eso lo tiene clarísimo ya desde el primer minuto ya sabe quién es, ha visto mundo y lleva recorrido al menos la mitad de ese camino. A Kafka en concreto no le falta una meta, sino la confianza en que todavía está a tiempo de alcanzarla. Ese cambio de enfoque en la edad del protagonista reajusta el tono de toda la historia. Cuando el protagonista es un adolescente, la pregunta de fondo suele ser quién va a llegar a ser, cuál es su vestido y cómo va a superar los obstáculo que la vida (y los guionistas le ponen por delante); cuando es un hombre hecho y derecho que ya ha fracasado varias veces, la pregunta cambia a otra bastante más adulta: si de verdad puede permitirse volver a intentarlo.

Porque uno puede plantearse lo que quiere en la vida con 15, 20, 25 años… Superada la treintena, parece que más te vale tenerlo ya claro. Muy japonesa esta idea. Kafka carga con años de exámenes suspendidos, de ver a gente más joven cumplir la meta que él dejó aparcada, de asumir que quizá lo suyo era limpiar los restos y no ser el que se enfrenta a los kaijus. El trabajo duro y no la gloria. "No existe el gran día para el boxeador veterano, que dicen en Pulp Fiction.

Su compañero de trabajo más joven, el chaval de dieciocho años Reno Ichikawa, le sirve de espejo y de motivación para retomar sus sueños. Y para mí es el punto más interesante de la propuesta de Kaiju No. 8, porque lo primero que hace no es fantasear con fortuna y gloria, sino preguntarse si a su edad tiene algún sentido seguir intentándolo. Bueno, que por cosas de la vida descubra que también puede convertirse en un kaiju es en realidad el eje de la trama, pero para mí es un detalle secundario. Será que yo también tengo ya una edad y de momento, y que yo sepa, todavía no soy capaz de transformarse en nada.

Bajo de los kaiju colosales hay una historia diminuta: los sueños perdidos Aquí es donde la serie deja de hablar solo de monstruos y empieza a hablar de personas. Y en concreto, si tienes cierta edad, de ti. Porque quítale los kaiju, los trajes de combate y las explosiones, y lo que queda es una historia tremendamente reconocible: la de alguien que creía que su tren ya había pasado y descubre que todavía queda un vagón. Todos hemos tenido un sueño que en algún momento dime por imposible, por tardío o simplemente por cansancio, y lo hemos guardado en el cajón con la etiqueta de "demasiado tarde".

A lo mejor te ha pasado a ti lo mismo que a Kafka, que se resignó a dejar escapar su sueño. El caso es que a él la vida, contra todo pronóstico, le ofrece una segunda oportunidad. ¿Cuántas series de acción con monstruos gigantes recuerdas que te hagan pensar en replantearte tu vida? Lo interesante es que la serie no convierte esa idea en un sermón motivacional. Kafka no suelta discursos sobre perseguir tus sueños ni la historia se llena de reflexiones sobre la fugacidad del tiempo y los tópicos asociados al carpe diem.

Simplemente es un tipo corriente, con su edad y sus complejos, y deja que el espectador saque sus propias conclusiones mientras disfruta de la peleas contra bichos de todo tipo, que al final es el gran reclamo de Kaiju No. 8. El caso es que yo no puedo evitar simpatizar con él. Kaiju No. 8 destaca no solo por su premisa de monstruos gigantes, sino por ser una adaptación especialmente sólida. Production I.G ha trasladado el manga de Naoya Matsumoto con una animación sobresaliente, grandes escenas de acción y un ritmo que evita tanto la precipitación como el relleno innecesario. ese es otro punto interesante sobre el que quiero llamar la atención: En una industria donde muchas franquicias se alargan indefinidamente, la serie se ha convertido en una rareza.

El manga terminó en julio de 2025 y ya se trabaja en el arco final del anime, confirmado en la Jump Festa, con la intención de cerrar la historia exactamente donde su autor decidió hacerlo. Voy a confesar que Kaiju No. 8 no me llamaba especialmente la atención, hasta que me crucé, de rebote, con un clip de Kikoru Shinomiya en redes sociales, y aquello me hizo cambiar de idea. Kikoru es la joven prodigio del reparto, una combatiente excepcional que maneja un hacha enorme y eclipsa a todo el que se le pone al lado. Ver una de sus secuencias de combate basta para entender por qué se ha convertido en uno de los personajes más queridos por los fans, y por qué tiene tirón de sobra para arrastrar hacia la serie a alguien que no le hacía ni caso.

Pero me quedé por el drama vocacional de Kafka. No es la primera vez que me pasa: hace poco me ocurrió exactamente lo mismo con otro anime que llevaba años ignorando por prejuicios y que terminó devolviéndome un entusiasmo que creía perdido. Pero lo curioso es que, una vez dentro del anime, mi personaje favorito acabó siendo otro muy distinto. Con quien me quedé fue con Mina Ashiro, la capitana de la Tercera División: una mujer serena, introvertida y de una puntería devastadora, la amiga de la infancia con la que Kafka hizo aquella promesa de críos después de que un kaiju arrasara su pueblo.

Tiene mucho sentido, supongo, que uno entre por el reclamo más obvio y se quede por aquello con lo que logra empatizar más fácilmente. Si a ti también te pasa que empiezas una serie por un personaje y acabas queriendo a otro, sabrás de lo que hablo. Tienes la serie entera esperándote en Crunchyroll por si como yo, llegas tarde y todavía no la has visto. ¿Y tú qué opinas? ¿Eres fan de Kaiju No. 8, o todavía no le has dado una oportunidad? Puedes unirte al servidor de Discord de 3DJuegos y compartir tu opinión con otros fans.

En 3DJuegos | Llevamos 40 años pronunciando mal el nombre de este villano de Dragon Ball. "El maestro Toriyama me lo contó" En 3DJuegos | La película más bella de 2026 está firmada por el artista de Your Name y ha pasado totalmente desapercibida